COMENTARIO

 Is 48,1-16 

Con carácter conclusivo, se repite de forma desordenada la enseñanza que ha venido transmitiendo el «Libro de la Consolación»: Dios es creador (vv. 7.12.13), dueño del mundo (v. 13), autor del éxodo (v. 3), revelador de su palabra por medio de los profetas (vv. 3.15.16); el pueblo, que ha sido elegido con predilección (vv. 1.12), ha sido desleal y pecador (v. 8), castigado, pero no aniquilado (vv. 9-11), destinado a ser testigo de Dios entre las naciones (v. 6); y Ciro, a quien no se nombra explícitamente, ha sido escogido para llevar adelante los planes salvíficos del Señor (vv. 14-15). Dios ha hablado claro (v. 16) y los deportados, al repensar todos estos datos debieron de sentir un enorme consuelo. También los lectores que habrían de venir después se llenarán de gozo por la esperanza de la salvación definitiva.

El v. 16 ha sido entendido en la tradición cristiana como una revelación velada de la Santísima Trinidad, puesto que el Hijo es enviado por el Padre y su Espíritu para redimir a los hombres: «Si objetan que el Espíritu Santo envía también al Hijo, como Él mismo dice por el profeta: Y ahora, el Señor Dios me envía… esto se ha de entender del Verbo encarnado, que vino al mundo para redimirlo por voluntad y disposición del Padre y del Espíritu Santo» (S. Anselmo, De processione Spiritus Sancti 9).

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