COMENTARIO

 Is 60,1-64,11 

En la sección central de la tercera y última parte del libro de Isaías, Jerusalén, restaurada, brilla esplendorosa por albergar la gloria del Señor, y desde ella se anuncia a todas las naciones la salvación que otorgará Dios. El conjunto de estos capítulos respira un aire de esperanza alegre y de luminosidad. De entrada, Jerusalén, esposa del Señor, es invitada a saltar de júbilo, pues el Señor con su gloria será la Luz para la ciudad santa y, desde ella, para todas las naciones (60,1-22). También desde ella, el heraldo del Señor proclama la buena noticia de la liberación a los pobres, a los oprimidos, a los que sufren por cualquier motivo (61,1-11). La ciudad santa resplandecerá de gloria y justicia ante las naciones (62,1-12). Por fin, el Señor, que aparece como vencedor en la gloria y esplendor de Jerusalén, es proclamado dominador soberano al venir como Juez que castiga y premia (63,1-64,11).

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