COMENTARIO
Una explicación de este versículo la da el nuevo Catecismo: «En el profeta Isaías se encuentra la expresión “Dios de verdad”, literalmente “Dios del Amén”, es decir, el Dios fiel a sus promesas: “Quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén” (Is 65,16). Nuestro Señor emplea con frecuencia el término “Amen” (cfr Mt 6,2.5.16) a veces en forma duplicada (cfr Jn 5,19) para subrayar la fiabilidad de su enseñanza, su Autoridad fundada en la Verdad de Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1063). Y poco más adelante completa: «Jesucristo mismo es el “Amén” (Ap 3,14). Es el “Amén” definitivo del amor del Padre hacia nosotros; asume y completa nuestro “Amén” al Padre: “Todas las promesas hechas por Dios han tenido su ‘sí’ en él; y por eso decimos por él ‘Amén’ a la gloria de Dios” (2 Co 1,20)» (ibidem, n. 1065).