COMENTARIO
Estos capítulos tienen como referencia inmediata la vuelta de los desterrados de Babilonia, que es presentada como un «nuevo éxodo». Si el éxodo de Egipto es el prototipo de todas las intervenciones que ha hecho Dios en favor de su pueblo, ahora se habla de otro, que es «nuevo» porque el poder con el que actúa el Señor, Creador de todas las cosas, supera a lo manifestado en el antiguo. La noticia de la liberación inminente supone un gran consuelo para el pueblo. Así se dice desde el principio y se reitera en los oráculos que siguen. Por eso, esta parte del libro de Isaías suele denominarse «Libro de la Consolación», y ha sido entendida como figura y anticipo de la consolación que traerá Cristo: «La verdadera consolación, alivio y liberación de los males humanos es la Encarnación de nuestro Dios y Salvador» (Teodoreto de Ciro, Commentaria in Isaiam 40,3).
La sección se abre con un canto de alegría por la pronta liberación de los exiliados (40,1-11). A continuación se encuentran agrupados oráculos que desarrollan los motivos que tiene el pueblo para esperar en el Señor (40,12-41,29) y que anuncian que el Señor, de gran poder y con designios salvadores, está dispuesto a actuar (42,1-25), y a manifestarse como Redentor de Israel (43,1-44,23), hasta llevar la salvación a Jerusalén (44,24-48,19). Se cierra con el augurio de la redención del pueblo y la llamada a salir de Babilonia (48,20-22).