COMENTARIO

 Jr 15,10-21 

De nuevo Jeremías abre su corazón ante el Señor mostrando con toda sinceridad sus sentimientos. Sus palabras, pronunciadas en medio del dolor, son fuertes. Reflejan la crisis ante el rumbo que toma su vida cuando trata de corresponder a la misión recibida con su vocación. Presenta dos momentos: el primero (vv. 10-11) parece una reflexión del profeta como en diálogo con su madre, consigo mismo y con Dios; el segundo (vv. 15-21) recoge una oración desgarrada a Dios, que le responde con exigencia y esperanza. Los vv. 12-14, que rompen el hilo y se encuentran de nuevo en 17,3-4, incluidos aquí parecen subrayar la unidad entre Jeremías y el pueblo.

A pesar de que Jeremías sólo ha querido servir al Señor e interceder ante Él incluso por sus enemigos, sin querer mal a nadie, se ve rechazado y maldecido, convertido en sembrador de discordia bien a su pesar. Por eso expone su cansancio y dolor ante el Señor (vv. 10-11) y continúa recordando en su oración los momentos de gozo en su relación íntima con Él (v. 16) y los de desánimo al verse rechazado por todos (vv. 17-18). El Señor le responde con aparente dureza, como en la primera «confesión» (11,18-12,6), reclamándole una verdadera conversión personal (v. 19a). Si Jeremías ha de predicar la conversión a los demás, debe comenzar por convertirse él mismo, valorando su misión de profeta y abandonando todo pesimismo. Una vez purificado, podrá ser un buen instrumento para llevar la palabra del Señor con fuerza irresistible (vv. 19b-21).

El diálogo confiado de Jeremías con el Señor, y la respuesta que recibe (v. 19), son una llamada personal al lector de estas palabras: «Esto se dice ahora —comenta Orígenes— a todos, pues Dios siempre exhorta a retornar a Él» (Homiliae in Jeremiam 14,18).

Volver a Jr 15,10-21