COMENTARIO
Dios eligió a Israel y lo ha hecho objeto de su amor de predilección (cfr 43,1-13). Así como en el pasado demostró con hechos que no se olvidaba de ellos, e intervino con poder para sacarlos de Egipto y guiarlos, protegiéndolos con su providencia a través del desierto, con igual solicitud y poderío los hará salir del destierro en Babilonia (cfr 43,14-28). Tal cuidado providente no es consecuencia de los méritos del pueblo, sino fruto exclusivo de la misericordia del Señor, cuya fidelidad ha permanecido inquebrantable a pesar de las culpas de Israel (43,22-44,5). Éste tiene motivos de sobra para estar sereno y tranquilo, pues el Señor, que lo ha hecho objeto de su predilección, es el único Dios verdadero y nada ni nadie hay que se le pueda comparar (cfr 44,6-23). Por eso, esta colección de oráculos se culmina con gritos de júbilo ante la actuación de Dios que redime a su pueblo (cfr 44,23).