COMENTARIO
Es posible que estos versículos tuvieran en el momento de su redacción una intención apologética frente al dualismo, arraigado entre los persas y pueblos limítrofes, que proponía dos principios contrapuestos: el bien y el mal; esta circunstancia explicaría el énfasis con que se recuerda que el Señor es el Único Dios, creador de todas las cosas, de la luz y las tinieblas. En ese horizonte de polémica es como el texto puede atribuir también a Dios la paz (el bien) y el mal, acción esta última que está en contradicción con la bondad absoluta de Dios. De todos modos, como el v. 7 ha podido causar extrañeza a lectores cristianos, no fue pasado por alto a lo largo de la exégesis. Ya Orígenes le dio la siguiente explicación: «El mal, si alguno lo entiende en el verdadero sentido del término, no lo ha creado Dios (…). Si, en cambio, se habla del mal —que puede ser llamado así sólo impropiamente— entendiendo los males corporales y exteriores, admitimos que tal vez Dios los ha creado con el fin de convertir a alguien por medio de ellos. ¿Y qué tiene de extraño esta doctrina? Nosotros también, aunque abusivamente, llamamos males a las penas infligidas por los padres, por los maestros y por los pedagogos a sus discípulos y a las que los médicos someten a los enfermos para curarlos en las operaciones y cauterios; y decimos que hacen males los padres a los hijos, lo mismo que los maestros, los pedagogos, sin que les echemos la culpa, incluso cuando pinchan o cortan (…). En este sentido es como explicamos el pasaje: Yo, el que obra la paz y crea el mal (Is 45,7)» (Contra Celsum, 6,55-56). Por su parte, San Gregorio Magno comenta: «Autor de la paz, creador de la desgracia, porque precisamente entonces se nos devuelve la paz con Dios, cuando las cosas creadas, que son buenas en sí, pero que no siempre son rectamente deseadas, se nos convierten en calamidades y causa de desgracia. Por el pecado perdemos la unión con Dios; es justo, por tanto, que volvamos a la paz con él a través de las calamidades; de este modo, cuando cualquier cosa creada, buena en sí misma, se nos convierte en causa de sufrimiento, ello nos sirve de corrección, para que volvamos humildemente al autor de la paz» (Moralia in Iob 3,9,15).