COMENTARIO
El anuncio de las «cosas nuevas» (42,9) que hará el Señor provoca un gran sentimiento de júbilo, que se concreta en el «cántico nuevo» (v. 10) con el que toda la creación, tierra y mar, toda clase de seres vivos y hasta los hombres de las regiones más remotas, alabará y glorificará al Señor. Es un himno solemne que contiene elementos comunes con algunos salmos (cfr Sal 96,1; 98,1).
«Quedar» (v. 11) era una tribu nómada de la región de Arabia (cfr 21,16; Sal 120,5; Ct 1,5). «Sela», que en hebreo significa roca, y que se traduce por Petra en griego y latín, podría aludir a la actual ciudad de Jordania que lleva este nombre, célebre por sus angostos accesos, y si no se refiere en concreto a esa ciudad, está indicando toda la zona rocosa al Este del Jordán.
En el libro del Apocalipsis, la victoria del Cordero, el único capaz de abrir «el libro y romper sus sellos» (cfr Ap 5,1-10), lleva a entonar el definitivo «cántico nuevo» (v. 10).
Comentando el versículo 10, San Jerónimo escribe: «¿Quiénes son éstos que deben cantar el cántico nuevo? Lo dicen las palabras que siguen: Los que descendéis —dice— hasta el mar. Jesús, viendo a los apóstoles en la orilla remendando sus redes junto al mar de Genesaret, les envió a alta mar para hacerlos, de pescadores de peces, pescadores de hombres. Ellos predicaron el Evangelio hasta el Ilírico y España; dominando también, en breve tiempo, el poder inmenso de la ciudad de Roma. Ciertamente descendieron al mar y lo atravesaron, sorteando las tormentas y las persecuciones de este mundo. También las islas y sus habitantes, la diversidad de las gentes y la multitud de las iglesias» (Commentarii in Isaiam 42,10).