COMENTARIO

 Is 40,12-31 

Estos versículos se ocupan del primero de los argumentos que dan razón de la esperanza. Con preguntas irónicas y con expresiones de gran fuerza plástica, semejantes a las del libro de Job (cfr Jb 38,2-21), se confiesa la omnipotencia y la trascendencia de Dios: el Señor ha hecho todas las cosas y nada ni nadie se puede comparar con Él (vv. 12-26). En el v. 26 «ejércitos» se refiere a los astros. Éstos estaban divinizados en la religión y cosmología babilónicas. El autor sagrado los desmitifica, rebajándolos a la condición de meras criaturas de Dios.

Pero el Señor no permanece en su gloria, lejano de las preocupaciones de los hombres, y especialmente de las vicisitudes de su pueblo. Él, que es autor de todo cuanto existe, de la vida y del poder, es infinitamente bueno y en su providencia llenará de vigor y dará fuerzas a quienes ponen en Él su confianza (vv. 27-31). La imagen del águila (v. 31) recuerda las palabras del Salmo 103,5: «Como el águila se renovará tu juventud». San Agustín comentando estas palabras, señala que en la antigüedad se pensaba que el águila al envejecer no puede tomar alimentos por el excesivo crecimiento de su pico y «hallándose en estos aprietos se dice que el águila, por cierto modo natural, debido a la necesidad de renovar la juventud, frota y golpea contra la piedra la parte superior de su pico, la cual, por haber crecido demasiado, le impide comer; desgastándolo, pues, en la piedra, se deshace de él, y se ve libre del impedimento anterior del pico que no le dejaba comer. Ahora come, y se restablecen todos sus miembros; después de la vejez será como águila joven, pues vuelve la fortaleza a todos sus miembros, el brillo a sus plumas, el poder a sus alas; vuela como antes en las alturas, y en ella se da cierta resurrección» (Enarrationes in Psalmos 102,9). Por eso, en la predicación cristiana, se ha recurrido a esta imagen en sentido espiritual como una llamada a volver a luchar, confiados en Dios. Esperando en el Señor se pueden afrontar las dificultades sin cansancio, porque, como señala San Bernardo, ubi autem amor est, labor non est, sed sapor («donde hay amor, no hay sufrimiento, sino sabor») (In Cantica Canticorum 85,8).

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