COMENTARIO
En la línea argumental que sirve de engarce para los oráculos de esta segunda parte de Isaías se llega a un momento culminante: el anuncio de que el Señor, el Redentor de Israel (cfr 43,1-44,23), va a actuar de modo inmediato para sacar a su pueblo del destierro de Babilonia. Para eso suscita a Ciro, el rey persa, un personaje revestido de poder que, aunque no sea consciente de su elección y misión (cfr 45,5), va a liberar a Israel (44,24-45,13). Cuando la ciudad santa sea restaurada, todos los pueblos reconocerán la soberanía universal del Señor e irán a adorarlo en Sión (45,14-25). Entonces se hará manifiesto el triunfo del Señor (46,1-13) y Babilonia, que había dominado a Judá, será finalmente humillada por el Señor (47,1-15). Al Señor, que es el único Dios verdadero, es a quien debe prestarse atención (48,1-19) para escuchar su llamada a abandonar Babilonia y experimentar la redención (48,20-22).