COMENTARIO
Forman estos capítulos la segunda parte del libro de Isaías, llamada también «Segundo Isaías», o «Deuteroisaías». Casi todos los textos que se incluyen en ella se sitúan en un marco histórico posterior en uno o dos siglos al de la primera parte. El pueblo opresor ahora no es Asiria sino Babilonia, que conquistó Jerusalén el año 587-586 a.C. y, en varias etapas, fue llevando cautivos a Babilonia a los habitantes más importantes de Jerusalén y de Judá. Años después, el 539 a.C., Ciro, rey de los persas, tomó, a su vez, Babilonia y promulgó un decreto que permitía regresar a los deportados que lo desearan. Tales acontecimientos tienen su eco en los oráculos, cantos, lamentaciones, juicios condenatorios y visiones proféticas de liberación definitiva y restauración del pueblo elegido y de la ciudad de Sión, que aquí se recogen.
Las diversas piezas literarias de esta parte están agrupadas en dos secciones de acuerdo con un cierto orden temático. La primera (40,1-48,22) supone al pueblo todavía cautivo en Babilonia. Se le anuncia la liberación gracias al poder del Señor, soberano del mundo y de la historia, que ha elegido al rey Ciro el Persa, llamado «ungido», mesías, para rescatar a Israel del destierro (44,24-45,25). En esta sección también se proclama el anuncio de que el Señor elige a un «siervo», al que envía con el auxilio de su Espíritu para implantar la ley y la justicia (42,1-9, «primer canto del Siervo»). En la segunda sección (49,1-55,13) se canta la restauración gloriosa del pueblo en Sión, en la que desempeña un papel decisivo la intervención del «siervo del Señor». Aquí se encuentran los tres últimos «cantos del Siervo» (49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12).