COMENTARIO

 Is 65,1-2 

Hay en estas palabras una verdad consoladora. Dios toma la iniciativa y está permanentemente disponible para que se encuentren con Él quienes ni siquiera se han propuesto buscarle, y también los que con rebeldía le han rechazado. A estos últimos les repite San Pablo estas mismas palabras (Rm 10,20) cuando denuncia que no todos obedecieron al Evangelio.

La actitud divina de silenciosa invitación es recordada en un hermoso soneto castellano, recogido en la liturgia de las horas en castellano: «Cuántas veces el ángel me decía: Alma, asómate ahora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía…» (Lope de Vega, Rimas castellanas, soneto XVIII). Por su parte, San Josemaría Escrivá se hace eco de estas palabras al explicar el encuentro del Cirineo con Jesús: «Años más tarde, los hijos de Simón, ya cristianos, serán conocidos y estimados entre sus hermanos en la fe. Todo empezó por un encuentro inopinado con la Cruz. —Me presenté a los que no preguntaban por mí, me hallaron los que no me buscaban. —A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia… no le des consuelos». (S. Josemaría Escrivá, Via Crucis, 5ª estación).

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