COMENTARIO
El castigo está llegando. «Recoger del suelo el equipaje» (v. 17) es una alusión clara al destierro. No se trata ya de una amenaza sino del anuncio de algo inminente (v. 22). El Señor, debido a la necedad de sus dirigentes —«pastores» (v. 21)—, pronto arrojará a su pueblo bien lejos de su tierra. Pero no se trata de una venganza, sino de un correctivo imprescindible para hacerlo reaccionar (v. 18). Por eso, se concluye con una súplica al Dios de misericordia —pues el pueblo no es del todo responsable de sus actos (vv. 22-24)— rogándole que castigue a los enemigos (v. 25).
Los padecimientos que, como los que se anuncian en estos oráculos, pueden llegar a los hombres como una punición, no los envía Dios para hacer sufrir sino que los permite para mover a recapacitar. «Hace falta que tú, pecador, experimentes una amargura mayor dispensada por Dios, para ser salvado después de la corrección. Como tú mismo reprendes a un siervo o a un hijo no, ciertamente, por el placer de atormentarlo sino para hacerlo volver mediante el castigo, así también Dios corregirá con las penas que vengan de aquellos padecimientos a quienes no se han dejado cuidar y no vuelven mediante la palabra» (Orígenes, Homiliae in Jeremiam 12,3).