COMENTARIO

 Is 26,7-19 

Se entabla ahora un diálogo personal con Dios en forma de oración o salmo de estilo sapiencial (vv. 7-10). No se narran a terceros las grandezas del Señor ni se alaban sus obras, sino que el profeta se dirige directamente a Él para expresar su confianza (vv. 7-8), manifestar los afectos íntimos de su corazón (v. 9a; cfr Sal 42), pedir que se manifieste su justicia (vv. 9b-10) e intervenga (v. 11), que traiga la paz (v. 12), y para celebrar en ese diálogo la fidelidad mantenida hasta el final (vv. 13-19). El v. 19 es un atisbo de esperanza en la resurrección individual, aunque aquí, igual que en 25,8, se refiere al resurgir del pueblo, como en la visión de los huesos revitalizados de Ezequiel (cfr Ez 37,1-14). La resurrección individual será reconocida plenamente en Dn 12,1-3.

Comentando el v. 10, San Bernardo se dirige a Dios: «Quiero que te irrites contra mí, Padre de las misericordias; pero con aquella ira con que corriges al extraviado, no con aquella con que le cierras la senda de la justicia» (In Cantica Canticorum 42,4).

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