COMENTARIO
Los oráculos que vienen a continuación (51,17-52,12) giran en torno a Jerusalén. La segunda llamada apremiante del profeta («¡Despiértate, despiértate!» v. 17) se dirige ahora a la ciudad santa, que fue devastada y muchos de sus habitantes exiliados a Babilonia. Después de que sus gentes han bebido «la copa del furor divino», y sufrido con el destierro el castigo de sus pecados (vv. 17-20), el Señor dará a beber con creces la copa de su furor a quienes los oprimieron (vv. 21-23). El símbolo de «la copa del furor divino» aparece en otros libros proféticos (Ha 2,16; Jr 25,15-29; Ez 23,31-33) para indicar las pruebas y desgracias permitidas por Dios como castigo para buscar la reacción de arrepentimiento.