1Jr1Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes residentes en Anatot, en tierra de Benjamín. 2La palabra del Señor le fue dirigida en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado. 3También, en los días de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el final del año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.
4La palabra del Señor se me dirigió diciendo:
5—Antes de plasmarte en el seno materno, te conocí,
antes de que salieras de las entrañas, te consagré,
te constituí en profeta de las naciones.
6Respondí:
—¡Ay, Señor Dios mío!
Si no sé hablar, que soy muy joven.
7El Señor me contestó:
—No digas que soy muy joven,
porque allá donde te envíe, irás,
y todo cuanto te ordene, lo dirás.
8No les tengas miedo,
que Yo estoy contigo para librarte
—oráculo del Señor—.
9El Señor extendió su mano, tocó mi boca, y me dijo:
—Pongo mis palabras en tu boca.
10Mira, hoy te he constituido sobre las naciones
y los reinos,
para arrancar y abatir,
para destruir y arruinar,
para edificar y plantar.
11La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:
—¿Qué ves, Jeremías?
Respondí:
—Veo una vara de almendro.
12El Señor me contestó:
—Has visto bien, porque vigilo que mi palabra se cumpla.
13La palabra del Señor se dirigió a mí de nuevo diciendo:
—¿Qué ves?
Respondí:
—Veo una olla hirviendo que se vierte desde el norte.
14El Señor me contestó:
—Desde el norte se abate la desgracia
sobre todos los habitantes de esta tierra,
15pues estoy llamando
a todas las dinastías de los reinos del norte
—oráculo del Señor—.
Y todos ellos vendrán a plantar sus reales
a la entrada de las puertas de Jerusalén,
pondrán cerco a todas sus murallas
y a todas las ciudades de Judá.
16Entonces pronunciaré mi juicio sobre ellos
por toda su maldad,
porque me han abandonado,
han quemado incienso a dioses extranjeros,
y se han postrado ante las obras de sus manos.
17Y tú, te ceñirás la cintura,
te levantarás, y les dirás
todo cuanto te ordene.
No les temas,
no vaya a ser que Yo te haga temerles.
18Yo te pongo hoy
como ciudad fortificada,
columna de hierro,
y muralla de bronce
sobre todo el país,
frente a los reyes de Judá y a sus autoridades,
a sus sacerdotes y al pueblo llano.
19Te harán la guerra,
pero no te podrán,
porque estoy contigo para librarte
—oráculo del Señor—.
2Jr1La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:
2—Vete y grita a los oídos de Jerusalén:
«Esto dice el Señor:
“Me acuerdo de ti, del cariño de tu juventud,
del amor de tu desposorio
cuando me seguías por el desierto,
por tierra sin sembrar.
3Consagrado al Señor estaba Israel,
primicia de su cosecha.
Quien osaba comerla, pagaba su culpa,
le alcanzaba la desgracia”»
—oráculo del Señor—.
Infidelidad de Israel
4¡Escuchen la palabra del Señor, casa de Jacob
y familias todas de la casa de Israel!
5Esto dice el Señor:
«¿Qué injusticia encontraron en Mí sus padres
para que se alejaran de Mí,
fueran tras la vanidad,
y se envanecieran?
6Ni siquiera dijeron: «¿Dónde está el Señor,
que nos hizo subir de la tierra de Egipto,
y nos condujo por el desierto,
por tierra de estepas y barrancos,
tierra árida y tenebrosa,
tierra donde no pasa nadie
ni habita hombre alguno?».
7Pues Yo os traje a una tierra de huertos
para que comieran sus frutos y sus bienes.
Pero llegaron y profanaron mi tierra,
hicieron abominable mi heredad.
8Ni siquiera los sacerdotes preguntaron:
«¿Dónde está el Señor?».
Tampoco los guardianes de la Ley me conocieron.
Los pastores se rebelaron contra Mí
y los profetas profetizaron por Baal,
yendo tras lo que nada vale.
9Por eso, seguiré disputando con ustedes
—oráculo del Señor—,
y disputaré con los hijos de sus hijos.
10Pasen a las islas de los Quitim y vean,
manden emisarios a Quedar y escudriñen a fondo,
miren si hay algo igual.
11¿Acaso algún pueblo ha cambiado de dioses
—aunque eso no son dioses—?
Sin embargo, mi pueblo ha cambiado su gloria
por lo que nada vale.
12¡Asómbrense, cielos, de esto,
espántense, estremézcanse al máximo!
—oráculo del Señor—,
13que mi pueblo ha cometido dos males:
me abandonaron a mí,
fuente de aguas vivas,
y se cavaron aljibes,
aljibes agrietados,
que no retienen el agua.
14¿Es Israel un siervo,
o alguien nacido en casa?
¿Por qué se ha convertido en presa?
15Los cachorros de león rugieron contra él,
alzaron su voz,
y dejaron su tierra desolada,
sus ciudades incendiadas,
sin habitantes.
16Hasta los hijos de Menfis y de Tafnes
te raparon la coronilla.
17¿No te ha pasado esto
porque abandonaste al Señor, tu Dios,
cuando te guiaba en tu camino?
18Y ahora, ¿qué te atrae del camino de Egipto?
¿Beber el agua de Sijor?
Y ¿qué te atrae del camino de Asiria?
¿Beber el agua del Río?
19Tu maldad te dará un escarmiento,
y tus infidelidades una reprensión.
Aprende, y mira qué malo y amargo
es que abandones al Señor,
tu Dios, que no me temas
—oráculo del Señor, Dios de los ejércitos—.
20Pues desde antaño rompiste tu yugo,
y soltaste tus coyundas,
y dijiste: «No serviré»,
y en cualquier colina alta,
y bajo cualquier árbol frondoso
te echabas como una prostituta.
21Sin embargo, Yo te había plantado de viña selecta,
toda ella de pura cepa.
¿Cómo es que te me mudaste en sarmientos
de vid bastarda?
22Aunque te laves con sosa
y derroches lejía,
la mancha de tu culpa queda en mi presencia
—oráculo del Señor Dios—.
23¿Cómo dices: «No estoy manchada,
no he ido tras los Baales»?
Mira tu camino por el valle,
reconoce lo que has hecho,
joven camella liviana, que extravía sus caminos,
24asna asilvestrada en el desierto
que en su codicia resopla vientos:
¿quién podrá contener su celo?
El que la busque, que no se fatigue,
en su mes de celo la encontrará.
25Evita que tu pie ande descalzo,
y que tu garganta se reseque.
Pero respondes: «¡Imposible! ¡No!,
porque amo a los extraños
y me iré tras ellos».
26Como se avergüenza el ladrón sorprendido,
así está avergonzada la casa de Israel,
ellos, sus reyes, sus príncipes,
sus sacerdotes y sus profetas,
27los que dicen a un leño: «Tú eres mi padre»,
y a una piedra: «Tú me diste a luz».
Pues me dan la espalda
y no la cara,
pero al tiempo de su desgracia dicen:
«¡Levántate y sálvanos!».
28¿Dónde están los dioses que te hiciste?
Que se levanten, si es que pueden salvarte
al tiempo de tu desgracia,
pues tantos como tus ciudades
son tus dioses, Judá.
29¿Por qué disputan conmigo?
Todos se han rebelado contra Mí
—oráculo del Señor—.
30En vano golpeé a sus hijos,
pues no aceptaron la corrección.
Su espada devoró a sus profetas
como león feroz.
31¡Qué generación la suya!
Presten atención a la palabra del Señor.
¿Acaso he sido un desierto para Israel,
o una tierra lóbrega?
¿Por qué dice mi pueblo: «¡Vayamos errantes,
no vendremos más a Ti!»?
32¿Se olvida una virgen de sus joyas,
una novia, de sus cintas?
Pues mi pueblo me tiene olvidado por
días sin cuenta.
33¡Qué bien amañas tus maneras
para buscar amor!
Por eso, además,
te has habituado a hacer el mal,
34y en tus manos se encuentra
sangre de almas pobres, inocentes,
no de sorprendidos en robo violento.
Y a pesar de todo esto,
35tú dices: «Soy inocente.
En verdad su ira se ha apartado de mí».
Pues mira que voy a poner pleito contra ti
porque dijiste: «No he pecado».
36¡Qué ligera eres
para cambiar tus caminos!
Serás avergonzada por Egipto,
como lo fuiste por Asiria.
37También de allí saldrás
con tus manos en la cabeza,
pues el Señor ha rechazado
a aquellos en quienes confiabas:
no tendrás éxito con ellos.
3Jr1Se dice:
«Si un hombre repudia a su mujer y ella se separa
y llega a ser de otro hombre,
¿volverá de nuevo a ella?,
¿no habrá quedado esa tierra
completamente profanada?».
Pues tú, que has fornicado con muchos amigos,
¿vas a volver a Mí?
—oráculo del Señor—.
2Alza tus ojos a las colinas y mira:
¿dónde no fuiste deshonrada?
Te sentabas junto a los caminos a esperarles
como árabe en el desierto,
y profanaste la tierra
con tus fornicaciones y tu malicia.
3Se retrajeron las lluvias tempranas,
no hubo lluvias tardías,
pero tú tenías el descaro de una ramera,
no te sentías avergonzada.
4Y ahora me dices: «Padre mío,
Tú eres el amor de mi juventud.
5¿Guardará siempre rencor?,
¿lo conservará eternamente?».
Así hablas, mientras haces
las maldades que puedes.
6En los días del rey Josías el Señor me dijo:
—¿Has visto lo que ha hecho la infiel Israel? Se iba por todo monte alto y bajo todo árbol frondoso a prostituirse allí. 7Y Yo me decía: «Después de hacer todo eso, volverá a Mí». Pero no volvió. Su pérfida hermana Judá lo vio. 8Vio que Yo había repudiado a la infiel Israel por todos sus adulterios y le había dado su libelo de repudio. Pero su pérfida hermana Judá no tuvo miedo, sino que fue y se prostituyó ella también. 9Tanto que, por la frivolidad de su fornicación, profanó la tierra. Cometió adulterio con la piedra y con el leño. 10Pero, a pesar de todo eso, su pérfida hermana Judá no volvió a Mí de corazón sino de mentira —oráculo del Señor—.
11Entonces me dijo el Señor:
—Mejor se ha portado la infiel Israel que la pérfida Judá.
12Anda y pregona estas palabras hacia el norte, y di:
—¡Vuelve, infiel Israel!
—oráculo del Señor—.
No apartaré de ustedes mi rostro,
porque soy misericordioso
—oráculo del Señor—;
no guardaré siempre rencor.
13Basta que reconozcas tu culpa,
que te has rebelado contra el Señor, tu Dios,
y has prodigado tus amores con extraños,
bajo cualquier árbol frondoso,
sin escuchar mi voz
—oráculo del Señor—.
14»Vuelvan, hijos descastados, —oráculo del Señor— que Yo soy su amo. Los tomaré, a uno de cada ciudad, y dos de cada tribu, y los traeré a Sión. 15Les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con saber e inteligencia. 16Cuando se multipliquen y den fruto en el país, en aquellos días —oráculo del Señor—, no mencionarán ya el arca de la alianza del Señor, ni se les vendrá a la memoria, ni la recordarán, ni la echarán de menos, ni se hará otra. 17En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono del Señor». Todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, en el Nombre del Señor, y no seguirán a su perverso y obstinado corazón. 18En aquellos días, la casa de Judá irá con la casa de Israel, y llegarán juntos desde la tierra del norte a la tierra que di en heredad a sus padres.
19Yo me decía:
«¿Cómo voy a ponerte entre mis hijos,
y darte una tierra de delicias,
la heredad más hermosa de las naciones?».
Y me respondía:
«Me llamarán Padre mío,
y no dejarán de seguirme.
20Pero, lo mismo que traiciona una mujer a su amante,
así me han traicionado, casa de Israel»
—oráculo del Señor—.
21Una voz se oye sobre las colinas,
llanto y gemidos de los hijos de Israel,
porque torcieron su camino,
se olvidaron del Señor, su Dios.
22«¡Vuelvan, hijos descastados,
Yo curaré sus infidelidades».
«¡Aquí estamos. A Ti venimos,
porque Tú eres el Señor, nuestro Dios!
23En verdad, mentirosas son las colinas,
el bullicio de los montes.
En verdad, en el Señor, nuestro Dios,
está la salvación de Israel.
24La vergüenza devoró el esfuerzo de nuestros padres
desde nuestra juventud,
sus rebaños y sus reses,
sus hijos y sus hijas.
25Nos acostaremos con nuestra vergüenza
y nos taparemos con nuestra ignominia,
pues hemos pecado contra el Señor, nuestro Dios,
nosotros y nuestros padres,
desde nuestra juventud hasta hoy,
y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios».
4Jr1«Si vas a volver, Israel,
—oráculo del Señor—
vuélvete a Mí.
Si quitas de mi presencia tus ídolos abominables,
no andarás errante.
2Si juras: “Vive el Señor”,
con verdad, juicio y justicia,
en Él serán benditas las naciones,
y en Él se gloriarán.
3Porque esto dice el Señor
a los hombres de Judá y a Jerusalén:
“Roturen un labrantío,
y no siembren sobre zarzas.
4Circuncídense por el Señor
y corten los prepucios de su corazón,
hombres de Judá y habitantes de Jerusalén,
no sea que mi cólera se encienda como fuego,
se inflame, y no haya quien la apague,
ante la maldad de sus acciones”».
5Anuncien en Judá,
pregonen y hablen en Jerusalén,
toquen la trompeta en la tierra,
griten a pleno pulmón
diciendo: «¡Reúnanse, entremos
en las ciudades fortificadas!».
6Icen bandera en Sión,
pónganse a salvo, no se detengan,
que traigo una desgracia desde el norte,
un quebranto enorme.
7Un león sube de su guarida,
un destructor de naciones está en camino,
salió de sus parajes
para dejar tu tierra desolada,
tus ciudades destruidas, deshabitadas.
8Por eso, cíñanse de saco,
hagan duelo y giman,
que no se aparta de nosotros
el ardor de la cólera del Señor.
9En aquel día
—oráculo del Señor—
desfallecerá el corazón del rey
y el corazón de los príncipes,
perderán el aliento los sacerdotes,
y quedarán atónitos los profetas. 10Y dije:
«¡Ah, Señor Dios!
Engañaste por completo a este pueblo y a Jerusalén
diciendo: “Tendrán paz”,
cuando la espada ha penetrado hasta el alma».
11En aquel tiempo se dirá
a este pueblo y a Jerusalén:
«Un viento ardiente de las dunas del desierto
se encamina hacia la hija de mi pueblo,
y no para aventar ni limpiar».
12Un viento impetuoso me llega:
ahora me toca a mí pronunciar
los juicios contra ellos.
13Miren que avanza como las nubes,
y sus carros son como el huracán,
sus caballos son más ligeros que águilas.
¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!
14Lava de maldad tu corazón, Jerusalén,
para que puedas salvarte.
¿Hasta cuándo abrigarás en tu pecho
tus inicuos pensamientos?
15Es la voz del mensajero de Dan,
que anuncia la calamidad desde los montes de Efraím.
16Anúncienlo a las naciones, ¡ya están ahí!
Pregónenlo en Jerusalén:
«De tierra lejana llegan los vigías,
alzan su voz contra las ciudades de Judá,
17como centinelas de campo apostados a su alrededor,
porque se rebeló contra Mí»
—oráculo del Señor—.
18Tu camino y tus obras
te han traído esto,
tal es tu maldad, que es amarga,
que te alcanza el corazón.
19¡Mis entrañas, mis entrañas! ¡Me duelen!
¡Las paredes de mi corazón!
Se me estremece el corazón.
No podré callar,
porque yo mismo he oído el sonar de la trompeta,
el toque de combate.
20Quebranto sobre quebranto se anuncia,
pues toda la tierra es devastada,
mis tiendas, destruidas de repente,
mis pabellones, en un instante.
21¿Hasta cuándo veré banderas
y escucharé el son de la trompeta?
22«Es que mi pueblo es necio,
no me conocen;
son hijos estúpidos,
no son inteligentes;
son diestros para el mal,
no saben hacer el bien».
23Miro a la tierra, y es caos y vacío,
a los cielos, y no tienen luz.
24Miro a los montes, y están temblando,
y todas las colinas se estremecen.
25Miro, y no hay nadie,
y todas las aves del cielo habían huido.
26Miro, y el vergel es un desierto,
y todas sus ciudades habían sido destruidas
delante del Señor,
ante el ardor de su ira.
27Pues esto dice el Señor:
«Todo el país quedará desolado,
pero no lo aniquilaré por completo.
28Así que la tierra guardará luto,
y allá arriba se oscurecerán los cielos,
porque lo he dicho, lo tengo decidido,
y no me arrepiento, ni me volveré atrás».
29Ante los gritos de jinetes y arqueros
huye toda la gente,
se adentran en las espesuras,
trepan por las peñas,
toda ciudad es abandonada,
no queda en ellas nadie.
30Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer?
Por más que te vistas de púrpura,
por más que te adornes con joyas de oro,
por más que te rasgues los ojos con pintura,
en vano te embelleces:
tus amantes te desprecian,
sólo buscan tu vida.
31Oí gritos como de parturienta,
angustias como de primeriza:
es la voz de la hija de Sión que jadeaba
y extendía sus brazos:
«¡Ay de mí, que desfallezco
delante de los asesinos!».
5Jr1Recorran las calles de Jerusalén,
miren bien y entérense,
busquen por sus plazas
a ver si encuentran a un hombre,
si hay quien haga justicia
y busque la fidelidad:
entonces la perdonaré.
2Aunque digan: «¡Vive el Señor!»,
juran en falso.
3¡Señor! ¿Es que tus ojos
no buscan la fidelidad?
Los heriste, pero no se dolieron,
los destruiste, pero no escarmentaron.
Endurecieron su rostro más que la roca,
se negaron a convertirse.
4Yo pensaba:
«Seguro que los pobres son unos necios
que ignoran el camino del Señor,
los juicios de su Dios.
5Acudiré a los magnates
y les hablaré a ellos,
pues ellos sí conocen el camino del Señor,
los juicios de su Dios».
Pero éstos, al unísono, rompieron el yugo,
soltaron las coyundas.
6Por eso los hiere el león de la selva,
los destroza el lobo de las estepas,
el leopardo acecha sus ciudades:
quien sale de ellas es despedazado,
porque se multiplicaron sus pecados,
se redoblaron sus infidelidades.
7«¿Cómo voy a perdonarte esto?
Tus hijos me abandonaron
y juraron por quienes no son Dios.
Yo los sacié, pero ellos fornicaron,
se agolpaban en casa de prostitutas.
8Son caballos sementales en celo,
cada cual relincha por la mujer de su prójimo.
9¿No he de pedirles cuenta de esto?
—oráculo del Señor—.
De una gente como ésta
¿no he de vengarme?
10Escalen sus murallas y devasten,
pero no hagan destrucción total.
Arranquen sus sarmientos,
que no son del Señor,
11pues me traicionó por completo
la casa de Israel y la casa de Judá»
—oráculo del Señor—.
12Renegaron del Señor diciendo:
«Él no existe,
no nos vendrá ningún mal,
no vamos a ver espada ni hambre.
13Los profetas son viento,
la palabra del Señor no está en ellos;
¡así haga con ellos!».
14Por eso, así dice el Señor, Dios de los ejércitos:
«Por haber dicho ellos esas palabras,
Yo pondré mis palabras
en tu boca como fuego:
este pueblo es leña
y la devorará.
15Haré venir contra ustedes
una nación lejana, ¡oh casa de Israel!
—oráculo del Señor—,
una nación fuerte,
una nación de raigambre,
una nación cuya lengua ignoras
y no entenderás lo que hable.
16Su aljaba es como una tumba abierta,
todos ellos son aguerridos.
17Se comerá tu cosecha y tu pan,
se tragará a tus hijos y a tus hijas,
devorará tus rebaños y tus reses,
se comerá tus viñas y tus higueras.
Arrasará con su espada
las ciudades fortificadas en que confías.
18Pero tampoco en aquellos días
—oráculo del Señor—
los destruiré por completo».
19Y cuando pregunten: «¿Por qué el Señor, nuestro Dios, ha hecho todo esto con nosotros?», les contestarás: «Lo mismo que me abandonaron a Mí para servir a dioses extranjeros en su tierra, así servirán a extranjeros en una tierra que no es suya».
20Anuncien esto a la casa de Jacob,
pregónenlo en Judá, diciendo:
21«Escuchen bien esto,
pueblo insensato y sin cordura,
tienen ojos y no ven,
oídos y no oyen.
22¿No me temerán a Mí
—oráculo del Señor—,
no temblarán delante de Mí,
que puse la arena como frontera del mar,
como linde perpetua que no ha de pasar?
Aunque se agiten no podrán,
aunque rujan sus olas, no la traspasarán».
23Pero este pueblo tiene
un corazón obstinado y rebelde,
se desviaron y se marcharon.
24No pensaron en su interior:
«Debemos temer al Señor, nuestro Dios,
que da la lluvia a su tiempo,
la temprana y la tardía,
y nos guarda las semanas
asignadas a la siega».
25Sus culpas han torcido estas cosas,
y sus pecados los han privado del bien;
26porque en mi pueblo hay impíos
que están al acecho como cazadores de pájaros,
tienden redes, ponen trampas
para atrapar a los hombres.
27Como jaulas llenas de pájaros,
están sus casas repletas de fraudes.
Así es como se han hecho poderosos y ricos,
28y se han puesto grasientos y gordos.
Se han excedido en malas acciones.
Justicia: no han hecho justicia,
justicia al huérfano, para sacarlo adelante,
ni defendieron el derecho de los pobres.
29¿No he de pedirles cuenta de esto?
—oráculo del Señor—
De una gente como ésta,
¿no he de vengarme?
30Cosas atroces y monstruosas
suceden en el país:
31los profetas vaticinan mentiras,
los sacerdotes dominan a la fuerza,
y mi pueblo así lo prefiere.
Pero a la postre, ¿qué harán?
6Jr1¡Pónganse a salvo, hijos de Benjamín,
fuera de Jerusalén!
Toquen la trompeta en Tecoa,
alcen una señal en Bet–Ha-Quérem,
que por el norte asoma la desgracia,
un enorme quebranto.
2A la hermosa y exquisita,
a la hija de Sión, he acallado.
3Contra ella vienen pastores con sus rebaños,
alzan las tiendas a su alrededor,
cada cual apacienta su manada.
4«¡Preparen el combate contra ella!
¡En pie, asaltémosla a mediodía!
¡Ay de nosotros, que el día declina,
que se alargan las sombras de la tarde!
5¡De pie, y asaltémosla de noche
y destruyamos sus palacios!».
6Esto dice el Señor de los ejércitos:
«Talen árboles,
y alcen terraplenes contra Jerusalén.
Ésta es la ciudad del castigo,
toda ella está llena de opresión.
7Como un pozo hace manar sus aguas,
así hace manar ella su maldad.
Violencia y pillaje resuena en ella,
ante Mí siempre hay dolores y plagas.
8Enmiéndate, Jerusalén,
no sea que me aparte de ti,
no sea que te convierta en desolación,
en tierra deshabitada».
9Esto dice el Señor de los ejércitos:
«Rebusca a fondo, como en viña,
en los restos de Israel.
Vuelve a meter tu mano, como vendimiador
entre los pámpanos».
10¿A quién tengo que hablar
y poner como testigo para que me escuchen?
Pues tienen oídos incircuncisos,
incapaces de prestar atención.
La palabra del Señor se ha vuelto para ellos
una burla, no les gusta.
11Por eso, estoy lleno de la ira del Señor,
agotado de contenerla.
«¡Derrámala sobre los niños en la calle,
y sobre los corros de jóvenes también!
Que sean atrapados marido y mujer,
el anciano y el colmado de días.
12Sus casas pasarán a otros,
con sus campos y mujeres,
cuando extienda Yo mi mano
contra los que habitan el país
—oráculo del Señor—.
13Pues del menor al mayor,
todos están ávidos de lucro.
Desde el profeta hasta el sacerdote,
todos se ejercitan en la mentira.
14Pretenden curar el quebranto de mi pueblo
diciendo a la ligera:
“¡Paz, paz!”, cuando no hay paz.
15¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron?
Avergonzarse, no se avergonzaron.
Ruborizarse, tampoco saben.
Por eso, caerán con los que caigan,
tropezarán cuando Yo les tome cuenta»
—oráculo del Señor—.
16Esto dice el Señor:
«Hagan un alto en los caminos y miren,
pregunten por las antiguas rutas
cuál es el camino del bien,
y síganlo,
y hallarán descanso para sus almas».
Pero dijeron:
«No lo seguiremos».
17Yo les había puesto centinelas:
«Presten atención al toque de trompeta».
Pero respondieron:
«No la prestaremos».
18Por eso, escuchen, naciones,
entérate, comunidad,
de lo que les va a venir.
19Escucha, tierra:
«Mira que voy a traer desgracia
sobre este pueblo,
como fruto de sus maquinaciones,
porque no prestaron atención a mis palabras
y despreciaron mi Ley.
20¿Qué me importa el incienso de Sabá
y la caña aromática de tierras lejanas?
Sus holocaustos no me son gratos,
sus sacrificios no me complacen».
21Por eso dice el Señor:
«Miren que voy a poner a este pueblo
obstáculos en que tropiecen:
padres e hijos a una,
vecinos y amigos se perderán».
22Esto dice el Señor:
«Miren que de la tierra del norte viene un pueblo,
una gran nación surge de los confines de la tierra.
23Empuñan arcos y lanzas,
son crueles e implacables,
su fragor resuena como el mar.
Montan sobre caballos
preparados en orden de combate
contra ti, hija de Sión».
24Al oír la noticia, nuestras manos desfallecen,
nos atenaza la angustia,
el dolor de parto.
25¡No salgas al campo!,
¡no andes por los caminos!,
que la espada del enemigo,
el terror, nos rodea.
26Hija de mi pueblo, cíñete de saco,
revuélcate en ceniza,
haz duelo como por hijo único,
un llanto amargo,
porque vendrá de repente
el devastador sobre nosotros.
27«Te constituyo examinador de mi pueblo, baluarte,
para que conozcas y examines su camino.
28Todos ellos son rebeldes obstinados,
que andan difamando;
bronce y hierro corroídos son todos ellos.
29Sopló el fuelle,
por el fuego se derritió el metal,
mas en vano refinó el refinador,
porque las escorias no se separaron.
30Plata de desecho los llamarán,
porque el Señor los ha desechado».
7Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte del Señor:
2—Ponte a la puerta del Templo del Señor. Allí pregonarás esta palabra: «Escuchen la palabra del Señor, todos los de Judá que entran por estas puertas para adorar al Señor. 3Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Enmienden sus caminos y sus obras, y habitaré con ustedes en este lugar. 4No se fíen de palabras mentirosas, diciendo: “Éste es el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor”. 5Porque sólo si realmente enmiendan sus caminos y sus obras, si realmente hacen justicia a unos y a otros, 6si no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda, y no derraman sangre inocente en este lugar, y no andan, para su mal, en pos de dioses extranjeros, 7sólo entonces habitaré con ustedes en este lugar, en la tierra que di a sus padres por los siglos de los siglos.
8»Pero ustedes confian en palabras mentirosas que de nada sirven. 9¿Van a robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, quemar incienso a Baal, andar en pos de dioses extranjeros que no conocían, 10y van a venir después a presentarse ante Mí en este Templo, en el que se invoca mi Nombre, y dicen: “Estamos salvados”, para luego cometer todas estas abominaciones? 11¿Es acaso a sus ojos una cueva de ladrones este Templo en el que se invoca mi Nombre? Yo mismo lo he visto —oráculo del Señor—. 12Si no, anden a mi lugar en Siló, donde antaño hice habitar mi Nombre, y vean lo que hice con él a causa de la maldad de mi pueblo Israel. 13Ahora, por haber obrado todas estas acciones —oráculo del Señor—, mientras Yo les hablaba repetidas veces sin que me escucharan, y los llamaba sin que me respondieran, 14haré con el Templo en que es invocado mi Nombre, en el que confían, y con el lugar que les di a ustedes y a sus padres, lo mismo que hice con Siló. 15Y los arrojaré de mi presencia como arrojé a todos sus hermanos y a la entera estirpe de Efraím.
16»Pero tú no intercedas por este pueblo, ni eleves en favor de ellos súplicas ni oraciones, ni me insistas, porque no te escucharé. 17¿Es que no ves lo que hacen ellos en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18Los hijos recogen leña, los padres encienden fuego y las mujeres preparan la pasta para hacer tortas a la Reina de los Cielos y hacen libaciones a dioses extranjeros para ofenderme. 19¿Es a Mí a quien ofenden? —oráculo del Señor—. ¿No es más bien a ellos mismos para su propia vergüenza? 20Por esto, así dice el Señor Dios: “Miren que mi ira y mi furor se van a volcar sobre este lugar, sobre los hombres y los ganados, sobre los árboles del campo y los frutos del suelo, y arderán sin apagarse”».
21Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
«Sigan añadiendo sus holocaustos a sus sacrificios y comiendo carne, 22que Yo no hablé a sus padres ni les di preceptos sobre holocaustos y sacrificios el día que los saqué de la tierra de Egipto. 23Sino que esto fue lo que les ordené: “Escuchen mi voz y Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo y andarán por todo camino donde los mande, para que les vaya bien”. 24Ellos, sin embargo, no me escucharon ni prestaron oídos, sino que caminaron según sus designios, siguiendo a su perverso y obstinado corazón, y me dieron la espalda en vez de la cara. 25Desde el día en que sus padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy, les fui enviando, sin cesar, a tantísimos siervos míos, los profetas. 26Pero no me escucharon, ni prestaron oídos, sino que endurecieron su cerviz y fueron peores que sus padres.
27»Les repetirás todas estas palabras, pero no te escucharán. Les gritarás, pero no te responderán. 28Entonces les dirás: “Ésta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni aceptó la instrucción. Se perdió la fidelidad, fue arrancada de su boca”.
29Córtate la cabellera y tírala,
y entona un canto de duelo en las cimas,
que el Señor repudió y abandonó
a la generación que encendió su ira.
30»Porque los hijos de Judá han hecho lo que es malo a mis ojos —oráculo del Señor—, han puesto sus ídolos abominables en el Templo en que es invocado mi Nombre para mancillarlo, 31y erigieron los altares altos del Tófet, en el valle de Ben–Hinom, para pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas, lo que no les ordené ni subió jamás a mi corazón. 32Por eso, vienen días —oráculo del Señor— en que ya no se llamará Tófet ni valle de Ben–Hinom, sino valle de la Matanza. Enterrarán en el Tófet, por falta de sitio, 33y los cadáveres de este pueblo servirán de pasto a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, sin que haya quien las espante. 34Y en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén haré cesar la voz de alegría y la voz de gozo, la voz de la novia y la voz del novio, porque el país se convertirá en una ruina.
8Jr1»En aquel tiempo —oráculo del Señor— sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén. 2Los expondrán al sol, a la luna y a todos los astros del cielo, a quienes amaron, a quienes sirvieron, en pos de quienes caminaron, a quienes consultaron y ante quienes se postraron. No serán recogidos ni enterrados, servirán de estiércol sobre la superficie del campo. 3Y será preferible la muerte a la vida para todo superviviente que quede de esta raza perversa, en cualquier lugar adonde Yo los disperse» —oráculo del Señor—.
4Has de decirles:
—Esto dice el Señor:
«¿Es que si alguien se cae, no se levanta,
y si se desvía, no se vuelve?
5¿Por qué es tan rebelde este pueblo,
Jerusalén, infiel obstinada?
Se aferraron al embuste,
se negaron a convertirse.
6He estado atento y he escuchado bien:
no hablan como deben.
No hay quien se arrepienta de su maldad
y diga: “¿Qué he hecho?”.
Cada uno retorna a sus carreras
como caballo lanzado a la batalla.
7Hasta la cigüeña en el cielo
conoce su estación,
y la tórtola, la golondrina y la grulla
guardan los plazos de sus migraciones,
pero mi pueblo no conoce
los juicios del Señor.
8¿Cómo dicen: “Somos sabios,
tenemos la Ley del Señor”?,
cuando la ha convertido en mentira
la pluma mentirosa de los escribas.
9Los sabios serán avergonzados,
quedarán confundidos y atrapados.
Si han rechazado la palabra del Señor,
¿qué sabiduría les queda?
10Por eso, daré sus mujeres a extranjeros,
sus campos, a usurpadores,
porque, desde el menor hasta el mayor,
todos están ávidos de lucro;
desde el profeta hasta el sacerdote,
todos se ejercitan en la mentira.
11Pretenden curar el quebranto de mi pueblo
diciendo a la ligera:
“¡Paz, paz!”, cuando no hay paz.
12¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron?
Avergonzarse, no se avergonzaron.
Ruborizarse tampoco saben.
Por eso, caerán con los que caigan,
tropezarán cuando Yo les tome cuenta,
ha dicho el Señor.
13Los agotaré hasta el extremo
—oráculo del Señor—:
no quedarán racimos en la viña,
ni higos en la higuera,
hasta las hojas se marchitarán,
lo que les di, lo perderán».
14¿Por qué estamos sentados? ¡Reúnanse,
entremos en las ciudades fortificadas,
perezcamos allí!,
ya que el Señor, nuestro Dios,
nos hace perecer,
nos da a beber agua envenenada,
porque hemos pecado contra el Señor.
15Esperábamos paz, y no hay bien,
tiempo de salud, y cunde el pánico.
16Desde Dan se oye el resoplar de los caballos,
al sonido del relinchar de sus bridones
retiembla la tierra entera.
Ya llegan a devorar el país y cuanto hay en él,
la ciudad y sus habitantes.
17«Miren que les voy a enviar
serpientes venenosas,
contra las que no hay encantamiento,
para que los muerdan»
—oráculo del Señor—.
18Mi alegría se me ha vuelto congoja,
mi corazón está afligido.
19Es el grito de socorro de la hija de mi pueblo
desde una tierra lejana:
“¿Es que ya no está el Señor en Sión?
¿Ya no está en ella su rey?”.
“¿Por qué me irritaron con sus ídolos,
con falacias extranjeras?”.
20“Pasó la siega, se acabó el verano,
pero nosotros no hemos sido salvados”.
21Estoy afligido por la aflicción de la hija de mi pueblo,
me siento consternado, atrapado por el espanto.
22¿No hay ya bálsamo en Galaad?
¿No queda médico allí?
¿Por qué no mejora la hija de mi pueblo?
23¡Ojalá fuese agua mi cabeza,
y mis ojos fuente de lágrimas,
para llorar día y noche
a las víctimas de la hija de mi pueblo!
9Jr1¡Ojalá encontrara en el desierto
una posada de caminantes,
para abandonar a mi pueblo y alejarme de ellos, pues todos son unos adúlteros,
una banda de traidores.
2«Tensan su lengua como un arco:
la mentira, en vez de la verdad,
predomina en el país.
Van de mal en peor,
y me desconocen
—oráculo del Señor—.
3Que cada uno se guarde de su prójimo,
y desconfíe hasta de su hermano,
pues cualquier hermano hace trampas,
y cualquier amigo anda calumniando.
4Los amigos se defraudan
y no dicen la verdad,
han adiestrado su lengua en decir mentiras,
obran el mal, son incapaces
5de convertirse: fraude y más fraude,
embuste y más embuste,
se niegan a conocerme»
—oráculo del Señor—.
6Por eso, esto dice el Señor de los ejércitos:
«Yo mismo voy a acrisolarlos y a examinarlos,
pues ¿qué voy a hacer con la hija de mi pueblo?
7Su lengua es flecha infestada,
las palabras en su boca, un embuste:
“Paz” dice a su prójimo,
pero por dentro le tiende insidias.
8¿No he de pedirles cuenta de esto?
—oráculo del Señor—.
De una gente como ésta
¿no he de vengarme?».
9Por los montes elevaré llantos y lamentos,
cantos de duelo por los pastizales del desierto,
porque están abrasados, sin que nadie transite;
desde las aves del cielo hasta las bestias
huyeron, se marcharon.
10«Yo haré de Jerusalén un montón de escombros,
una guarida de chacales,
y convertiré las ciudades de Judá en desolación,
sin habitantes».
11¿Quién es tan sabio para discernir esto,
y a quien habla la boca del Señor
para anunciarlo?
¿Por qué pereció el país,
y ha sido abrasado como un desierto,
sin nadie que lo transite?
12Y respondió el Señor:
—Porque abandonaron la Ley que les había entregado, y no escucharon mi voz, y no se condujeron por ella, 13sino que con su corazón obstinado, marcharon tras los baales, que sus padres les enseñaron. 14Por eso, esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Yo daré a comer ajenjo a este pueblo, y les haré beber agua envenenada. 15Los dispersaré entre naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré la espada tras ellos, hasta acabarlos».
16Esto dice el Señor de los ejércitos:
«Reflexionen y llamen a las plañideras para que vengan,
hagan que vengan las más hábiles,
17que se den prisa
y eleven lamentaciones por nosotros,
para que nuestros ojos viertan lágrimas,
y manen agua nuestros párpados.
18Que de Sión se oye voz de lamento:
“¡Qué arruinados estamos,
qué tremendamente avergonzados!
Hemos de abandonar el país,
pues han destruido nuestras casas”.
19Escuchen, pues, mujeres, la palabra del Señor,
que sus oídos perciban la palabra de su boca.
Enseñen lamentaciones a sus hijas,
y unas a otras cantos de duelo.
20Pues la muerte ha subido por sus ventanas,
ha entrado en nuestros palacios,
para aniquilar a los niños en la calle,
a los jóvenes en las plazas.
21Habla. Así es el oráculo del Señor:
«Los cadáveres de los hombres son echados
como estiércol sobre la superficie del campo,
como gavillas tras el segador,
que nadie recoge».
22Esto dice el Señor:
«No se jacte el sabio de su sabiduría,
ni se jacte el fuerte de su fuerza,
ni se jacte el rico de su riqueza,
23quien quiera jactarse que se jacte de esto:
de tener inteligencia y conocerme,
que Yo soy el Señor,
que hago misericordia,
juicio y justicia en la tierra,
porque en esto me complazco»
—oráculo del Señor—.
24Miren que vienen días —oráculo del Señor— en que tomaré cuentas a todo circunciso sólo de prepucio: 25a Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Amón y a Moab, y a todos los de sienes rapadas, moradores del desierto, porque todas esas gentes, como toda la casa de Israel, son incircuncisos de corazón».
10Jr1Escuchen la palabra que les dirige el Señor, casa de Israel. 2Esto dice el Señor:
«No imiten la conducta de las naciones,
y no se asusten de los signos celestes,
aunque las naciones se asusten de ellos.
3Porque los ritos de los pueblos son vanidad:
leño cortado de un bosque,
tallado con gubia por mano de artífice.
4Con plata y oro lo embellecieron,
con clavos y martillo
lo sujetaron para que no se moviese.
5Son como espantapájaros de melonar,
que no hablan,
a los que hay que llevar, porque no andan.
No les teman, porque no hacen mal,
ni tampoco pueden hacer bien».
6No hay como Tú, Señor,
Tú eres grande,
y grande en poderío es tu Nombre.
7¿Quién no te temerá, rey de las naciones,
pues a Ti te es debido,
porque entre todos los sabios de las naciones
y todos sus reinos,
no hay como Tú.
8Todos en conjunto son necios y estúpidos,
doctrina de vanidades, son un leño;
9chapas de plata
traídas de Tarsis,
y oro de Ufaz,
obra de artífice y manos de orfebre,
de grana y púrpura es su vestido;
todos son obra de artistas.
10El Señor, en cambio, es el Dios verdadero,
el Dios vivo y el rey eterno.
Ante su cólera, tiembla la tierra,
y las naciones no pueden soportar su ira.
11Por eso les han de decir:
«Los dioses que no han hecho el cielo y la tierra, ésos desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo».
12Él hizo la tierra con su poder,
cimentó el orbe con su sabiduría,
y extendió los cielos con su inteligencia.
13Cuando Él truena, hay fragor de aguas en los cielos,
y levanta nubarrones desde el horizonte,
produce relámpagos para que llueva,
saca el viento de sus almacenes.
14Todo hombre es ignorante, sin ciencia,
todo orfebre se avergüenza de sus ídolos,
pues mentira es su fundición:
en ellos no hay espíritu.
15Son vanidad, obra ilusoria,
al tiempo de su castigo perecerán.
16No es como ellos la heredad de Jacob,
porque es Él el que modeló todo,
e Israel es la tribu de su propiedad,
y su Nombre es el Señor de los ejércitos.
17Recoge del suelo tu equipaje
tú que habitas en la ciudad sitiada,
18pues esto dice el Señor:
«Miren que esta vez voy a lanzar lejos
a los habitantes del país,
los pondré en aprieto
para que me encuentren».
19¡Ay de mí, qué quebranto el mío!
¡Mi llaga es incurable!
Yo me decía: «Esto no es más que un malestar,
lo podré sobrellevar».
20Mi tienda ha sido arrasada
y todas mis cuerdas, rotas.
Mis hijos se me han ido, no queda ninguno,
no hay ya quien monte mi tienda,
ni quien levante mis toldos,
21pues los pastores se han vuelto estúpidos
y no buscan al Señor;
por eso no razonan,
y todo su rebaño
se ha dispersado.
22Un rumor se oye, ya llega,
un gran estrépito de la tierra del norte,
para hacer de las ciudades de Judá
una desolación, una guarida de chacales.
23Yo sé, Señor,
que el hombre no es dueño de su destino,
que no está en poder de quien camina
designar su suerte.
24Corrígeme, Señor, pero con mesura,
no con tu ira, no sea que me aniquiles.
25Derrama tu furor sobre las naciones
que no te conocen,
y sobre las gentes
que no invocan tu Nombre;
pues han devorado a Jacob,
se lo han comido, lo han aniquilado,
y han destruido su morada.