7Esto dice el Señor,
el Redentor de Israel, su Santo,
al despreciado en vida,
al aborrecido de las naciones,
al siervo de los poderosos:
«Los reyes lo verán y se pondrán en pie,
y los príncipes se postrarán,
a causa del Señor, que es fiel,
del Santo de Israel, que te eligió».
8Esto dice el Señor:
«En el tiempo oportuno te responderé,
al tiempo de salvación te socorreré,
te protegeré y te pondré como alianza del pueblo,
para restaurar el país,
para repartir las heredades devastadas,
9para decir a los cautivos: “¡Salgan!”,
y a los que están en las tinieblas: “¡Vengan a la luz!”.
A lo largo de los caminos se apacentarán,
y en cada colina hallarán pasto.
10No tendrán hambre ni sed,
no los afligirá bochorno ni sol,
porque quien se apiada de ellos los guiará
y los conducirá a manantiales de agua.
11Y convertiré todos mis montes en camino,
y toda calzada será nivelada.
12Miren: éstos vienen de muy lejos,
fíjense en ésos del septentrión y del Mar,
y aquéllos, del país de Sinim».
13¡Cielos, aclamen! ¡Tierra, alégrate!
¡Montañas, rompan en gritos de júbilo!,
que el Señor ha consolado a su pueblo,
y ha tenido piedad de sus pobres.
14Sión había dicho: «El Señor me ha abandonado,
mi Señor me ha olvidado».
15¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho,
no compadecerse del hijo de sus entrañas?
¡Pues aunque ellas se olvidaran,
Yo no te olvidaré!
16Mira: te he grabado en las palmas de mis manos,
tus murallas están siempre ante mí.
17Tus constructores se apresuran,
tus destructores y devastadores escapan de ti.
18Alza tus ojos y mira alrededor,
todos ellos se congregan, vienen a ti.
«¡Vivo Yo —oráculo del Señor—,
que te revestirás de todos ellos como ornamento,
y te los ceñirás como una novia!».
19Porque tus ruinas, tus lugares despoblados,
y tu tierra devastada,
serán estrechos para tantos habitantes,
y quienes te devoraban se irán lejos.
20Aún más, te dirán en tus oídos
los hijos de que fuiste privada:
«El lugar me resulta estrecho,
hazme sitio donde instalarme».
21Entonces dirás en tu corazón:
«¿Quién me ha parido a éstos?,
pues yo estaba privada de hijos y sin familia,
exiliada y abandonada;
a éstos, ¿quién los ha criado?,
mira, me había quedado sola;
éstos, ¿dónde estaban?».
22Así dice el Señor Dios:
«Mira: Yo tenderé mi mano a las naciones
y alzaré mi enseña a los pueblos;
ellos traerán a tus hijos en brazos,
y llevarán a tus hijas apoyadas en el hombro.
23Reyes serán tus ayos,
y princesas, tus nodrizas;
se postrarán ante ti rostro en tierra,
y lamerán el polvo de tus pies.
Y sabrás que Yo soy el Señor.
Quienes esperan en Mí no quedarán avergonzados».
24¿Se le puede quitar el botín a un guerrero
o rescatar a un prisionero de un fornido?
25Pues esto dice el Señor:
«Aunque se pueda rescatar a un prisionero de un fornido,
y quitar el botín a un guerrero,
Yo seré rival de tus rivales,
y a tus hijos Yo los salvaré.
26Haré comer a tus opresores su propia carne,
y se embriagarán de su sangre como si fuera de mosto.
Y todos sabrán que Yo soy el Señor, tu Salvador,
y tu Redentor, el Fuerte de Jacob».
50Is1Esto dice el Señor:
«¿Dónde está el libelo de repudio de su madre
a la que Yo he repudiado?
O ¿quién es mi acreedor al que Yo los vendí?
Por sus maldades fueron vendidos.
Por sus pecados fue repudiada su madre.
2¿Por qué cuando vine no había nadie,
cuando llamé ninguno me respondió?
¿Es que se ha quedado corta mi mano para rescatar,
o no tengo fuerza para redimir?
Pues ahí tienen: con un grito mío seco el mar,
convierto los ríos en desierto,
y sus peces apestan por falta de agua
y mueren de sed.
3Yo visto de luto a los cielos,
y les pongo un saco como manto».
4El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo
para saber alentar al abatido con palabra que incita.
Por la mañana, cada mañana, incita mi oído
a escuchar como los discípulos.
5El Señor Dios me ha abierto el oído,
yo no me he rebelado, no me he echado atrás.
6He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban,
y mis mejillas a quienes me arrancaban la barba.
No he ocultado mi rostro
a las afrentas y salivazos.
7El Señor Dios me sostiene,
por eso no me siento avergonzado;
por eso he endurecido mi rostro como el pedernal
y sé que no quedaré avergonzado.
8Cerca está el que me justifica,
¿quien litigará conmigo? Comparezcamos juntos.
¿Quién es mi adversario? Que se acerque a mí.
9Miren: el Señor Dios me sostiene,
¿quién podrá condenarme?
Todos ellos se gastarán como un vestido,
la polilla los devorará.
10¿Quién de ustedes teme al Señor,
y escucha la voz de su siervo?
Aunque camine en tinieblas
y no tenga luz,
que confíe en el Nombre del Señor,
y se apoye en su Dios.
11Pero todos ustedes que prenden el fuego,
que preparan dardos incendiarios,
caminan a la luz de su fuego
y de las teas que han encendido.
De mi mano les sobrevendrán estas cosas,
se revolcarán en el dolor.
51Is1Escúchenme, los que siguen la justicia, los que buscan al Señor.
Miren a la roca de la que fueron tallados,
la hondura de la cantera de donde fueron extraídos.
2Miren a Abrahán, su padre,
y a Sara, que los dio a luz:
uno solo era cuando lo llamé,
pero lo bendije y lo multipliqué.
3En verdad, el Señor se apiadará de Sión,
se apiadará de todas sus ruinas.
Cambiará su desierto en Edén,
y su estepa en jardín del Señor.
En ella habrá gozo y alegría,
agradecimiento y canciones.
4Préstenme atención, pueblo mío,
nación mía, préstenme oídos,
porque de mí saldrá la ley,
y estableceré mi derecho para luz de los pueblos.
5Cerca está mi justicia,
ha salido mi salvación,
mis brazos juzgarán a los pueblos.
Las islas pondrán su esperanza en mí,
y confiarán en mis brazos.
6Alcen al cielo sus ojos,
y miren abajo a la tierra,
porque los cielos se disiparán como el humo,
la tierra se gastará como un vestido,
y sus habitantes perecerán de la misma manera.
Pero mi salvación durará siempre,
mi justicia no faltará.
7Escúchenme, los que conocen la justicia,
pueblo en cuyo corazón está mi ley.
No teman el menosprecio de los hombres,
ni se turben por sus ultrajes,
8pues la polilla los devorará como a un vestido,
como a la lana se los comerán los gusanos.
En cambio, mi justicia permanecerá siempre,
mi salvación, por generaciones y generaciones.
9¡Despierta, despierta,
vístete de fortaleza, brazo del Señor!
Despierta como en los días antiguos,
en las edades de antaño.
¿No eres Tú, acaso, el que despedazaste a Rahab,
el que heriste de muerte al dragón?
10¿No eres Tú quien secó el mar,
las aguas del gran océano,
y dispusiste un camino en lo profundo del mar
para que pasasen los redimidos?
11¡Volverán los redimidos del Señor!
Llegarán a Sión con gritos de júbilo;
habrá alegría eterna sobre sus cabezas,
les invadirán el gozo y la alegría,
y huirán la tristeza y el gemido.
12Yo, Yo mismo soy su consolador.
¿Quién eres tú para que temas a un hombre mortal,
a un hijo de hombre que se seca como el heno?
13¿Vas a olvidar al Señor, tu Hacedor,
que extendió los cielos y asentó la tierra?
¿Vas a estar siempre asustado, todo el día, ante el furor de quien te oprimía
cuando pretendía arruinarte?
¿Dónde está ahora el furor del opresor?
14Muy pronto será liberado el cautivo;
no morirá en mazmorra,
ni le faltará su pan.
15Pues Yo soy el Señor, tu Dios,
el que agita el mar
y se embravecen sus olas.
El Señor de los ejércitos es su nombre.
16Puse mis palabras en tu boca,
y te amparé a la sombra de mi mano,
cuando extendía los cielos y asentaba la tierra,
y decía a Sión: «Tú eres mi pueblo».
17¡Despiértate, despiértate, ponte en pie, Jerusalén!,
que has bebido de mano del Señor la copa de su furor,
que has bebido, que has apurado
hasta el fondo la copa del vértigo.
18Ninguno hay que la guíe
de cuantos hijos dio a luz;
ninguno hay que la tome de la mano
de cuantos hijos crió.
19Estas dos cosas han salido a tu encuentro
—¿quién se compadecerá de ti?—:
devastación y ruina, hambre y espada
—¿quién te consolará?—.
20Tus hijos desfallecieron,
yacen tendidos por las esquinas de cada calle,
como gacela atrapada,
colmados del furor del Señor,
de la ira de tu Dios.
21Por tanto, escucha esto, humillada
y borracha, aunque no de vino.
22Así dice tu Dueño,
el Señor y Dios tuyo, que aboga por su pueblo:
«Mira que tomo de tu mano la copa del vértigo,
el fondo de la copa de mi furor;
ya no volverás más a beberla,
23sino que la pondré en la mano de quienes te han afligido,
de quienes te decían: “¡Tiéndete en tierra que pasemos por encima!”,
y ponías tu espalda como suelo,
como camino para los que pasaban».
52Is1¡Despierta, despierta, vístete de tu fortaleza, Sión!
¡Vístete con tus ropas de gala,
Jerusalén, ciudad santa!
Que ya no volverá a entrar en ti
incircunciso ni impuro.
2Sacúdete el polvo, levántate,
Jerusalén cautiva,
suéltate las ataduras del cuello,
hija de Sión cautiva.
3Que esto dice el Señor: «De balde fueron vendidos y sin necesidad de plata serán redimidos». 4Que esto dice el Señor Dios: «A Egipto bajó mi pueblo en los comienzos para residir allí como extranjero. Asiria lo oprimió sin razón. 5Y ahora, ¿qué tengo que hacer aquí? —oráculo del Señor—. Mi pueblo ha sido arrebatado sin motivo; sus dominadores dan alaridos —oráculo del Señor— y siempre, todo el día, es blasfemado mi Nombre. 6Por esto, mi pueblo conocerá mi Nombre el día que Yo mismo sea quien diga: “¡Aquí estoy Yo!”».
7Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que anuncia la paz,
del mensajero de la buena nueva que anuncia la salvación,
del que anuncia a Sión: «¡Reina tu Dios!».
8¡La voz de tus centinelas! Alzan la voz,
lanzan a una gritos de alegría,
porque ven con sus propios ojos
que el Señor regresa a Sión.
9¡Griten de alegría, alborócense a una,
ruinas de Jerusalén,
que el Señor ha consolado a su pueblo,
ha redimido a Jerusalén!
10El Señor ha desnudado su brazo santo
a los ojos de todas las naciones,
y todos los confines de la tierra verán
la salvación de nuestro Dios.
11¡Apártense, apártense, salgan de allí,
no toquen nada contaminado!
Salgan de en medio de ella, purifíquense
quienes llevan los vasos del Señor.
12Pero no salgan con precipitación,
ni caminen en desbandada,
porque el Señor marcha ante ustedes,
y el Dios de Israel cierra su marcha.
13Miren: mi siervo triunfará,
será ensalzado, enaltecido y encumbrado.
14Como muchos se horrorizaron de él
—tan desfigurado estaba,
que no tenía aspecto de hombre ni apariencia de ser humano—,
15así él asombrará a muchas naciones.
Por su causa los reyes cerrarán la boca,
al ver lo que nunca les habían narrado,
y contemplar lo que jamás habían oído.
53Is1«¿Quién dio crédito a nuestro anuncio?
El brazo del Señor, ¿a quién fue revelado?
2Creció en su presencia como un renuevo,
como raíz de tierra árida.
No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada,
ni belleza que nos agrade en él.
3Despreciado y rechazado de los hombres,
varón de dolores y experimentado en el sufrimiento;
como de quien se oculta el rostro,
despreciado, ni le tuvimos en cuenta.
4Pero él tomó sobre sí nuestras enfermedades,
cargó con nuestros dolores,
y nosotros lo tuvimos por castigado,
herido de Dios y humillado.
5Pero él fue traspasado por nuestras iniquidades,
molido por nuestros pecados.
El castigo, precio de nuestra paz, cayó sobre él,
y por sus llagas hemos sido curados.
6Todos nosotros andábamos errantes como ovejas,
cada uno seguía su propio camino,
mientras el Señor cargaba sobre él
la culpa de todos nosotros».
7Fue maltratado, y él se dejó humillar,
y no abrió su boca;
como cordero llevado al matadero,
y, como oveja muda ante sus esquiladores,
no abrió su boca.
8Por arresto y juicio fue arrebatado.
De su linaje ¿quién se ocupará?
Pues fue arrancado de la tierra de los vivientes,
fue herido de muerte por el pecado de mi pueblo.
9Y se puso con los impíos su sepulcro,
y con el rico su tumba,
aunque él no cometió violencia
ni hubo mentira en su boca.
10Dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias.
Puesto que dio su vida en expiación,
verá descendencia, alargará los días,
y, por su mano, el designio del Señor prosperará.
11Por el esfuerzo de su alma
verá la luz, se saciará de su conocimiento.
El justo, mi siervo, justificará a muchos
y cargará con sus culpas.
12Por eso, le daré muchedumbres como heredad,
y repartirá el botín con los fuertes;
porque ofreció su vida a la muerte,
y fue contado entre los pecadores,
llevó los pecados de las muchedumbres
e intercede por los pecadores.
54Is1Grita de júbilo, estéril, la que no diste a luz,
prorrumpe en cantos de júbilo y alégrate, la que
no tuviste dolores de parto,
porque son más los hijos de la abandonada
que los hijos de la casada, dice el Señor.
2Ensancha el espacio de tu tienda,
despliega los toldos de tus moradas, no ahorres;
alarga tus cuerdas
y refuerza tus estacas,
3porque te extenderás a derecha e izquierda,
y tu descendencia se adueñará de naciones,
y habitarán en ciudades abandonadas.
4No temas, que no quedarás avergonzada,
ni te sonrojes, que no serás deshonrada,
pues olvidarás la vergüenza de tu adolescencia,
y no recordarás más el oprobio de tu viudez.
5Porque será esposo tuyo tu Hacedor,
cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos,
y Redentor tuyo, el Santo de Israel,
que se llama Dios de toda la tierra.
6Como a mujer abandonada y afligida de espíritu
te ha llamado el Señor.
La esposa de la juventud ¿cómo va a ser repudiada?
—dice tu Dios—.
7Por un breve instante te abandoné,
pero con grandes ternuras te recogeré.
8En un arrebato de ira
te oculté mi rostro un momento,
pero con amor eterno me he apiadado de ti,
dice tu Redentor, el Señor.
9Esto es para Mí como en los días de Noé:
como juré que las aguas de Noé no inundarían más la tierra,
así juro no enojarme contigo
ni amenazarte.
10Aunque se aparten los montes
y vacilen las colinas,
mi amor no se apartará de ti,
ni vacilará mi alianza de paz,
dice el que se apiada de ti, el Señor.
11¡Pobrecilla, azotada por la tempestad y desconsolada!
Mira que voy a asentar tus piedras en azabache
y tus cimientos sobre zafiros.
12Te pondré almenas de rubí,
tus puertas de cuarzo
y todas tus murallas de piedras preciosas.
13Todos tus hijos serán discípulos del Señor,
y será grande la paz de tus hijos.
14Estarás cimentada en la justicia,
lejos de la opresión, que no habrás de temer,
y del terror, que no se te acercará.
15Si alguien conspira contra ti, será sin mi apoyo;
quien conspire contra ti, caerá ante ti.
16Mira: Yo he creado al herrero,
que sopla las brasas en el fuego
y forja instrumentos según su arte;
y he creado al exterminador para destruir:
17ningún arma forjada contra ti tendrá éxito,
y de toda lengua que te acuse en juicio, demostrarás su malicia.
Ésta es la herencia de los siervos del Señor
y su justicia viene de Mí —oráculo del Señor—.
55Is1¡Todos los sedientos, vengan a las aguas! Y los que no tengan dinero, ¡vengan!
Compren y coman. Vengan. Compren, sin dinero
y sin nada a cambio, vino y leche.
2¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan,
y sus salarios en lo que no sacia?
Escúchenme con atención y comerán cosa buena,
y se deleitarán con manjares substanciosos.
3Presten oído y vengan a Mí.
Escuchen y vivirá su alma.
Sellaré con ustedes una alianza eterna,
las misericordias fieles prometidas a David.
4Miren: lo he constituido testigo para los pueblos,
jefe y maestro de las naciones.
5Llamarás a una nación que no conocías;
naciones que no te conocían correrán hacia ti,
por el Señor, tu Dios,
por el Santo de Israel que te ha enaltecido.
6Busquen al Señor mientras se le puede encontrar.
Invóquenle mientras está cerca.
7Que el impío deje su camino,
y el hombre inicuo sus pensamientos;
que se convierta al Señor y se compadecerá de él,
a nuestro Dios, que es pródigo en perdonar.
8Porque mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos, mis caminos —oráculo del Señor—.
9Tan elevados como son los cielos sobre la tierra,
así son mis caminos sobre sus caminos
y mis pensamientos sobre sus pensamientos.
10Como la lluvia y la nieve descienden de los cielos,
y no vuelven allá,
sino que riegan la tierra, la fecundan,
la hacen germinar,
y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer,
11así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí de vacío,
sino que hará lo que Yo quiero
y realizará la misión que le haya confiado.
12Así, partirán con alegría
y serán conducidos en paz;
montes y colinas romperán en gritos de júbilo ante ustedes,
y todos los árboles del campo aplaudirán.
13En vez de la zarza se alzará el ciprés,
y en lugar de la ortiga crecerá el arrayán.
Servirá de honra para el Señor,
de signo eterno que no será quitado.
56Is1Esto dice el Señor: «Guarden el derecho y practiquen la justicia,
que pronto va a llegar mi salvación
y a revelarse mi justicia».
2Dichoso el hombre que obre así,
y el hijo de hombre que persevera en esto,
que observa el sábado sin profanarlo,
que guarda su mano de obrar cualquier mal.
3Que no diga el extranjero que se haya adherido al Señor:
«De seguro que el Señor me separará de su pueblo».
Y que no diga el eunuco:
«No soy más que un árbol seco».
4Porque esto dice el Señor:
«A los eunucos que guarden mis sábados,
elijan lo que me complace
y mantengan mi alianza,
5les daré, dentro de mi casa y de mis muros,
parte y renombre mejores que hijos e hijas:
les daré nombre eterno
que no será borrado.
6A los hijos del extranjero
que se adhieran al Señor para servirlo
y amar el Nombre del Señor,
para serle sus siervos,
y a cuantos guarden el sábado sin profanarlo,
y mantengan mi alianza,
7les haré entrar en mi monte santo,
les daré alegría en mi casa de oración:
sus holocaustos y sus sacrificios
me serán gratos sobre mi altar,
porque mi casa será llamada
casa de oración para todos los pueblos».
8Oráculo del Señor Dios, que congrega a los dispersos de Israel:
«Aún congregaré a otros, con los ya congregados».
9Fieras todas del campo, vengan a comer,
fieras todas del bosque.
10Sus guardianes son ciegos todos ellos, no se dan cuenta de nada;
todos son perros mudos, incapaces de ladrar,
soñolientos, tumbados, amigos de dormitar.
11Y los perros voraces fueron insaciables.
Son pastores que no saben discernir.
Todos ellos se volvieron a sus caminos,
cada cual a su interés,
sin excepción.
12«¡Vengan! ¡Voy a tomar vino! ¡Emborrachémonos de licor!
Y mañana será como hoy,
y aún mucho más».
57Is1El justo perece, pero nadie presta atención. Los hombres piadosos desaparecen,
sin que nadie discierna
que ante la maldad desaparece el justo.
2Que descanse en paz, que repose en su lecho
el que lleva buen camino.
3Pero ustedes, acérquense acá, hijos de bruja,
prole de adúltero y prostituta.
4¿A quién hacen burla?
¿A quién abren la boca y sacan la lengua?
¿No son ustedes hijos de pecado, prole mentirosa,
5quienes abrasados de concupiscencia entre las encinas
y bajo cualquier árbol frondoso,
inmolan niños en los barrancos,
bajo las grietas de las rocas?
6En los guijarros del torrente está tu heredad:
¡ellos, ellos son tu lote!
Incluso a ellos derramaste libaciones, presentaste ofrendas.
¿Puedo sentirme satisfecho con esto?
7Sobre un monte alto y elevado pusiste tu lecho,
también subías allí para hacer sacrificios.
8Detrás de la puerta y de su jamba ponías tu memorial;
lejos de mí te desnudabas y subías,
extendías tu lecho,
y hacías pacto con ellos;
amabas su lecho y mirabas la mano.
9Te presentabas a Moloc con ungüento
y prodigabas tus perfumes.
Enviabas tus mensajeros bien lejos
y te abajaste hasta el sheol.
10De tanto caminar te fatigabas,
pero no decías: «Es inútil».
Encontrabas de nuevo el vigor de tu mano,
y no desfallecías.
11¿De quién te asustaste y temiste,
que fuiste mentirosa y no te acordaste de mí,
ni me hiciste caso?
¿Porque estoy callado desde mucho tiempo,
no me tienes miedo?
12Pues Yo anunciaré tu justicia
y tus obras, que no te servirán de provecho alguno.
13Cuando clames, ¡que te libre tu colección de ídolos!
A todos ellos se los llevará el viento, un soplo los arrebatará.
Pero el que busca refugio en Mí heredará la tierra,
y entrará en posesión de mi monte santo.
14Entonces se dirá: «¡Allanen, allanen,
preparen el camino, aparten los obstáculos del camino a mi pueblo!».
15Que esto dice el Altísimo y Sublime,
el que habita eternamente y cuyo Nombre es santo:
«Habito en un lugar alto y santo,
pero también con el contrito y humilde de espíritu,
para reanimar el espíritu de los humildes
y vivificar el corazón de los contritos.
16Porque Yo no quiero acusar eternamente,
ni estar siempre airado,
pues ante Mí se debilitaría el espíritu,
y las almas que Yo hice.
17Por culpa de su avaricia me airé y lo golpeé,
escondí mi rostro y me indigné,
pero él siguió rebelde por el camino de su corazón.
18He visto sus caminos, pero lo sanaré, lo guiaré,
y le daré consuelo a él y a los que se duelen con él,
19y haré brotar en sus labios un himno: “Paz,
paz, al que está lejos y al que está cerca” —dice el Señor—.
Yo lo sanaré».
20Pero los impíos serán como el mar agitado,
que no puede calmarse,
y cuyas olas remueven barro y fango.
21No hay paz para los impíos —dice mi Dios—.
58Is1¡Clama a gritos, no ceses! Eleva tu voz como una trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob, sus pecados.
2Día tras día me andan buscando
y quieren saber mis caminos,
como si fueran una nación que practica la justicia
y no abandona el derecho de su Dios.
Me demandan juicios justos,
pretenden estar cerca de Dios.
3«¿Para qué ayunamos, si no miras,
humillamos nuestras almas, si no te enteras?».
Miren: el día en que ustedes ayunan pretenden aprovecharse
y oprimen a sus trabajadores.
4Ayunan para litigar y querellar
y golpean con el puño sin piedad.
No ayunen como ahora,
para que su voz se oiga en las alturas.
5¿Es ése el ayuno que prefiero,
el día de humillarse el hombre?
¿Inclinar la cabeza como un junco,
y preparar un lecho de saco y ceniza?
¿A eso llaman ayuno
y día grato al Señor?
6¿El ayuno que prefiero no es más bien
romper las cadenas de la iniquidad,
soltar las ataduras del yugo,
dejar libres a los oprimidos
y quebrar todo yugo?
7¿No es compartir tu pan con el hambriento,
e invitar a tu casa a los pobres sin asilo?
Al que veas desnudo, cúbrelo
y no te escondas de quien es carne tuya.
8Entonces tu luz despuntará como la aurora,
y tu curación aparecerá al instante,
tu justicia te precederá
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.
9Entonces clamarás, y el Señor te responderá,
pedirás socorro, y Él te dirá: «Aquí estoy».
Si apartas de en medio de ti el yugo,
el señalar con el dedo,
y la maledicencia,
10y ofreces tu propio sustento al hambriento,
y sacias el alma afligida,
entonces tu luz despuntará en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía.
11El Señor te guiará de continuo,
saciará tu alma en las regiones áridas,
dará fuerza a tus huesos,
y serás como huerto regado,
como manantial
cuyas aguas no se agotan.
12Reconstruirán los tuyos las ruinas antiguas,
alzarás los cimientos por generaciones y generaciones,
y se te llamará: «Reparador de brechas»,
«Restaurador de calles donde habitar».
13Si el sábado retraes tu pie
de realizar tus negocios en mi día santo,
y haces del sábado tus delicias,
para honrar el día santo del Señor,
y lo respetas absteniéndote de tus caminos,
de servir a tus intereses y tratar de tus negocios,
14entonces te deleitarás en el Señor,
te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra,
y te alimentaré de la heredad de Jacob, tu padre.
—Ha hablado la boca del Señor—.
59Is1Miren que no se ha acortado la mano del Señor para salvar,
ni se ha endurecido su oído
para oír.
2Son sus iniquidades las que han puesto separación
entre ustedes y su Dios;
sus pecados, los que han ocultado su rostro
de ustedes para no oírlos.
3Pues sus manos están manchadas de sangre,
y sus dedos, de delitos.
Sus labios hablan mentiras,
sus lenguas urden el crimen.
4No hay quien reclame con justicia,
ni pleitee con verdad:
se confía en vano, se habla en falso,
se concibe malicia, se da a luz iniquidad.
5Rompen huevos de áspid,
y tejen telas de araña.
Quien coma sus huevos morirá,
pues de lo cascado brota una víbora.
6Sus telas no sirven para vestir,
ni sus obras para arroparse.
Sus obras son obras inicuas,
y en sus manos hay acciones violentas.
7Sus pies corren al mal,
se dan prisa en derramar sangre inocente.
Sus intenciones son intenciones inicuas,
devastación y destrucción marcan sus rutas.
8No conocen el camino de la paz,
no hay justicia en sus senderos;
sus sendas se les hacen tortuosas,
quien camina por ellas no conoce la paz.
9Por eso se alejó de nosotros el derecho,
no nos alcanzó la justicia;
esperamos la luz, pero tenemos tinieblas,
la claridad, pero caminamos a oscuras.
10Como ciegos vamos palpando la pared,
y andamos a tientas como quienes no tienen ojos;
tropezamos a mediodía como si hubiese anochecido,
en pleno vigor estamos como muertos.
11Todos gruñimos como osos,
gemimos como palomas;
esperábamos la justicia, pero no existe,
la salvación, pero se alejó de nosotros.
12Pues se han multiplicado nuestros delitos contra Ti,
nuestros pecados testimonian contra nosotros;
nuestros delitos nos acompañan,
y conocemos nuestras iniquidades:
13rebelarse y renegar del Señor,
darle la espalda a nuestro Dios,
hablar de violencia y rebelión,
concebir en el corazón y proferir palabras mentirosas.
14Se echó atrás el derecho
y se quedó lejos la justicia;
la verdad tropieza en la plaza,
y la honestidad no logra llegar.
15Se ha ausentado la fidelidad,
y quien se aparta del mal es apresado.
Miró el Señor y pareció mal a sus ojos
porque no había derecho.
16Vio que no había nadie,
y se asombró de que nadie intercediera.
Entonces, su brazo lo salvó,
y lo sostuvo su justicia.
17Se vistió la justicia por coraza,
con el yelmo de la salvación en su cabeza.
Se puso las ropas de venganza por vestidura,
y se envolvió de celo como manto.
18Él retribuirá según las obras:
furor a sus rivales,
desquite contra sus enemigos.
Dará su merecido a las islas.
19Los de occidente temerán el Nombre del Señor,
y los de oriente, su gloria,
porque vendrá como torrente violento,
al que impulsa el Espíritu del Señor.
20En cambio, vendrá como redentor para Sión
y para los de Jacob que se hayan convertido del pecado
—oráculo del Señor—.
21Por mi parte, esta es mi alianza con ellos, dice el Señor:
«Mi Espíritu, que está sobre ti, y las palabras que he puesto en tu boca, no se separarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos —dice el Señor—, desde ahora y para siempre».
60Is1¡Levántate, resplandece, que llega tu luz, y la gloria del Señor amanece sobre ti!
2Mira que las tinieblas cubren la tierra,
y la oscuridad, los pueblos,
pero sobre ti amanece el Señor,
sobre ti aparece su gloria.
3Las naciones caminarán a tu luz,
los reyes, al resplandor de tu aurora.
4Alza tus ojos y mira alrededor:
todos ellos se congregan, vienen a ti.
Tus hijos vienen de lejos,
tus hijas abrazadas a su costado.
5Entonces, mirarás y te pondrás radiante,
palpitará y se ensanchará tu corazón,
pues la abundancia del mar se volcará sobre ti,
llegará a ti la riqueza de las naciones.
6Te cubrirá una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y Efá,
todos vendrán de Sabá
cargados de oro e incienso,
y pregonando alabanzas al Señor.
7Todos los rebaños de Quedar se reunirán junto a ti,
los carneros de Nebayot estarán a tu servicio,
subirán a mi altar como ofrenda grata,
y glorificaré mi Templo glorioso.
8¿Quiénes son esos que vuelan como nubes,
como palomas a sus palomares?
9Las islas me esperan,
con las naves de Tarsis por delante,
para traer a tus hijos de lejos,
con su plata y con su oro,
para el Nombre del Señor, tu Dios,
para el Santo de Israel, que te glorifica.
10Hijos de extranjeros reconstruirán tus murallas,
y sus reyes te servirán,
porque si te herí estando indignado,
con mi benevolencia me he apiadado de ti.
11Tus puertas estarán siempre abiertas,
ni de día ni de noche se cerrarán,
para traerte los tesoros de las naciones
y ser conducidos sus reyes.
12Porque la nación y el reino que no te sirvan, perecerán,
esas naciones serán exterminadas sin remedio.
13La gloria del Líbano vendrá a ti:
cipreses, olmos y alerces, juntos
para embellecer el lugar de mi Santuario
y para que honre el estrado de mis pies.
14Caminarán hacia ti doblegados los hijos de quienes te humillaron;
se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaron,
y te llamarán Ciudad del Señor,
Sión del Santo de Israel.
15Lo mismo que quedaste abandonada, aborrecida,
sin nadie que pasase,
haré de ti objeto de orgullo eterno,
y gozo de generación en generación.
16Te amamantarás de la leche de las naciones,
pechos regios mamarás,
y sabrás que Yo, el Señor, soy tu salvador,
tu Redentor, el Fuerte de Israel.
17En lugar de bronce traeré oro,
en lugar de hierro traeré plata,
en lugar de maderas, cobre,
y en lugar de piedras, hierro.
Te pondré por guardianes la paz,
y por inspectores, la justicia.
18Ya no se oirá más en tu tierra: «¡Violencia!»,
ni dentro de tus fronteras: «¡Destrucción, ruina!»,
sino que llamarás a tus murallas: «Salvación»,
y a tus puertas: «Alabanza».
19No tendrás ya al sol como luz del día,
ni te iluminará el resplandor de la luna,
sino tendrás al Señor como luz eterna
y a tu Dios como tu gala.
20Tu sol no se pondrá jamás,
ni menguará tu luna,
porque tendrás al Señor como luz eterna,
y los días de tu luto se habrán cumplido.
21Tu pueblo, todos ellos, serán justos,
y heredarán la tierra para siempre,
retoño de mi plantación,
obra de mis manos para tenerlo a gala.
22El más pequeño valdrá por mil,
el muchacho, por una nación poderosa.
Yo, el Señor, a su tiempo lo urgiré.
61Is1El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para llevar la buena nueva a los pobres,
a vendar los corazones rotos,
anunciar la redención a los cautivos,
y a los prisioneros la libertad;
2para anunciar el año de gracia del Señor,
el día de venganza de nuestro Dios;
a consolar a los que hacen duelo,
3a restaurar a los que hacen duelo en Sión
dándoles diadema en vez de ceniza,
óleo de gozo en vez de luto,
manto de alabanza en vez de espíritu abatido.
Y se les llamará: «Encinas de justicia»,
«plantación del Señor», para manifestar su gloria.
4Reconstruirán las antiguas ruinas,
levantarán los primitivos restos,
renovarán las ciudades devastadas,
los lugares desolados desde siempre.
5Vendrán extranjeros que apacentarán sus rebaños,
e hijos de forasteros serán sus labradores y sus viñadores.
6Pero ustedes serán llamados: «Sacerdotes del Señor»;
los llamarán: «Ministros de nuestro Dios».
Comerán de las riquezas de las naciones,
y se adornarán de su gloria.
7En vez de oprobio redoblado
y deshonra, el júbilo será su herencia,
pues recibirán el doble en su tierra,
gozarán de eterna alegría.
8Yo, el Señor, amo el derecho,
aborrezco el robo y el crimen;
les daré fielmente su recompensa,
y sellaré con ellos una alianza eterna.
9Su descendencia será famosa entre las naciones,
y sus vástagos, entre los pueblos;
cuantos los vean los reconocerán,
porque son la estirpe que bendijo el Señor.
10Reboso de gozo en el Señor,
y mi alma se alegra en mi Dios,
porque me ha vestido con ropaje de salvación,
me ha envuelto con manto de justicia,
como novio que se ciñe la diadema,
como novia que se adorna con sus joyas.
11Lo mismo que la tierra echa sus brotes,
y el huerto hace germinar sus semillas,
así el Señor Dios hace germinar la justicia
y la alabanza ante todas las naciones.
62Is1Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré
hasta que su justicia despunte como la aurora,
y su salvación arda como una antorcha.
2Las naciones verán tu justicia,
y todos los reyes, tu gloria;
te llamarán con un nombre nuevo,
que pronunciará la boca del Señor.
3Serás corona gloriosa en la mano del Señor,
diadema real en la palma de tu Dios.
4Ya no te dirán más: «Abandonada»,
ni de tu tierra dirán ya: «Desolada»,
sino que te llamarán: «Mi–delicia-está-en-ella»,
y a tu tierra: «Desposada»,
porque el Señor se ha complacido en ti,
y tu tierra tendrá esposo.
5Como un joven se desposa con una virgen,
contigo se desposará tu constructor,
y como se alegra el novio con la novia
se deleitará en ti el Señor.
6Sobre tus murallas, Jerusalén, he puesto centinelas.
Ni de día ni de noche, jamás callarán.
Los que invocan al Señor
no se tomen descanso.
7No le den descanso
hasta que restaure y haga de Jerusalén
la alabanza de la tierra.
8El Señor lo ha jurado por su diestra
y por su brazo fuerte:
«No entregaré más tu trigo
como alimento a tus enemigos,
ni los hijos de extranjeros beberán más
el mosto por el que trabajaste;
9sino que lo comerán quienes lo cosechen
y alabarán al Señor,
y quienes lo vendimien
lo beberán en los atrios de mi Santuario».
10Pasen, pasen por las puertas,
preparen el camino al pueblo.
Allanen, allanen la calzada, límpienla de piedras.
Alcen una bandera para los pueblos».
11Miren, el Señor se hace oír hasta los confines de la tierra:
«Digan a la hija de Sión:
“Mira que llega tu salvador,
mira que trae su recompensa,
y su premio va por delante”.
12Y los llamarán: “Pueblo santo”,
“Redimidos del Señor”.
Y a ti te llamarán: “Buscada”,
“Ciudad–no-Abandonada”».
63Is1«¿Quién es ese que viene de Edom,
desde Bosrá vestido de rojo?
¿Ese con ropaje tan distinguido
que avanza con fuerza imponente?».
«Soy Yo, el que habla con justicia, poderoso para salvar».
2«¿Por qué está roja tu vestidura
y tus ropajes como el de quien pisa el lagar?».
3«He pisado Yo solo el lagar;
de los pueblos, nadie me ha acompañado.
Los he pisado con mi cólera,
los he pateado con mi furor,
su jugo salpicó mis vestiduras
y me he manchado toda mi ropa.
4Pues el día de venganza está en mi corazón,
el año de mi redención ha llegado.
5Miré, pero no había quien me ayudase,
y quedé consternado de que nadie me apoyara.
Pero me salvó mi brazo,
y mi furor fue quien me apoyó.
6Con mi cólera pisoteé pueblos,
y los emborraché con mi furor,
y derramé su jugo por el suelo».
7Quiero recordar las misericordias del Señor,
las obras del Señor dignas de alabanza,
todo cuanto el Señor nos ha concedido,
la multitud de los bienes a la casa de Israel,
cuánto nos ha favorecido con sus misericordias
y la multitud de sus gracias.
8Él había dicho: «En verdad ellos son mi pueblo,
hijos que no me engañarán»,
y se hizo su salvador.
9En todas las tribulaciones de ellos no fue
un mensajero ni un ángel,
sino su rostro quien los salvó.
Por su amor y su piedad, Él los redimió, y los tomó y los llevó
todos los días de antaño.
10Pero ellos fueron rebeldes
y contristaron a su santo espíritu,
de modo que se convirtió en su enemigo,
y Él mismo los combatió.
11Pero se acordó de los días antiguos,
de Moisés y su pueblo.
¿Dónde está el que los sacó del mar
con el pastor de su rebaño?
¿Dónde el que puso en medio de ellos
su santo espíritu?
12¿El que condujo la diestra de Moisés
con su brazo glorioso?
¿El que dividió las aguas ante ellos,
labrándose un Nombre eterno?
13¿El que los hizo caminar por el océano,
como un caballo por el desierto, sin tropiezos?
14Como a ganado que baja al valle
el Espíritu del Señor les dio reposo.
Así condujiste a tu pueblo,
labrándote un Nombre glorioso.
15Mira desde los cielos y ve,
desde tu morada santa y gloriosa:
¿dónde están tu celo y tu poder?
La conmoción de tus entrañas y tu compasión
por mí se han reprimido.
16¡Pero Tú eres nuestro Padre!
Aunque Abrahán ya no nos conozca,
e Israel nos ignore,
¡Tú, Señor, eres nuestro Padre,
nuestro Redentor!
Tu Nombre es eterno.
17¿Por qué, Señor, nos hiciste vagar fuera de tus caminos,
y endureciste nuestro corazón para que no te temiésemos?
¡Vuélvete, por amor a tus siervos,
a las tribus de tu heredad!
18Por breve tiempo estuvo en posesión de tu pueblo santo:
nuestros opresores pisotearon tu Santuario.
19Somos como aquellos sobre los que nunca reinaste,
como si tu Nombre no hubiera sido invocado sobre ellos.
¡Ojalá rasgaras los cielos y bajases!
Ante ti se estremecerían las montañas.
64Is1Como el fuego prende en la maleza, y el fuego hace hervir el agua,
así darías a conocer tu Nombre a tus adversarios
y temblarían las naciones ante Ti.
2Cuando, haciendo prodigios que no aguardábamos,
descendiste, los montes se estremecieron ante Ti.
3Nunca se oyó, ni oído escuchó,
ni ojo vio a un Dios fuera de Ti,
que haga tanto con quien espera en Él.
4Tú sales al encuentro de quien se goza en hacer justicia,
de los que se acuerdan de tus caminos.
Te airaste, y nosotros pecamos contra ellos
por largo tiempo: ¿cómo podemos ser salvos?
5Todos nosotros somos algo inmundo,
todas nuestras justicias son como paños de menstruación.
Todos estamos marchitos como hojarasca
y nuestras iniquidades nos arrastran como el viento.
6No hay quien invoque tu Nombre,
quien se levante para serte fiel,
pues nos has escondido tu rostro
y nos has dejado en mano de nuestras iniquidades.
7Pero ahora, Señor, Tú eres nuestro Padre;
nosotros, el barro, Tú nuestro alfarero,
y todos nosotros la obra de tus manos.
8No te excedas, Señor, en tu irritación,
ni te acuerdes más de la iniquidad.
Antes bien, mira: todos nosotros somos tu pueblo.
9Tus ciudades sagradas han quedado desiertas,
Sión, convertida en desierto,
Jerusalén, en desolación.
10Nuestro Templo santo y glorioso,
donde te alababan nuestros padres,
ha sido pasto del fuego;
cuanto nos era precioso está en ruinas.
11¿Te vas a quedar impasible, Señor, ante todo esto?
¿Te vas a quedar callado y humillarnos hasta el colmo?
65Is1«Me dejé encontrar por quienes no preguntaban, me hallaron los que no me buscaban.
Dije: “¡Aquí estoy, aquí estoy!”,
a una nación que no invocaba mi Nombre.
2Extendía mis manos todo el día
a un pueblo rebelde,
que anda por un camino que no es bueno
en pos de sus antojos,
3un pueblo que me provoca a la ira
en la cara, de continuo,
que hace sacrificios en los huertos
y quema incienso sobre los adobes.
4Que se asientan entre tumbas
y pasan la noche en cavernas,
que comen carne de cerdo
y caldos inmundos en sus platos.
5Que dicen: “Apártate,
no te acerques a mí, que para ti soy santo”.
Esas cosas son humo irritante para mi nariz,
fuego encendido todo el día.
6Está escrito en mi presencia:
“No me callaré, sino que les daré su merecido;
daré en su regazo lo merecido
7por sus culpas y las culpas de sus padres,
todas juntas —dice el Señor—,
que quemaron incienso en los montes
y me ultrajaron en las colinas.
Les tasaré sus obras pasadas
y pondré en su regazo la recompensa”».
Recompensa de los elegidos
8Así dice el Señor:
«Como cuando está el jugo en el racimo
se dice: “No lo eches a perder,
que tiene bendición”,
así haré Yo en atención de mis siervos,
para no echarlo todo a perder.
9De Jacob haré salir la simiente,
y de Judá, el que herede mis montañas.
Mis elegidos las heredarán,
mis siervos habitarán allí.
10El Sarón servirá de pastizal para las ovejas
y el valle de Acor, de establo de vacas
para mi pueblo, para los que me han buscado.
11Pero a ustedes, los que abandonaron al Señor,
los que olvidaron mi monte santo,
los que prepararon mesa para Gad,
los que llenaron copas para Mení,
12a ustedes los destino a la espada;
todos ustedes se arrodillarán para el matadero,
porque llamé y no respondieron,
hablé y no escucharon,
sino que hicieron el mal ante mis ojos
y eligieron lo que me disgustaba».
13Por eso, así dice el Señor Dios:
«Miren: mis siervos comerán
pero ustedes pasarán hambre;
mis siervos beberán
pero ustedes pasarán sed;
mis siervos se alegrarán
pero ustedes se avergonzarán;
14mis siervos cantarán con corazón alegre,
pero ustedes gritarán con corazón dolorido,
y darán alaridos con espíritu quebrantado.
15Y dejarán su nombre
para mis elegidos con la maldición:
“¡Que te mate el Señor Dios!”,
pero a sus siervos los llamará con otro nombre.
16Quien desee ser bendecido en la tierra
será bendecido por el Dios del Amén,
y quien preste juramento en la tierra
jurará por el Dios del Amén,
porque las angustias pasadas serán olvidadas,
y quedarán ocultas a mis ojos.
17Porque, he aquí que
Yo creo unos cielos nuevos y una tierra nueva.
Las cosas pasadas no serán recordadas,
ni vendrán a la memoria.
18Al contrario, alégrense y regocíjense eternamente
de lo que Yo voy a crear,
pues voy a crear a Jerusalén para el gozo,
y a su pueblo para la alegría.
19Me gozaré en Jerusalén
y me alegraré en su pueblo,
y no se oirán más en ella
voces de llanto ni clamor de gemidos.
20Ya no habrá allí niño que viva pocos días,
ni anciano que no colme sus días,
pues se considerará que era joven
el que muera centenario,
y quien no llegue a los cien años
se le tendrá por maldito.
21Edificarán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán de sus frutos.
22No edificarán, y habitará otro,
no plantarán, y comerá otro,
pues los días de mi pueblo serán como los días del árbol,
y de las obras de sus manos disfrutarán mis elegidos.
23No trabajarán en vano,
ni aguardará la ansiedad a los hijos que engendren,
pues serán un linaje de benditos del Señor,
y sus vástagos lo mismo que ellos.
24Sucederá que antes de que me invoquen
Yo responderé;
apenas hablen
Yo los escucharé.
25El lobo y el cordero pastarán juntos,
y el león, como el buey, comerá paja,
pero la serpiente se alimentará del polvo.
No harán mal ni causarán daño
en todo mi monte santo»
—dice el Señor—.
66Is1Esto dice el Señor: «Los cielos son mi trono,
y la tierra, el estrado de mis pies.
¿Qué Templo me van a poder construir,
y qué lugar para mi descanso?
2Todo esto lo ha hecho mi mano,
y todas estas cosas son mías —oráculo del Señor—.
En esto me voy a fijar:
en el pobre y en el de espíritu contrito,
y en el que teme a mi palabra.
3Inmola un toro, como quien mata a un hombre,
sacrifica una oveja, como quien estrangula un perro,
presenta una oblación, como quien ofrece sangre de cerdo,
quema incienso, como quien bendice a un ídolo.
Lo mismo que ellos eligen sus caminos
y su alma se complace en sus abominaciones,
4así elegiré Yo sus desgracias
y les traeré lo que les espanta,
porque llamé y nadie respondió,
hablé y no escucharon,
sino que hicieron el mal ante mis ojos
y eligieron lo que me disgustaba».
5Escuchen la palabra del Señor
los que tiemblan ante su palabra.
Sus hermanos, los que los odian,
los que los rechazan por causa de mi Nombre, han dicho:
«¡Que el Señor manifieste su gloria
para que veamos su gozo!».
Pero ellos quedarán avergonzados.
6Una voz estruendosa sale de la ciudad,
una voz desde el Templo:
es la voz del Señor
que paga el salario a sus enemigos.
7Antes de sentir los dolores de parto, dio a luz.
Antes de venirle los dolores de parto, alumbró a un varón.
8¿Quién oyó jamás cosa igual?
¿Quién vio nunca algo semejante?
¿Acaso se da a luz un país en un solo día?
¿Se alumbra a un pueblo de una sola vez?
Pues apenas sintió los dolores de parto, Sión dio ya a luz a sus hijos.
9«¿Es que Yo iba a abrir la matriz y no dejarla dar a luz?»
—dice el Señor—.
«¿Acaso Yo, que hago dar a luz, la habría de cerrar?»
—dice tu Dios—.
10¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense por ella
cuantos la aman;
exulten de gozo con ella
cuantos le hacían duelo!
11Pues se amamantarán hasta saciarse
del pecho de sus consuelos,
beberán hasta deleitarse
de la ubre de su gloria.
12Porque esto dice el Señor:
«Miren: Yo hago discurrir hacia ella, como un río, la paz,
y, como un torrente desbordado, la gloria de las naciones.
Se amamantarán, serán llevados en brazos,
y acariciados sobre las rodillas.
13Como alguien a quien su madre consuela,
así Yo los consolaré,
y en Jerusalén serán consolados.
14Lo verán y se alegrará su corazón,
y sus huesos florecerán como la hierba.
La mano del Señor se manifestará a sus siervos,
y su furor, a sus enemigos».
15Pues miren: el Señor viene como fuego,
y sus carros, como huracán,
para descargar el ardor de su cólera
y castigar con llamas de fuego.
16Porque el Señor juzgará con fuego
y con su espada a toda carne,
y serán muchas las víctimas del Señor.
17Los que se consagran y purifican para entrar
en los jardines siguiendo a uno que está en el centro,
los que comen carne de cerdo,
de animales inmundos y de ratas,
juntos terminarán
—oráculo del Señor—.
18Yo, que conozco sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir a todas las naciones y lenguas, que acudirán y verán mi gloria. 19Pondré en ellos una señal y enviaré los supervivientes de ellos a las naciones, a Tarsis, Put, Lud, Mésec, Ros, Tubal y Yaván, a las islas remotas, que no oyeron hablar de Mí ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones. 20Traerán a todos sus hermanos de todas las naciones, como ofrenda al Señor, a caballo y en carros, en literas, en mulos y dromedarios a mi monte santo, a Jerusalén —dice el Señor—, del mismo modo que los hijos de Israel traen la oblación en recipientes puros al Templo del Señor. 21Y tomaré también de entre ellos sacerdotes y levitas —dice el Señor—.
22Porque como los cielos nuevos
y la tierra nueva que voy a hacer
permanecerán ante Mí
—oráculo del Señor—,
así permanecerá su linaje y su nombre.
23Y sucederá que de luna nueva en luna nueva,
y de sábado en sábado,
vendrá toda carne a postrarse ante Mí
—dice el Señor—.
24Y saldrán a ver los cadáveres de los hombres
que se rebelaron contra Mí,
pues su gusano no morirá,
ni su fuego se extinguirá.
Y serán abominación para toda carne.