COMENTARIO
Se inicia ahora la segunda sección de la segunda parte del libro de Isaías. En la primera sección (40,1-48,22) se había tratado acerca de la liberación del destierro de Babilonia que llevaría a cabo el Señor, soberano del mundo y de todos los pueblos. En esta segunda se canta la restauración del pueblo en Sión. Casi todos los oráculos que la componen presuponen que se ha cumplido la destrucción de Babilonia y la vuelta de los exiliados, acontecimientos de los que ya no se habla. Tampoco insisten en la universalidad de la salvación; más bien recogen esperanzas y se centran en Jerusalén.
Es probable que la mayor parte de los oráculos de esta sección fueran proclamados entre el 515 y el 500 a.C. Si esto es así, estarían dirigidos a una sociedad desilusionada debido a que ni el entusiasmo del retorno del exilio ni el esfuerzo de la reconstrucción del Templo habían producido los efectos esperados: continúan las diferencias de clases, las manifestaciones de avaricia y las grandes bolsas de pobreza. La Jerusalén soñada no se corresponde con la que muchos experimentan; ni siquiera con la que presentan con entusiasmo los miembros de la escuela sacerdotal. En tales circunstancias de desaliento resuenan estos oráculos que pretenden levantar el ánimo de los habitantes de Jerusalén, ensalzando la figura del libertador que viene enviado por Dios, el siervo del Señor, y proclamando la inminente restauración de la ciudad santa, denominada ahora con el nombre honorífico de Sión. De hecho, cabe dividir la sección en poemas alternos sobre el siervo y sobre Sión: 49,1-13, el siervo (segundo oráculo); 49,14-50,3, Sión; 50,4-11, el siervo (tercer oráculo y exhortación); 51,17-52,12, Sión; 52,13-53,12, el siervo (cuarto oráculo); 54,1-17 Sión (Jerusalén). Los vv. 1-13 del cap. 55 son una exhortación a tomar parte en la Nueva Alianza.