COMENTARIO
La imagen de las aves migratorias tiene aquí una fuerza especial, pues estimula a buscar sinceramente el bien, sin justificar la propia comodidad o pereza con movimientos engañosos: «¡Ay del que se adorna con la hojarasca de un falso apostolado, del que ostenta la frondosidad de una aparente vida fecunda, sin intentos sinceros de lograr fruto! Parece que aprovecha el tiempo, que se mueve, que organiza, que inventa un modo nuevo de resolver todo… Pero es improductivo. Nadie se alimentará con sus obras sin jugo sobrenatural. (…) Os recuerdo de nuevo que nos queda poco tiempo: tempus breve est (1 Co 7,29), porque es breve la vida sobre la tierra, y que, teniendo aquellos medios, no necesitamos más que buena voluntad para aprovechar las ocasiones que Dios nos ha concedido. Desde que Nuestro Señor vino a este mundo, se inició la era favorable, el día de la salvación (2 Co 6,2), para nosotros y para todos. Que Nuestro Padre Dios no deba dirigirnos el reproche que ya manifestó por boca de Jeremías: en el cielo, la cigüeña conoce su estación; la tórtola, la golondrina y la grulla conocen los plazos de sus migraciones: pero mi pueblo ignora voluntariamente los juicios de Yavé (Jr 8,7)» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, nn. 51-52).