COMENTARIO
La tercera llamada apremiante (¡«Despierta, despierta!», v. 1) se dirige a Sión, a Jerusalén, que enseguida va a ser renovada, purificada y reconstruida. La liberación está a sus puertas (vv. 1-2): lo mismo que antaño Dios liberó a los israelitas primero de Egipto y después de Asiria, ahora lo hará de la cautividad de Babilonia, y el pueblo reconocerá que no hay otro Dios que el Señor (vv. 3-6).