COMENTARIO
La quinta lamentación continúa el argumento de la anterior. Los primeros versículos (31,1-9) se dirigen como antes a los que confiaban en el apoyo de Egipto olvidando al Señor, que es el único que puede prestarles verdadera ayuda ante los asirios. El Señor se burla de sus planes ilusos.
En cambio, la segunda pieza tiene como horizonte final la instauración del reinado de Dios y la felicidad en Sión (32,1-20). Este capítulo es un poema, de tono más bien sapiencial, con una visión profética del futuro mesiánico, que no se encuadra en el ámbito histórico de los oráculos precedentes: tanto el rey como sus colaboradores serán hombres justos (32,1-5), por medio de los cuales el Señor librará a su pueblo de los hombres taimados (32,6-8) y de las mujeres frívolas de Jerusalén (32,9-14). La efusión del «Espíritu de lo alto» (v. 15) llevará a efecto la justicia y felicidad mesiánicas (32,15-20).