COMENTARIO

 Is 63,1-6 

El poema resulta sobrecogedor por el lenguaje apocalíptico que utiliza. En él la victoria tiene dos vertientes: por una parte se consigue después de una lucha encarnizada y sangrienta, simbolizada en la imagen de quien pisa la uva en el lagar y termina con la ropa salpicada y teñida de rojo (v. 3). Es una lucha en solitario, sin ayuda ni apoyo (v. 5). Por otra parte, la victoria sobre el enemigo comporta la redención para los suyos (v. 4); el luchador, es ante todo, redentor —goel— (v. 4; cfr 41,14).

La tradición cristiana ha interpretado este texto en sentido mesiánico y lo ha aplicado a Jesucristo. El Apocalipsis de San Juan combina este texto con el Salmo 2 para describir el combate de Cristo con la bestia y la victoria definitiva sobre ella (Ap 19,11-21). La Liturgia de las Horas, que propone el poema como cántico opcional para el tiempo de Pascua, sugiere contemplar con estas palabras de Isaías a Jesucristo, Juez de vivos y muertos, que ha derramado su sangre en la pasión. Y así como el vendimiador se encuentra solo en su dura tarea, sin nadie que le ayude (v. 5), así también Jesús experimentó el abandono de sus discípulos y la soledad del Calvario al llevar a cabo la Redención del mundo.

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