COMENTARIO
La súplica de 63,19b: «¡Ojalá rasgaras los cielos y bajases!», es respondida por Dios en este capítulo, no sin las paradojas de la búsqueda mutua de Dios y de los hombres: quienes no buscaron a Dios, lo encuentran (v. 1), y a quienes Dios se presentó una y otra vez, ésos lo han rechazado, optando por cultos idólatras y sacrificios de muerte (vv. 2-5). Dios juzgará a los ingratos y les dará el castigo merecido (vv. 6-7). Pero tendrá misericordia y no echará a perder el zumo de la uva, el «resto» de sus verdaderos servidores, «un heredero de Judá»; para ellos preparará ganados y apriscos, un gran banquete (vv. 8-16).
Será tan grande la salvación divina que requerirá una nueva creación (vv. 17-25): «unos cielos nuevos y una nueva tierra» que harán olvidar las cosas pasadas (v. 17); una nueva Jerusalén, en la que ya no habrá llanto, sino gozo y disfrute de los bienes (vv. 18-23). Entonces Dios responderá de inmediato cuando lo invoquen (v. 24). En fin, hasta las fieras se volverán mansas, excepto la serpiente, que seguirá con su castigo primordial (v. 25).