COMENTARIO

 Jr 3,12-13 

Es probable que esta llamada a la conversión vaya dirigida a Judá y exprese en verso la misma invitación que recogen en prosa 3,14ss. Sería así la consecuencia de la parábola de las dos hermanas: ambas deben convertirse para alcanzar el perdón y la libertad. Aunque los derechos de Israel derivados de la Alianza habían desaparecido por completo como consecuencia de sus infidelidades (cfr 3,1-5), el Señor siempre permanece esperando con los brazos abiertos. Necesita, no obstante, que el pueblo acuda a Él, reconociendo humildemente los pecados para obtener su perdón. El amor a Dios no se satisface con palabras engañosas, sino que ha de manifestarse con hechos, y exige romper con todo lo que impida la comunión mutua que requiere la exclusividad del amor esponsal. Pero a la vez Dios siempre perdona si encuentra en el corazón del hombre el deseo de conversión, «principio y camino de su rehabilitación y condición para recuperar lo que con sus solas fuerzas no podría alcanzar: la amistad de Dios, su gracia y la vida sobrenatural, la única en la que pueden resolverse las aspiraciones más profundas del corazón humano» (S. Juan Pablo II, Incarnationis mysterium, n. 2).

Volver a Jr 3,12-13