COMENTARIO

 Is 48,20-22 

La doble experiencia de la esclavitud de Egipto y del destierro babilónico constituye una enseñanza única y firme, que deberá estar para siempre presente en el alma del pueblo elegido y de cada uno de sus fieles. La orden de partida es contundente: lo mismo que en el éxodo de Egipto Dios mandó salir del país del Nilo, ahora ordena salir de Babilonia.

La caída de Babilonia, cantada con ironía en 47,1-15, y esta invitación imperiosa a abandonarla resuenan en la impresionante visión del Apocalipsis que anunciaba la caída de Roma, símbolo de todos los pecados, y ordenaba alejarse de ella: «Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis cómplices de sus pecados ni participéis de sus castigos. Porque sus pecados llegaron hasta el cielo y Dios se acordó de sus iniquidades» (Ap 18,4-5).

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