COMENTARIO
Confortado con el apoyo divino y sin miedo a afrontar las dificultades que se deriven de sus palabras, el siervo inicia su predicación. Se dirige en primer lugar a los que buscan honradamente al Señor. Los invita a reflexionar sobre sus raíces, la historia de las misericordias del Señor con Abrahán y Sara (vv. 1-2), para que tengan esperanza en el poder del Señor y su capacidad de transformar el montón de ruinas en que había quedado convertida Jerusalén, tras las campañas de las tropas babilónicas, en un lugar apacible, donde puedan experimentar el favor que Dios les dispensa (v. 3). Una vez que hayan cobrado ánimos con esas palabras sigue la invitación a confiar en Él (vv. 4-6), sin temor a ser menospreciados por los hombres (vv. 7-8). El núcleo de la exhortación del siervo lo forman la docilidad —«escuchad», vv. 1 y 7—, la instrucción, que es lo que la «ley» significa en este contexto (vv. 4 y 7), y la salvación, designada también como justicia (vv. 5 y 7).