COMENTARIO
Jeremías ve una olla hirviendo que empieza a derramarse (v. 13). De este modo se le muestra el sentido de las noticias inquietantes que llegan a Jerusalén y que hablan de los avances de ejércitos extranjeros que amenazan desde el norte a la ciudad santa (vv. 14-15). Vienen como una advertencia de Dios a su pueblo para que reconozca su infidelidad (v. 16). El Señor comienza así a anunciar un castigo, que se irá desarrollando en las páginas que siguen, a los hombres de Judá y de Jerusalén por no haber cumplido la Alianza. Jeremías deberá hablarles para recriminar sus pecados y explicar el sentido de los acontecimientos (vv. 17-18). Se trata de una misión difícil, pero cuenta con la fortaleza de Dios para llevarla a cabo (v. 19).
Se termina así de dibujar el marco en el que se sitúan los oráculos y narraciones contenidos en el libro. Dios no se olvida de los suyos y, en unos momentos críticos de su historia, cuando se acerca el fin del reino de Judá, elige y envía a Jeremías. El Señor lo escoge para hacer recapacitar al pueblo sobre los verdaderos motivos de las desgracias que se abaten sobre él y, cuando se consumen los desastres, para consolarlo con la certeza de que Él nunca abandona.