COMENTARIO

 Is 33,1-24 

Este capítulo comienza con un nuevo «¡Ay!», el sexto y último. Viene a ser la conclusión de esta sección (caps. 28-33) y resume las ideas expuestas en ella. Se inicia con un discurso en el que se desarrolla el tema del «devastador devastado» (vv. 1-6), en referencia al invasor, aunque sin mencionarlo expresamente. Los lamentos de Jerusalén (vv. 7-9) serán enjugados por la intervención divina (vv. 10-16), que restaurará a Sión y hará retornar a Jerusalén a los que fueron desterrados (vv. 17-24).

La buena salud que se augura (cfr v. 24) es señal de la salvación que ha concedido el Señor a su pueblo. Aquí, como en otros lugares del Antiguo y Nuevo Testamento, se establece la relación entre salud y salvación, pecado y enfermedad. «Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: “Yo, el Señor, soy el que te sana” (Ex 15,26). El profeta entrevé que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás (cfr Is 53,11). Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad (cfr Is 33,24)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1502).

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