COMENTARIO
Una vez probada la fe y piedad de Ezequías durante el asedio a Jerusalén, se narra ahora una nueva prueba: la grave enfermedad que, siendo aún joven, conduce al rey a las puertas de la muerte. También en esta ocasión la confiada oración que dirige al Señor en medio de su angustia es escuchada. La intervención de Isaías (vv. 4-8) asegura la salud de Ezequías como elemento necesario para salvaguardar la ciudad.
De nuevo, como presentando al lector el contraste entre la confianza de Ezequías en el Señor frente a la desconfianza de Ajaz, el Señor le ofrece —como lo había hecho con su padre— una señal de que se cumpliría su palabra (vv. 7-8; cfr 7,14). A continuación se inserta el cántico de Ezequías (vv. 9-20), que no aparece en la narración paralela de 2 Reyes ni de 2 Crónicas, y que ofrece rasgos sapienciales. El poema tiene la forma de un salmo de acción de gracias en boca del rey. Cuando todo parecía perdido (vv. 10-12), acudió al Señor en una oración confiada y humilde (vv. 13-16) y Dios le salvó de la muerte (v. 17). Como consecuencia, el orante subraya el deseo de darle culto al Señor en el Templo (cfr v. 22) con el resto de la comunidad (vv. 18-20).
Los vv. 21-22 encajan mejor, como ya lo apuntaba San Jerónimo, tras los vv. 6-7. Así se encuentran en el relato paralelo de 2 Reyes (2 R 20,7).