COMENTARIO

 Is 45,8 

Los términos que traducimos por «justicia» y «salvación» corresponden a tres sustantivos abstractos hebreos. El primero y el tercero son sinónimos («justicia»). Así los ha traducido la Neovulgata. La Vulgata, sin embargo, entendió los dos primeros como adjetivos: «Justo» y «Salvador», viendo en ellos una aplicación más directa al Mesías, y dando así un texto que ha sido recogido por la liturgia cristiana de Adviento: Rorate coeli desuper, et nubes pluant iustum; aperiatur terra et germinet Salvatorem, et iustitia oriatur simul («Derramad, cielos, desde arriba vuestro rocío, y lluevan las nubes al justo; que se abra la tierra y brote al Salvador y nazca con él la justicia»). Un sermón atribuido a San Agustín las ve cumplidas en el nacimiento de Cristo: «Hoy se cumple aquella profecía que dice: Cielos, destilad el rocio; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote el Salvador. El Creador se ha hecho criatura para que fuera encontrado el que se había perdido. Esto es lo que el hombre reconoce en los salmos: Antes de ser humillado, pequé. El hombre pecó y se convirtió en reo; Dios nació como hombre para que fuera liberado el reo. El hombre cayó, pero Dios descendió. Cayó el hombre miserablemente, bajó Dios misericordiosamente; cayó el hombre por la soberbia, bajó Dios con su gracia» (Sermones 128). Y San Proclo de Constantinopla, que ve en estas palabras de Isaías una figura del nacimiento virginal de Jesucristo, señala: «Las nubes destilen la justicia, porque hoy el antiguo extravío de Eva ha sido reparado y destruido por la pureza de la Virgen María y por el que de Ella ha nacido Dios y hombre juntamente. Hoy el hombre, cancelada la antigua condena, ha sido liberado de la horrenda noche que sobre él pesaba» (De Nativitate Domini 1).

Volver a Is 45,8