COMENTARIO

 Is 66,1-6 

Los oráculos parecen hacerse eco de los debates surgidos en torno a la reconstrucción del Templo a la vuelta del destierro. Más allá de la reconstrucción material y del culto exterior, lo importante son la verdadera piedad interior, la humildad de corazón y la acogida sincera a la palabra de Dios.

Los vv. 3-4, son de extremada concisión, pero su mensaje es claro: fustigan la incoherencia religiosa de una parte del pueblo. Muestran con dureza la falta de fe y la vaciedad de las prácticas religiosas mediante la comparación de cuatro acciones cultuales legítimas, con otros cuatro actos de cultos idolátricos y execrables.

La voz del Señor desde el Templo (v. 6; cfr 30,30; Jl 4,16; Ez 1,24; Sal 29,3-9), que tiene el significado simbólico de fuerza y poder, parece ser referencia para Ap 16,17, donde el séptimo ángel anuncia el castigo vertiendo su copa en el aire: «Y salió del templo, desde el trono, una voz que decía: “Ya está hecho!”».

En la nueva situación que mira a la edad mesiánica y escatológica, el Templo material dejará de tener importancia para dar paso a un culto espiritual: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. (…) Llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad» (Jn 4,21.23-24).

Volver a Is 66,1-6