34Is1Acérquense, naciones, para oír, y pueblos, presten atención.
Escuche la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuanto brota en él.
2Porque el Señor está airado con todas las naciones,
y enfurecido contra todos sus ejércitos,
los ha dado al anatema, los ha entregado al exterminio.
3Sus heridos yacerán tirados,
y de sus cadáveres subirá el hedor;
con su sangre se disolverán los montes.
4Todos los ejércitos de los cielos se descompondrán,
se enrollarán como un volumen;
todo su ejército se marchitará
como la hojarasca de la viña, como las hojas secas de la higuera.
5Porque mi espada está ebria en los cielos:
miren que baja contra Edom
y contra el pueblo que he condenado al anatema.
6La espada del Señor está ensangrentada,
cebada en grasa,
en sangre de corderos y machos cabríos,
en grasa de entrañas de carneros,
porque hay un sacrificio del Señor en Bosrá,
matanza grande en la tierra de Edom.
7Con ellos caerán búfalos,
y novillos con toros;
la tierra se empapará de su sangre,
y el polvo se impregnará de su grasa.
8Porque es el día de venganza del Señor,
año de pedir cuentas por el pleito de Sión.
9Sus ríos se volverán brea,
su polvo, azufre,
y su tierra será brea ardiente.
10No se apagará noche y día,
el humo subirá sin cesar;
quedará arrasada por generaciones y generaciones,
nadie pasará por ella nunca jamás.
11La ocuparán lechuzas y erizos,
búhos y cuervos la habitarán.
Y trazará sobre ella la línea del caos
y los mojones del vacío.
12Sus nobles no existirán más allí,
no proclamarán el reino,
y sus príncipes serán aniquilados.
13En sus palacios crecerán zarzas,
ortigas y espinos en sus castillos;
será guarida de dragones,
corral de pollos de avestruz.
14Allí se reunirán chacales y hienas,
una cabra salvaje llamará a otra;
también allí se detendrá Lilit,
encontrará lugar de reposo.
15Allí anidará la serpiente y pondrá sus huevos,
los empollará e incubará a su sombra,
allí también se congregarán los buitres,
llamándose unos a otros.
16Busquen en el libro del Señor y lean:
ninguno de ellos faltará,
ninguno será privado de su pareja,
porque la boca del Señor lo ha mandado,
y su aliento los ha reunido.
17Él mismo echó suertes sobre ellos,
su mano les hizo el reparto a cordel;
tendrán su heredad por siempre,
la habitarán de generación en generación.
35Is1¡Que el desierto y la tierra árida se alegren, que se goce la estepa y florezca como las azucenas!
2Florezca pujante y alégrese
con gozo y cánticos de júbilo.
Se le ha dado la gloria del Líbano,
la gala del Carmelo y del Sarón;
ellos verán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
3Fortalezcan las manos débiles,
y consoliden las rodillas que flaquean.
4Digan a los pusilánimes:
«¡Cobren ánimo, no teman!
Aquí está su Dios,
llega la venganza, la retribución de Dios.
Él vendrá y los salvará».
5Entonces se abrirán los ojos de los ciegos
y se destaparán los oídos de los sordos.
6Entonces el cojo saltará como un ciervo,
y la lengua del mudo gritará de júbilo,
porque manarán aguas en el desierto
y torrentes en la estepa;
7el páramo se trocará en estanque,
y el secarral en manantiales de aguas;
en las guaridas donde se refugiaban los chacales
habrá cañaverales y juncales.
8Allí habrá calzada y camino,
y será llamado Camino Santo.
Nada inmundo pasará por él,
y les resultará camino andadero,
ni los más simples se extraviarán.
9Allí no habrá leones,
ni subirán fieras,
nada de eso se encontrará allí,
y caminarán los repatriados.
10Regresarán los redimidos del Señor,
llegarán a Sión con gritos de júbilo
e infinita alegría en sus rostros,
traerán regocijo y alegría,
y desaparecerán la pena y los lamentos.
36Is1El año decimocuarto del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 2El rey de Asiria envió al jefe de los coperos desde Laquís a Jerusalén, junto con un fuerte ejército, hasta Ezequías. Ellos se detuvieron junto al acueducto de la alberca de arriba que está en el camino del campo del batanero. 3Salieron hasta ellos Eliaquim, hijo de Jilquías, mayordomo del palacio, Sebná, el escriba, y Yoaj, hijo de Asaf, el notario. 4Les dijo el jefe de los coperos:
—Comuniquen a Ezequías: «Así dice el gran rey, rey de Asiria: “¿Qué seguridad es esa en la que confías? 5¿Piensas que unas meras palabras son asesoramiento y fuerza para la guerra? ¿En quién confías ahora para rebelarte contra mí? 6¿Es que confías en el apoyo de esa caña cascada, es decir, en Egipto, que si alguno se apoya sobre ella, se le clava y le traspasa la mano? Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él”». 7Y si me respondes: «Confiamos en el Señor, nuestro Dios», ¿acaso no es aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, diciendo a Judá y a Jerusalén: «Adorarán ante este altar»? 8Ahora, pues, pásate a mi señor el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos si puedes conseguirte jinetes para ellos. 9¿Cómo vas a hacer huir a uno solo de los siervos más insignificantes de mi señor? ¿Te fías de Egipto para tener los carros y los caballos? 10¿He subido yo a este país para destruirlo al margen de la voluntad del Señor? El Señor me ha dicho: «Sube contra ese país y destrúyelo».
11Respondieron Eliaquim, Sebná y Yoaj al jefe de los coperos:
—Por favor, habla a tus siervos en arameo, pues lo entendemos. No nos hables en lengua judía ante los oídos del pueblo que está en la muralla.
12Pero el jefe de los coperos replicó:
—¿Acaso me ha enviado mi señor para tener esta conversación con tu señor y contigo? ¿No ha sido más bien con los hombres que están sentados en la muralla comiendo con ustedes sus excrementos y bebiendo sus orinas?
13Entonces el jefe de los coperos se puso en pie, gritó en lengua judía con fuerte voz y dijo:
—Escuchen las palabras del gran rey, el rey de Asiria. 14Esto ha dicho el rey: «Que no se engañe Ezequías, porque no podrá librarlos. 15Que no los haga Ezequías confiar en el Señor diciendo: “Seguro que nos librará el Señor y no entregará esta ciudad en manos del rey de Asiria”. 16No hagan caso a Ezequías porque esto ha dicho el rey de Asiria: “Hagan la paz conmigo y entréguense a mí. Entonces cada uno comerá de su parra y de su higuera, y cada uno beberá de su aljibe, 17hasta que yo llegue y los traslade a una tierra como la suya, una tierra de trigo y vino, de pan y de viñas. 18No los engañe Ezequías diciendo: ‘El Señor nos salvará’. ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado a su tierra de manos del rey de Asiria? 19¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde, los dioses de Sefarvaim? ¿Es que libraron de mi mano a Samaría? 20¿Cuáles son de entre todos los dioses de aquellos países, los que libraron de mi mano a su país, para que el Señor libre de mi mano a Jerusalén?”».
21Guardaron silencio y no le contestaron palabra alguna porque había una orden del rey mandando: «No le respondan». 22Eliaquim, hijo de Jilquías, que era el mayordomo, Sebná, el escriba, y Yoaj, hijo de Asaf, el notario, entraron con las vestiduras rasgadas adonde estaba Ezequías y le contaron las palabras del jefe de los coperos.
37Is1Cuando el rey Ezequías lo oyó, se rasgó las vestiduras, se vistió de saco y entró en el Templo del Señor. 2Luego envió a Eliaquim, que era el mayordomo, a Sebná, el escriba, y a los ancianos de entre los sacerdotes, vestidos de saco, adonde estaba Isaías, hijo de Amós, el profeta. 3Le dijeron:
—Esto ha dicho Ezequías: «Hoy es un día de angustia, de castigo y de blasfemia, pues los hijos han llegado al momento del parto y faltan fuerzas para darlos a luz. 4Quizá el Señor, tu Dios, ha oído las palabras del jefe de los coperos enviado por su señor, el rey de Asiria, para desafiar al Dios vivo, y le castigue por las palabras que ha oído el Señor, tu Dios. Eleva tu oración por el resto que queda».
5Los siervos del rey Ezequías llegaron adonde estaba Isaías, 6y éste les dijo:
—Esto comunicarán a su señor: «Así dice el Señor: “No temas por las palabras que has oído, con las que los siervos del rey de Asiria me han ofendido. 7Mira, voy a infundirle un espíritu, escuchará una noticia y volverá a su país; allí le haré morir a espada”».
8El jefe de los coperos se marchó y fue a encontrar al rey de Asiria que estaba luchando contra Libná, pues se había enterado de que éste se había retirado de Laquís, 9porque oyó decir de Tirhacá, rey de Etiopía: «Ha salido a hacer la guerra contra ti».
Segunda embajada de Senaquerib
Entonces el rey envió mensajeros a Ezequías ordenándoles: 10«Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien confías afirmando que no entregará a Jerusalén en manos del rey de Asiria. 11Ya has oído cuanto hicieron los reyes de Asiria a todos los países hasta exterminarlos, y tú, ¿te vas a salvar? 12¿Les salvaron a ellos los dioses de esas naciones que arrasaron mis padres, como Gozán, Jarán, Résef y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hená y de Ivá?”».
14Tomó Ezequías las cartas de manos de los mensajeros y las leyó. Luego subió al Templo del Señor y Ezequías las extendió ante el Señor. 15Y oró así en presencia del Señor:
16—Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines, sólo Tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. 17Señor, inclina tu oído y escucha. Abre, Señor, tus ojos y mira. Escucha las palabras que ha lanzado Senaquerib ofendiendo al Dios vivo. 18Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han desolado países y sus territorios, 19y arrojado sus dioses al fuego porque no eran dioses, sino fabricación de manos humanas, madera y piedra, y los han destruido. 20Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, y todos los reinos de la tierra sabrán que sólo Tú eres el Señor.
Oráculo de Isaías sobre Senaquerib
21Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Por cuanto me has pedido en oración respecto a Senaquerib, rey de Asiria, 22ésta es la palabra que ha pronunciado el Señor sobre él:
Te ha despreciado y te ha ridiculizado,
virgen, hija de Sión.
Con desprecio ha movido la cabeza a tus espaldas,
hija de Jerusalén.
23¿A quién has ofendido e insultado?
¿Contra quién has levantado tu voz,
y alzado altaneros tus ojos?
¡Contra el Santo de Israel!
24Por medio de tus siervos has ofendido al Señor
y has dicho: ‘Con la fuerza de mis carros
he subido a lo alto de los montes,
a la cima del Líbano;
he talado sus altos cedros
y sus mejores cipreses,
he entrado en sus recónditos rincones,
en sus tupidos bosques.
25He extraído y bebido las aguas,
y he secado con las plantas de mis pies
los canales de Egipto’.
26¿Acaso no has oído
lo que hice desde tiempos lejanos,
y preparé desde días antiguos?
Pues ahora lo realizo,
y será para destruir:
montón de ruinas serán las ciudades fortificadas.
27Sus habitantes quedarán sin fuerzas,
abatidos y confusos,
serán como herbazal silvestre,
verdor de hierba, y maleza de tejados,
como espiga seca antes de granar.
28Cuando te sentabas,
salías o entrabas, Yo lo sabía,
y también tu desafío contra mí.
29Puesto que me has desafiado
y tu soberbia ha llegado a mis oídos,
pondré mi anillo en tu nariz,
y mi freno en tus labios,
y te haré volver por el camino
por el que viniste.
30Esto te servirá de señal:
este año se comerá el grano caído,
y al año siguiente lo que brote por sí mismo,
pero al tercer año sembrarán y cosecharán,
plantarán viñas y comerán sus frutos.
31El resto de la casa de Judá que quede a salvo
volverá a echar raíces por abajo
y dará frutos por arriba,
32pues de Jerusalén saldrá un resto
y un grupo superviviente de la montaña de Sión.
El celo del Señor de los ejércitos lo hará.
33Por eso así dice el Señor sobre el rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad,
ni lanzará una flecha contra ella,
no permanecerá ante ella con escudo,
ni amontonará terraplén en su contra.
34Por el mismo camino que ha venido se marchará,
y no entrará en esta ciudad —oráculo del Señor—.
35Protegeré a esta ciudad y la salvaré,
por Mí y por mi siervo David”».
Muerte de Senaquerib
36Salió el ángel del Señor e hirió a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios. Cuando se levantaron por la mañana, vieron que todos aquellos eran cadáveres. 37Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento y se marchó de vuelta a su tierra; después permaneció en Nínive. 38Estaba adorando en el templo de Nisroc, su dios, cuando sus hijos Adramélec y Saréser le mataron a espada y huyeron al país de Ararat. En su lugar reinó su hijo Asarhadón.
38Is1En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Se acercó hasta él Isaías, hijo de Amós, el profeta, y le dijo:
—Esto dice el Señor: «Ordena lo referente a tu casa porque vas a morir y no vivirás más».
2Entonces Ezequías volvió su rostro contra la pared y oró al Señor 3diciendo:
—Ay, Señor, recuerda que he caminado en tu presencia con fidelidad y sincero corazón, y he hecho lo que es agradable a tus ojos.
Luego Ezequías rompió en un gran llanto.
4Y el Señor habló a Isaías diciendo:
5—Anda y di a Ezequías: «Esto dice el Señor, Dios de tu padre David: “He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas, y voy a añadir a tu vida quince años. 6Te salvaré a ti y a esta ciudad de manos del rey de Asiria. Protegeré a esta ciudad. 7Ésta será para ti la señal de parte del Señor, la señal de que el Señor cumplirá la palabra que ha pronunciado: 8mira, haré que la sombra retroceda los escalones que ha bajado en la escalinata de Ajaz proyectada por el sol, diez escalones”».
Y el sol retrocedió los diez escalones que había bajado en la escalinata.
9Poema de Ezequías, rey de Judá, cuando estuvo enfermo y sanó de su enfermedad:
10«Yo pensaba: “A mitad de mis días
camino hacia las puertas del sheol,
soy privado del resto de mis años”.
11Yo pensaba: “Ya no veré al Señor
en el país de los vivos.
No miraré más a los hombres
entre los que habitan en el mundo”.
12Mi tienda ha sido levantada y alejada de mí
como tienda de pastores.
Como un tejedor ha devanado mi vida,
me ha cortado de la urdimbre.
Del día a la noche me terminas.
13Estaba yo en vigilia hasta la mañana.
Como un león quebranta todos mis huesos,
del día a la noche habrás acabado conmigo.
14Estoy piando como un polluelo de golondrina,
sollozo como una paloma.
Mis ojos se consumen
de mirar a lo alto.
¡Señor, estoy oprimido,
sal fiador de mí!
15¿Qué le hablaré? ¿Qué me dirá?
Pues es Él quien lo ha hecho.
Me arrastraré todos mis años,
en la amargura de mi alma.
16Señor, mi corazón espera en Ti;
que viva mi espíritu,
sáname y hazme vivir.
17Pero mi amargura se ha cambiado en paz,
porque Tú has librado mi vida
de la fosa de la corrupción,
pues echaste a tu espalda
todos mis pecados.
18Porque el sheol no te alaba,
ni la muerte te celebra,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
19Los vivos, los vivos son los que te alaban,
como yo hoy.
El padre dará a conocer a los hijos tu fidelidad.
20¡Señor, sálvame!,
y cantaremos al son de instrumentos
en el Templo del Señor
todos los días de nuestra vida».
21Isaías ordenó:
—Traigan una torta de higos.
La aplicaron sobre la úlcera y quedó sano.
22Ezequías preguntó:
—¿Cuál será la señal de que vaya a subir al Templo del Señor?
39Is1En aquel tiempo Merodac–Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías porque se enteró de que éste había estado enfermo y se había curado. 2Ezequías se alegró por ello y mostró a los emisarios el salón del tesoro, la plata y el oro, los bálsamos, el aceite aromático, el salón de las armas y cuanto había en sus tesoros. No hubo nada que no les mostrara Ezequías en su palacio y en todos sus dominios.
3Entonces vino el profeta Isaías al rey Ezequías y le preguntó:
—¿Qué han dicho estos hombres, y de dónde han venido hasta ti?
Ezequías respondió:
—Han venido a mí de un país lejano, de Babilonia.
4Le preguntó:
—¿Qué han visto en tu casa?
Ezequías contestó:
—Han visto todo lo que hay en mi casa. No hay nada en mis tesoros que no les haya mostrado.
5Dijo entonces Isaías a Ezequías:
—Escucha la palabra del Señor de los ejércitos: 6«He aquí que llegan días en que todo lo que hay en tu casa y cuanto atesoraron tus padres será llevado a Babilonia sin que quede nada. Lo ha dicho el Señor. 7Tomarán a tus hijos, que proceden de ti y que tú engendraste, y los convertirán en eunucos del palacio del rey de Babilonia».
8Contestó Ezequías a Isaías:
—Buena es la palabra del Señor que has pronunciado.
Y añadió:
—Al menos habrá paz y seguridad en mis días.
40Is1Consuelen, consuelen a mi pueblo, —dice su Dios—.
2Hablen al corazón de Jerusalén
y grítenle
que se ha cumplido su servidumbre,
y ha sido expiada su culpa;
que ha recibido de la mano del Señor
el doble por todos sus pecados.
3Una voz grita: «En el desierto preparen el camino del Señor,
en la estepa hagan una calzada recta para nuestro Dios.
4Todo valle será rellenado,
y todo monte y colina allanados;
lo torcido será recto,
y lo escarpado, llano.
5Entonces se revelará la gloria del Señor,
y toda carne a una la verá,
pues ha hablado la boca del Señor».
6Una voz dice: «¡Grita!».
Yo dije: «¿Qué voy a gritar?».
Toda carne es hierba,
y toda su gloria como flor silvestre.
7Se agosta la hierba, se marchita la flor
cuando el viento del Señor sopla sobre ellas.
En verdad, el pueblo es hierba.
8Se agosta la hierba y se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
9Súbete a un monte bien alto,
tú, la que traes buenas noticias a Sión;
alza con fuerza tu voz,
la que traes buenas noticias a Jerusalén;
grita sin temor.
Di a las ciudades de Judá:
«Aquí está su Dios».
10Miren, el Señor Dios viene con poder,
y su brazo le somete todo.
Miren que trae su recompensa,
y su premio va por delante.
11Apacienta su rebaño como un pastor,
lo congrega con su brazo,
lleva los corderillos en su regazo,
y conduce con cuidado a las que están criando.
12¿Quién midió las aguas con el cuenco de su mano
y calculó las proporciones de los cielos con su palmo,
encerró todo el polvo de la tierra con un celemín,
y pesó las montañas en la báscula
y las colinas en la balanza?
13¿Quién trazó planes al Espíritu del Señor,
y qué hombre fue su consejero?
14¿A quién pidió consejo para discernir,
para que le enseñara el sendero de la justicia,
lo instruyese en la ciencia
y le mostrase el camino del discernimiento?
15Las naciones son como gota en un barreño,
pesan como las motas de polvo en los platillos de la balanza;
las islas pesan lo que un granito de polvo.
16No basta el Líbano para hacer fuego,
ni sus animales para el holocausto.
17Ante Él, todas las naciones son nada,
como nada y vacío cuentan para Él.
18¿Con quién podrán comparar a Dios,
y con qué imagen podrán parangonarle?
19¿Con la estatua que funde el artista,
el orfebre recubre de oro,
y el platero de láminas de plata?
20¿Con el que, pobre para la ofrenda, escogió un árbol que no se pudriese,
y buscó a un hábil artista
para que le preparase una estatua
que no se tambalease?
21¿Es que no lo saben? ¿Es que no lo han oído?
¿Acaso no les fue anunciado desde el principio?
¿No han pensado en los fundamentos de la tierra?
22Él se sienta sobre el disco de la tierra,
y sus habitantes son como saltamontes.
Él extiende los cielos como un toldo,
y los despliega como una tienda para morar.
23Él reduce los príncipes a la nada,
anula a los gobernantes de la tierra.
24Apenas plantados, apenas sembrados,
apenas arraiga en la tierra su cepa,
cuando sopla sobre ellos y se secan,
y un vendaval los avienta como paja.
25«¿A quién me asemejarán
y me igualarán?»
—dice el Santo—.
26Alcen los ojos a lo alto y miren:
¿quién creó esas cosas?
El que hace salir por orden sus ejércitos,
y a cada uno llama por su nombre;
tan grande es su poder y tanta su fuerza,
que ninguno falta.
27¿Por qué dices tú, Jacob,
y hablas tú, Israel:
«Mi camino está oculto al Señor,
a mi Dios no le importa mi derecho»?
28¿Es que no lo sabes? ¿O no lo has oído?
El Señor es el Dios eterno,
el creador de los confines de la tierra,
que no se cansa ni se fatiga;
su discernimiento es insondable.
29Él da fuerzas al cansado,
y robustece al que no tiene vigor.
30Se cansan los muchachos y se fatigan,
los jóvenes desfallecen y caen,
31pero los que esperan en el Señor
renuevan su fuerza,
echan alas como las águilas,
corren y no se fatigan,
caminan y no se cansan.
41Is1¡Guárdenme silencio, islas! ¡Cobren nueva fuerza los pueblos!
¡Acérquense y entonces hablen!
¡Acudamos juntos a juicio!
2¿Quién ha suscitado de oriente
al que la justicia llama a su paso,
le entrega las naciones
y le somete los reyes?
Su espada los convierte en polvo,
su arco, en paja que revolotea.
3Los persigue y pasa en paz
por caminos donde sus pies no habían marchado.
4¿Quién ha obrado esto, quién lo ha hecho?
¿Quién llama desde el principio a las generaciones?
Yo, el Señor, que soy el primero,
Yo, que estaré con los últimos.
5Lo han visto las islas y temen,
tiemblan los extremos de la tierra,
se acercan y vienen.
6Cada uno ayuda a su prójimo
y dice a su hermano: «¡Ánimo!».
7El artista anima al orfebre,
el que esculpe a martillo al que golpea el yunque,
diciendo de la soldadura: «Ya está bien».
Y la refuerza con clavos para que no se mueva.
8Pero tú, Israel, mi siervo,
Jacob, a quien elegí,
estirpe de Abrahán, mi amigo,
9tú, a quien tomé de los extremos de la tierra
y te llamé de los confines más remotos,
a ti te digo:
«Tú eres mi siervo;
te he elegido y no te he rechazado».
10No temas, que Yo estoy contigo,
no desmayes, que Yo soy tu Dios.
Te daré fuerzas, te socorreré,
te sostendré con mi diestra victoriosa.
11Mira: quedarán avergonzados y abochornados
los que se enfurecen contra ti;
serán reducidos a la nada,
perecerán quienes pleitean contigo.
12Los buscarás, pero no encontrarás
a quienes peleaban contra ti;
serán aniquilados, reducidos a la nada,
los hombres que te hacían la guerra.
13Porque Yo soy el Señor, tu Dios,
que sostengo tu diestra,
y te digo: «No temas,
Yo te ayudaré.
14No temas, gusano de Jacob,
los débiles de Israel,
Yo te ayudaré» —oráculo de tu Señor
y Redentor, el Santo de Israel—.
15Mira: te he puesto como trillo cortante, nuevo,
con muchos dientes;
triturarás y desmenuzarás los montes,
reducirás a polvo las colinas.
16Los aventarás, el viento se los llevará,
y el vendaval los dispersará.
Pero tú te regocijarás en el Señor,
te enorgullecerás en el Santo de Israel.
17A los indigentes y pobres que buscan agua sin encontrarla,
cuya lengua se reseca de sed,
Yo, el Señor, los atenderé,
Yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
18Abriré ríos en las dunas,
fuentes en medio de las vegas;
convertiré el desierto en estanques de agua,
y la estepa en manantiales de agua.
19Plantaré cedros en el desierto,
acacias, arrayanes y olivos.
Pondré cipreses en la estepa,
junto con olmos y alerces,
20para que miren y sepan,
estimen y aprendan de una vez
que la mano del Señor hizo esto
y el Santo de Israel lo creó.
21Presenten su causa, dice el Señor,
aduzcan sus pruebas, dice el Rey de Jacob.
22Que se acerquen y nos anuncien las cosas que han de suceder:
expongan lo que ha pasado
para que recapacitemos y sepamos su desenlace,
e infórmennos del futuro;
23anuncien lo que vendrá en el futuro,
para que conozcamos que son dioses.
En suma, hagan algo, bueno o malo,
para que lo veamos y nos admiremos.
24Fíjense que ustedes no son nada,
su obrar, una nulidad.
Quien los elige es abominable.
25Lo he suscitado desde el norte
y ha venido desde la salida del sol;
invocará mi Nombre,
y pisoteará a gobernantes como a barro,
como alfarero que aplasta la arcilla.
26¿Quién lo anunció de antemano para que lo supiésemos,
por adelantado para que dijésemos: «¡Tiene razón!»?
No ha habido heraldo, no ha habido pregonero,
ni quien oyera su mensaje.
27Fui el primero en anunciar a Sión:
«¡Ahí, ahí están!»,
y enviar a Jerusalén un mensajero de buenas noticias.
28Miré, pero no había nadie;
entre ellos no había consejero
al que si le preguntase
me diera respuesta.
29Vean que todos ellos son vanidad,
sus obras, una nulidad,
aire y vacío,
sus ídolos.
42Is1Mira a mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma.
He puesto mi Espíritu sobre él:
llevará el derecho a las naciones.
2No gritará, ni chillará,
no hará oír su voz en la calle.
3No quebrará la caña cascada,
ni apagará el pabilo vacilante.
Dictará sentencia según la verdad.
4No desfallecerá ni se doblará
hasta que establezca el derecho en la tierra.
Las islas esperarán su ley.
5Así dice el Señor Dios,
el que creó los cielos y los desplegó,
el que asentó la tierra y cuanto surge en ella,
el que da el aliento al pueblo que la habita
y el hálito a quienes andan por ella:
6«Yo, el Señor, te he llamado en justicia,
te he tomado de la mano,
te he guardado y te he destinado
para alianza del pueblo,
para luz de las naciones,
7para abrir los ojos de los ciegos,
para sacar de la prisión a los cautivos
y del calabozo a los que yacen en tinieblas.
8Yo soy el Señor: éste es mi Nombre.
No daré mi gloria a otro, ni mi alabanza a los ídolos.
9Las cosas pasadas ya se han ido,
y ahora anuncio las nuevas,
antes de que despunten se las hago oír».
10Canten al Señor un cántico nuevo,
que lo alaben desde los confines de la tierra,
cuantos se sumergen en el mar y cuantos lo llenan,
las islas y sus habitantes.
11Que se alegren el desierto y sus ciudades,
los poblados donde habita Quedar.
Que aclamen los habitantes de Sela,
y griten de gozo desde las cumbres de los montes.
12Que glorifiquen al Señor,
y anuncien su alabanza en las islas.
13El Señor sale como un héroe,
como un guerrero enciende su ardor,
profiere gritos y alaridos,
prevalece sobre sus enemigos.
14«Por mucho tiempo he callado, he guardado silencio, me he contenido.
Ahora chillaré como parturienta,
resoplaré y jadearé a la vez.
15Asolaré montes y colinas,
secaré todo su verdor;
convertiré los ríos en estepas,
desecaré los lagos.
16Guiaré a los ciegos por caminos que ignoran,
los haré caminar por senderos desconocidos;
ante ellos cambiaré las tinieblas en luz,
y lo torcido en recto.
Estas cosas les haré
y no los abandonaré».
17Retrocederán, se cubrirán de vergüenza
quienes confían en los ídolos,
quienes dicen a las estatuas fundidas:
«Ustedes son nuestros dioses».
18¡Sordos, escuchen!
¡Ciegos, miren bien para ver!
19¿Quién es tan ciego como mi siervo
y tan sordo como el mensajero que envío?
¿Quien es tan ciego como el favorecido,
tan ciego como el siervo del Señor?
20Muchas cosas has visto, pero no las retienes,
has abierto los oídos, pero no escuchas.
21El Señor quiso, a causa de su justicia,
engrandecer y honrar la Ley.
22Pero éste es un pueblo saqueado, expoliado,
todos ellos atrapados en los hoyos,
y escondidos en los calabozos.
Se han convertido en botín, y no hay quien los libre,
en expolio, y no hay quien diga: «¡Devuélvelo!».
23¿Quién de ustedes prestará oído a estas cosas,
estará atento y escuchará el porvenir?
24¿Quién entregó a Jacob al expolio
e Israel a los saqueadores?
¿No es el Señor, contra el que habíamos pecado,
por cuyos caminos no quisieron marchar
ni escuchar su Ley?
25Así, ha derramado sobre él
el ardor de su ira y el rigor de la guerra;
y lo abrasó en derredor, pero no ha entendido,
le prendió fuego, pero no ha hecho caso.
43Is1Ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
«No temas, que te he redimido
y te he llamado por tu nombre:
tú eres mío.
2Si atravesaras por aguas, estaría contigo;
si por ríos, no te anegarían.
Si caminaras por el fuego, no te quemaría,
ni te abrasarían las llamas,
3porque Yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu Salvador.
Puse a Egipto por rescate tuyo,
a Etiopía y a Sebá a cambio de ti.
4Puesto que eres precioso a mis ojos
y te he honrado, y Yo te amo,
entregaré a hombres por ti,
pueblos, a cambio de tu vida.
5No temas, que Yo estoy contigo:
de oriente haré venir tu estirpe,
y de occidente te congregaré.
6Diré al septentrión: “¡Dámelos!”
Y al mediodía: “¡No los retengas!
Tráiganme a mis hijos desde lejos
y a mis hijas desde los confines de la tierra,
7a cuantos llevan mi Nombre,
a cuantos para mi gloria creé,
formé e hice”.
8Haz salir al pueblo que está ciego, aunque tiene ojos,
y a los sordos, aunque tienen oídos.
9Que se reúnan a la vez todas las naciones,
que se junten los pueblos:
¿quién de ellos anunciará estas cosas,
y nos hará entender las pasadas?
Que presenten sus testigos para justificarse,
que escuchen y confiesen: “¡Es la verdad!”.
10Ustedes son mis testigos
—oráculo del Señor—,
y mi siervo, a quien he elegido,
para que me reconozcan y crean en mí,
y entiendan que Yo soy.
Antes de mí, ningún dios fue formado,
ni existirá después de mí.
11Yo, Yo soy el Señor,
y fuera de mí no hay Salvador.
12Yo mismo lo anuncié, Yo salvé,
y lo hice oír, y no había entre ustedes ningún otro.
Ustedes son mis testigos —oráculo del Señor—:
Yo soy Dios.
13Desde siempre, Yo soy.
No hay quien escape de mi mano.
Lo que Yo hago, ¿quién va a cambiarlo?».
14Así dice el Señor, su Redentor,
el Santo de Israel:
«Por ustedes envío gentes contra Babilonia;
haré caer a todos como fugitivos
y a los caldeos ufanos en sus naves.
15Yo soy el Señor, su Santo,
el creador de Israel, su Rey».
16Así dice el Señor,
que abrió camino en el mar
y sendero en las aguas impetuosas;
17que hizo salir a carros y caballos,
ejércitos y héroes:
todos cayeron a una, no se levantarán;
se extinguieron, se apagaron como un pabilo.
18«No recordarán las cosas pasadas,
ni pensarán en las cosas antiguas.
19Miren que voy a hacer cosas nuevas;
ya despuntan, ¿no se dan cuenta?
Voy a abrir camino en el desierto,
y ríos en la estepa.
20Me glorificarán las bestias del campo,
los chacales y los avestruces,
porque he puesto agua en el desierto
y ríos en la estepa
para dar de beber a mi pueblo elegido.
21El pueblo que formé para mí
proclamará mi alabanza.
22Pero tú, Jacob, no me invocaste,
pues sentiste tedio de Mí, Israel.
23No me ofreciste los corderos de tus holocaustos,
ni me glorificaste con tus sacrificios.
Yo no te afligí por las oblaciones,
ni te agobié por el incienso.
24No me tuviste que comprar canela a precio de plata,
ni que saciarme con la grasa de tus sacrificios.
Pero me afligiste con tus pecados,
me agobiaste con tus culpas.
25Yo, Yo soy quien borra tus delitos por Mí mismo,
y no recordaré tus pecados.
26Hazme recordar, vayamos juntos a juicio.
Declara tú para justificarte.
27Tu primer padre pecó,
y tus mediadores prevaricaron contra Mí.
28Profané a los príncipes del Santuario,
entregué al anatema a Jacob,
y a Israel al oprobio».
44Is1Ahora escucha, Jacob, siervo mío, e Israel, a quien elegí.
2Así dice el Señor, tu Hacedor,
el que te formó desde el vientre materno,
y te auxilia:
«No temas, siervo mío Jacob,
Yesurún, a quien elegí.
3Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta,
y torrentes sobre el suelo seco;
infundiré mi Espíritu sobre tu descendencia,
y mi bendición sobre tu prole,
4y brotará como entre la hierba,
como sauces junto a corrientes de agua.
5Éste dirá: “Yo soy del Señor”;
ése se llamará con el nombre de Jacob,
aquél escribirá en su mano: “Del Señor”,
y tomará su alcurnia del nombre de Israel».
6Así dice el Señor, Rey de Israel,
y su Redentor, el Señor de los ejércitos:
«Yo soy el primero y Yo soy el último,
fuera de mí no hay Dios.
7¿Quién hay como Yo?
Que tome la palabra, lo explique, y me lo pruebe.
¿Quién hizo oír desde antaño las señales,
y anunció lo que había de venir?
8¡No teman ni tiemblen!
¿Es que no te lo hice oír y anuncié desde antiguo?
Ustedes son mis testigos:
¿hay acaso un dios fuera de mí?
¡No hay una Roca, no la conozco!».
9Los que fabrican ídolos no son nada, sus preciadas obras no sirven de nada. Sus propios testigos no ven nada ni saben nada, por eso quedan avergonzados. 10¿Quién fabrica un dios y funde un ídolo sin buscar un lucro? 11Todos sus adeptos están avergonzados, pues sus artífices son meros hombres. Que todos ellos se reúnan, que se presenten: temblarán juntos y serán avergonzados.
12El herrero fabrica un hacha en la fragua, la modela con el martillo y la trabaja a fuerza de brazos. Llega a pasar hambre y quedarse sin fuerzas. No bebe agua y se fatiga.
13El que talla la madera mide con la cuerda, diseña con el buril, lo labra con las gubias, lo perfecciona con el compás, le da forma de hombre, como si fuera una persona noble para morar en una casa. 14Para ello va a cortar cedros, escoge un roble o una encina entre los árboles del bosque; o planta un cedro, que la lluvia hace crecer 15y luego sirve de leña a los hombres y uno toma de ella para calentarse, también para encender fuego y cocer pan, lo mismo que para fabricar un dios y hacer un ídolo, postrarse ante él y adorarlo. 16Con una parte enciende fuego, y sobre las brasas asa carne, y come la carne asada hasta saciarse. También se calienta y exclama: «¡Qué bien! Me caliento mientras miro la lumbre». 17Con el resto se hace un dios, su ídolo al que adora, se postra, y le reza diciéndole: «¡Sálvame, porque tú eres mi dios!».
18No saben ni comprenden, pues sus ojos están cegados para que no vean, ni su corazón entienda. 19No reflexionan, ni se dan cuenta, ni disciernen para pensar: «Con una parte he encendido fuego. También sobre sus brasas he cocido pan. He asado carne y la he comido. Con el resto voy a hacer una abominación, voy a adorar un trozo de madera». 20Al que se alimenta de ceniza, un corazón engañado lo seduce. No librará su vida ni podrá pensar: «¿No habrá acaso engaño en mi diestra?».
21Recuerda estas cosas, Jacob,
y tú, Israel, que eres mi siervo.
Yo te formé: tú eres mi siervo,
Israel, no te olvides de Mí.
22Disipé tus iniquidades como una nube,
tus pecados, como la bruma.
Retorna a Mí,
que te he redimido.
23Griten de júbilo, cielos, porque actuó el Señor.
Bramen de alegría, profundidades de la tierra.
Montañas, rompan a cantar de gozo,
bosques y todos sus árboles,
porque el Señor redimió a Jacob,
y se gloría en Israel.
24Así habla el Señor, tu Redentor, el que te formó desde el seno materno:
«Yo soy el Señor, Hacedor de todas las cosas.
Yo solo desplegué los cielos,
afiancé la tierra: ¿quién había conmigo?
25Anulo los presagios de los agoreros,
y vuelvo necios a los hechiceros;
echo atrás a los sabios
y convierto su sabiduría en necedad.
26Soy quien suscita la palabra de sus siervos,
y cumple los designios de sus mensajeros;
quien dice a Jerusalén: “Serás habitada”,
y a las ciudades de Judá: “Serán reedificadas”,
y levantaré sus ruinas;
27quien manda al océano: “Desécate,
secaré tus corrientes”;
28quien dice a Ciro: “Es mi pastor,
él cumplirá toda mi voluntad”;
quien dice a Jerusalén: “Serás reedificada”,
y al Templo: “De nuevo serás fundado”».
45Is1Así dice el Señor a su ungido, a Ciro, a quien he tomado por su diestra,
para someter ante él las naciones
y desatar las cinturas de los reyes,
para abrir ante él las puertas,
y que no se cierren las puertas de las ciudades.
2«Yo iré delante de ti,
y allanaré los terrenos abruptos;
romperé los portones de bronce,
y partiré los cerrojos de hierro.
3Te daré tesoros ocultos
y riquezas secretas,
para que sepas que Yo soy el Señor,
el que te he llamado por tu nombre, el Dios de Israel.
4En favor de mi siervo Jacob
y de Israel, mi elegido,
te he llamado por tu nombre,
te he dado una alcurnia, aunque tú no me conozcas.
5Yo soy el Señor, y no hay ningún otro,
fuera de mí no hay dios.
Yo te he ceñido, aunque tú no me conozcas,
6para que sepan, desde la salida del sol hasta el ocaso,
que no hay otro fuera de mí:
Yo soy el Señor, y no hay ningún otro,
7el que produce la luz y crea las tinieblas,
el que hace la paz y crea la desdicha.
Yo, el Señor, hago todas estas cosas.
8Destilen, cielos, el rocío de lo alto,
derramen, nubes, la justicia,
que se abra la tierra
y germine la salvación,
y que, a la vez, brote la justicia.
Yo, el Señor, lo he creado».
9¡Ay de quien discute con su alfarero,
siendo vasija de barro!
¿Acaso le dice el barro a su alfarero: «¿Qué haces?»,
o bien: «Tu obra no tiene manos»?
10¡Ay de quien le dice a un padre: «¿Por qué engendras?»,
o a una mujer: «¿Por qué das a luz?»!
11Así dice el Señor,
el Santo de Israel, su Hacedor:
«¿Me van a pedir cuenta acerca de mis hijos,
y a darme órdenes sobre la obra de mis manos?
12Soy Yo quien ha hecho la tierra
y he creado al hombre sobre ella.
Mis propias manos extendieron los cielos,
y doy las órdenes a todos los ejércitos.
13Soy Yo quien lo ha hecho despertar a la justicia
y he dirigido todos sus caminos.
Él reedificará mi ciudad,
y libertará a mis deportados,
sin previo pago ni soborno»
—dice el Señor de los ejércitos—.
14Así dice el Señor:
«Los productos de Egipto, el comercio de Etiopía,
y los sabeos, hombres de gran talla,
pasarán a ti y serán tuyos;
caminarán tras de ti,
marcharán encadenados,
se postrarán ante ti y te dirán suplicando:
“Sólo en ti está Dios,
y no hay más, ningún otro dios”».
15Verdaderamente Tú eres el Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
16Avergonzados y abochornados están todos ellos,
juntos caminan con su oprobio los fabricantes de ídolos.
17Israel ha sido salvado por el Señor con salvación eterna.
No serán avergonzados ni abochornados
por los siglos de los siglos.
18Porque así dice el Señor,
el creador de los cielos, el mismo Dios,
el que formó la tierra y la hizo, el que la afianzó
—no la creó para estar vacía,
la formó para ser habitada—:
«Yo soy el Señor, y no hay otro.
19No he hablado en secreto
en un lugar tenebroso de la tierra;
ni dije a la estirpe de Jacob:
“Búsquenme en el vacío”.
Yo, el Señor, digo lo que es justo,
anuncio las cosas rectas.
20Reúnanse y vengan, acérquense juntos,
los supervivientes de las naciones.
Nada saben los que llevan sus efigies de madera,
y rezan a un dios que no salva.
21Declaren, presenten su causa, tomen juntos sus decisiones.
¿Quién hizo oír estas cosas desde el principio,
las anunció desde antiguo?
¿No fui acaso Yo, el Señor?
Pues no hay otro dios fuera de Mí,
no existe un dios justo y salvador excepto Yo.
22Vuélvanse a Mí y serán salvos,
confines todos de la tierra.
Pues Yo soy Dios y nadie más.
23Lo juré por Mí mismo,
de mi boca salió la justicia,
la palabra que no será revocada.
Ante Mí se doblará toda rodilla,
y jurará toda lengua».
24«Sólo en el Señor —dirán—
están la justicia y la fuerza».
Vendrán hasta Él, llenos de vergüenza,
todos los que se irritaron contra Él.
25En el Señor será justificada y glorificada
toda la estirpe de Israel.
46Is1Se ha postrado Bel, se ha doblegado Nebó:
sus ídolos son llevados por animales y bestias
de carga.
Las estatuas que portan son fardos,
peso para las bestias cansadas.
2Se doblegan y postran juntos,
no pueden salvar la carga,
ellos mismos caminan al cautiverio.
3Escúchenme, casa de Jacob
y todos los restos de la casa de Israel,
que fueron portados desde el vientre,
llevados desde el seno materno.
4Hasta su vejez Yo seré el mismo,
hasta la canicie Yo los soportaré:
Yo los hice y Yo los llevaré,
Yo los llevaré y salvaré.
5¿Con quién me asimilarán e igualarán
o compararán, que nos parezcamos?
6Ellos sacan oro de la bolsa,
pesan plata en la balanza,
contratan a un orfebre para que fabrique un dios,
lo adoran y hasta se postran.
7Lo cargan a hombros, lo transportan
lo instalan en su sitio;
pero él se está quieto, no se mueve de su sitio,
y, aunque uno le grite, no contesta,
ni lo librará de su tribulación.
8Acuérdense de esto y medítenlo,
grábenlo bien en el corazón, pecadores.
9Recuerden las cosas pasadas,
que Yo soy Dios
y no hay ninguno más
ni hay otro semejante a Mí.
10Desde el principio Yo anuncio el final,
y desde el comienzo, lo que aún no ha sucedido.
Yo digo: «Mi designio se cumplirá,
y realizo cuanto me propongo».
11Yo llamo del oriente al ave rapaz,
y de un país remoto al hombre que designo.
Como lo he dicho, así haré que llegue,
como lo he planeado, así lo haré.
12Escúchenme, los duros de corazón,
que están lejos de la justicia.
13Mi justicia está cerca, no se alejará,
mi salvación no se demorará,
daré la salvación en Sión,
y mi gloria a Israel.
47Is1¡Baja y siéntate en el polvo,
virgen, hija de Babilonia!
Siéntate en el suelo, sin trono, hija de los caldeos,
que ya no te volverán a llamar
«Delicada y Voluptuosa».
2Toma la muela y muele la harina,
quítate el velo,
súbete la falda, descúbrete las pantorrillas
y pasa los ríos.
3Que aparezca tu desnudez,
que se vean tus vergüenzas.
Yo tomaré venganza
y no perdonaré a nadie.
4Nuestro Redentor se llama el Señor de los ejércitos,
el Santo de Israel.
5Siéntate en silencio y adéntrate en las tinieblas,
hija de los caldeos,
que ya no te volverán a llamar
«Señora de los reinos».
6Me había irritado con mi pueblo,
había dado mi heredad a la profanación,
los había entregado en tus manos;
pero tú no has tenido misericordia de ellos:
hasta sobre el anciano has hecho pesar tu yugo.
7Te decías: «Siempre seré la señora».
No has considerado estas cosas en tu corazón,
no te acordaste de tus postrimerías.
8Ahora, escucha esto, sibarita,
que habitas confiada,
que piensas en tu corazón: «Yo, y no hay otra fuera de mí;
no me quedaré viuda, ni conoceré la pérdida de hijos».
9Te sobrevendrán ambas cosas
de repente, en un solo día:
pérdida de hijos y viudez completas
te sobrevendrán,
a despecho de tus innumerables sortilegios,
a pesar de tus muchos encantamientos.
10Tú te sentías segura en tu maldad,
y te decías: «Nadie me ve».
Tu sabiduría y tu ciencia,
ellas mismas, te han engañado.
Tú pensabas en tu corazón:
«Yo, y no hay otra fuera de mí».
11Pero ahora te alcanzará una desgracia
que no sabrás conjurar,
caerá sobre ti una ruina
de la que no podrás escaparte;
te sobrevendrá de repente
una calamidad imprevisible.
12Continúa, pues, con tus encantamientos
y tus muchos sortilegios,
en los que te afanaste desde tu juventud.
Tal vez puedas sacar provecho, tal vez causes horror.
13Te has cansado de tantos consultores.
Que acudan, pues, y te salven los que miden los cielos,
los que contemplan las estrellas,
los que anuncian en cada novilunio
las cosas que te van a suceder.
14Míralos convertidos en rastrojos
que el fuego abrasa.
No pueden librarse a sí mismos
del poder de las llamas;
ni son brasas para calentarse,
ni lumbre junto a la que sentarse.
15Eso han resultado para ti aquellos por quienes te afanaste,
quienes negociaban contigo desde tu juventud:
vagan cada uno por su lado.
No hay quien te salve.
48Is1Escuchen esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel,
los salidos de las entrañas de Judá,
los que juran por el Nombre del Señor
e invocan al Dios de Israel,
pero sin fidelidad y sin justicia;
2pues toman el nombre de la ciudad santa
y se apoyan en el Dios de Israel,
cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos.
3Yo anuncié los sucesos pasados desde entonces,
de mi boca salieron
y los hice oír;
los llevé a cabo de pronto y acaecieron.
4Sabía que tú eres terco,
que tu cerviz es barra de hierro,
y tu frente de bronce.
5Te lo anuncié entonces de antemano,
te lo hice oír antes que llegase,
para que no dijeras: «Mi ídolo ha realizado estas cosas,
mi estatua tallada, mi imagen fundida las han ordenado».
6Has oído. Mira todo esto:
¿es que ustedes no quieren anunciarlo?
Desde ahora te hago oír cosas nuevas,
y cosas ocultas que no sabes.
7Ahora son creadas, no antiguamente,
y antes de hoy no las oíste,
para que no puedas decir: «Ya las conocía».
8Ni las habías oído, ni sabido,
ni antes había sido abierto tu oído,
porque Yo sé lo muy desleal que eres,
y que te llaman rebelde desde el vientre materno.
9Por mi Nombre aplazo mi ira,
y por mi honor me contengo contra ti,
para no exterminarte.
10Mira que te he acrisolado, pero no como a la plata;
te he probado en el crisol de la aflicción.
11Por Mí, por Mí lo hago.
Pues ¿cómo voy a dejar que me profanen?
¡Mi gloria no se la daré a otro!
12Escúchame, Jacob,
e Israel, a quien llamé:
Yo soy, Yo soy el primero,
y soy también el último.
13Mi mano fundó la tierra,
y mi diestra extendió los cielos.
Cuando Yo los llamo se presentan a una.
14Reúnanse todos ustedes y escuchen.
¿Quién de ellos anunció esto?
El Señor lo ama,
y cumplirá su voluntad contra Babilonia
y contra la estirpe de los caldeos.
15Yo, Yo soy quien ha hablado y quien lo ha llamado,
lo ha hecho venir y tener éxito en su camino.
16Acérquense a Mí, escuchen esto:
desde el principio no he hablado en secreto;
antes de que sucedieran las cosas, allí estaba Yo.
Y ahora, el Señor Dios me envía con su Espíritu.
17Esto dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te enseña para tu bien,
que te guía por el camino que has de seguir.
18¡Si hubieras hecho caso de mis mandamientos!
Sería tu paz como un río,
y tu justicia como las olas del mar;
19tu descendencia sería como la arena,
y los vástagos de tus entrañas, como sus granos;
su nombre no perecería,
ni se borraría de mi presencia».
20¡Salgan de Babilonia, escapen de los caldeos!
Anuncien con gritos de júbilo,
hagan oír esto, publíquenlo
hasta los extremos de la tierra,
digan: «El Señor ha redimido a su siervo Jacob».
21No han padecido sed
mientras los conducía por los sequedales.
Ha hecho brotar para ellos agua de la roca:
partió la roca y manaron las aguas.
22No hay paz para los impíos, ha dicho el Señor.
49Is1¡Escúchenme, islas! ¡Pongan atención, pueblos lejanos!
El Señor me llamó desde el seno materno,
desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre.
2Hizo de mi boca espada afilada,
a la sombra de su mano me encubrió;
hizo de mí una flecha aguzada,
y me guardó en su aljaba.
3Y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
en quien me glorío».
4Yo me decía: «En balde me he fatigado,
inútilmente y en vano he gastado mi fuerza.
Sin embargo, mi juicio pertenece al Señor,
y mi recompensa está en mi Dios».
5Ahora dice el Señor,
el que me formó desde el seno materno para ser su siervo,
para hacer que Jacob volviese a Él
y para reunirle a Israel,
pues soy estimado a los ojos del Señor
y mi Dios ha venido a ser mi fortaleza:
6«Muy poco es que seas siervo mío
para restaurar las tribus de Jacob
y hacer volver a los supervivientes de Israel.
Te he puesto para ser luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta los extremos de la tierra».