COMENTARIO

 Is 34,1-17 

Edom, el pueblo descendiente de Esaú, intentó cerrar el paso a los israelitas durante el éxodo de Egipto, camino de la tierra prometida (cfr Nm 20,14-21). La rivalidad entre edomitas o idumeos e israelitas se explica en la relación de Esaú con Jacob (Gn 25,19ss.) y parece haberse continuado en sus descendientes a lo largo de siglos. Los idumeos aprovecharon la destrucción de Jerusalén del 597 a.C. y la deportación de los judíos a Babilonia para ocupar la zona sur de Judá. Probablemente este capítulo hace referencia a esos acontecimientos, aunque sin perder de vista las anteriores rivalidades con los israelitas. Comienza con una convocatoria universal, de alcance cósmico (v. 1), para que todas las criaturas asistan al juicio contra Edom. La condena es severa, semejante a la contenida en Ez 35,1-15. El lenguaje es vivo y evocador: la muerte de corderos y carneros (v. 6) sugiere que la destrucción de Edom es como un holocausto en honor del Señor; los ríos de brea y azufre (v. 9) recuerdan a Sodoma y Gomorra (Gn 19,24-28). El caos y el vacío (v. 11) parecen un eco de la confusión anterior a la creación (Gn 1,2). Los animales salvajes y feroces (vv. 14-15) reflejan el desorden de la creación entera. «Lilit» (v. 14) es el nombre de un demonio de la mitología babilónica, que se representa con cabeza y cuerpo de mujer y alas y patas de ave.

La conmoción cósmica descrita en el v. 4 ha sido leída en clave escatológica por muchos Padres, referida a la segunda venida de Cristo y al juicio final: «Viene, pues, nuestro Señor Jesucristo desde los cielos; viene en la gloria al fin de este mundo, en el último día (…). En efecto, la corrupción, el robo, el adulterio y toda especie de delito se ha difundido por la tierra y se ha mezclado sangre con sangre en el mundo. Para que esta admirable demora no quede oprimida por la iniquidad, se va este mundo para que se inaugure otro mejor. ¿Queréis una demostración de esto con palabras de las Escrituras? Oíd a Isaías que dice: El cielo se enrollará como un pergamino y todas las estrellas caerán como las hojas de la vid, como caen las hojas de la higuera» (S. Cirilo de Jerusalén, Catecheses ad illuminandos 15,3).

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