III. ACTIVIDAD PROFÉTICA DE JEREMÍAS

La Alianza se ha roto

11Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte del Señor:

2—Escuchen las cláusulas de esta alianza y comuníquenlas a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén. 3Les has de decir: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Maldito el hombre que no escuche las palabras de esta alianza, 4que Yo ordené a sus padres cuando los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Escuchen mi voz y hagan todo lo que les mando. Así serán mi pueblo y Yo seré su Dios, 5y cumpliré el juramento que hice a sus padres de darles una tierra que mana leche y miel, tal como sucede el día de hoy”».

Yo respondí, diciendo:
—¡Amén, Señor!

6Y el Señor me dijo:

—Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Escuchen las palabras de esta alianza y llévenlas a la práctica. 7Porque ya advertí encarecidamente a sus padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto, y hasta hoy les he advertido continuamente: “Escuchen mi voz”. 8Pero ellos no me escucharon, ni prestaron oído, sino que cada cual caminó siguiendo su perverso y obstinado corazón. Por eso he hecho recaer sobre ellos todas las palabras de esta alianza, que Yo les había ordenado cumplir y no lo hicieron».

9También me dijo el Señor:

—Se ha encontrado una conjura entre los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén: 10han vuelto a las iniquidades de sus antepasados, que rehusaron escuchar mis palabras y han seguido a dioses extranjeros para servirles. La casa de Israel y la casa de Judá han roto la alianza que sellé con sus padres.

11»Por ello, esto dice el Señor: «Yo les voy a traer una desgracia de la que no podrán escapar. Clamarán a Mí, pero Yo no les escucharé. 12Entonces, las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén acudirán a clamar a los dioses a los que queman incienso, pero no podrán salvarlos; de ningún modo podrán salvarlos en el momento de su desgracia.

13¿Dónde están tus dioses, que te hiciste?
Que se levanten, si es que pueden salvarte
en el momento de tu desgracia,
pues tantos como tus ciudades
son tus dioses, Judá.
Otros tantos altares a la Vergüenza,
altares para quemar incienso a Baal.

14»Pero tú no intercedas por este pueblo, ni eleves súplicas ni oraciones en su favor, porque no les escucharé cuando clamen a Mí en el momento de su desgracia».

15¿Qué busca mi amada en mi casa?
¿Llevar a cabo sus maquinaciones?
¿Es que votos y carne consagrada
apartarán de ti tus maldades,
para que te alboroces?
16«Olivo lozano», adornado de hermoso fruto,
te había puesto por nombre el Señor.
Pero al son de un gran tumulto,
le prendió fuego
y ardieron sus ramas.

17El Señor de los ejércitos, que te plantó, ha decretado el mal contra ti, a causa de la maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han perpetrado irritándome al quemar incienso a Baal.

Primera «confesión» de Jeremías

18El Señor me lo ha hecho saber, y yo me he enterado.
Me mostraste entonces sus fechorías.

19Yo, como un manso cordero llevado a inmolar, ignoraba las maquinaciones que tramaban contra mí: «¡Derribemos el árbol en su vigor, cortémoslo de la tierra de los vivos, y no se mencione más su nombre».

20¡Señor de los ejércitos,
que juzgas con justicia,
que escrutas entrañas y corazón,
que vea yo cómo te vengas de ellos,
pues a ti presento mi causa!

21Así pues, esto dice el Señor a los hombres de Anatot que atentan contra mi vida diciendo: «No profetices en Nombre del Señor si no quieres morir en nuestras manos».

22Así pues, esto dice el Señor de los ejércitos: «Yo los castigaré: los jóvenes morirán a espada. Sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23No quedará resto de ellos, porque Yo traeré la desgracia a los hombres de Anatot el año de su castigo».

12Jr1Tú, Señor, llevarías la razón si disputase contigo.
Con todo, querría tratar contigo sobre los juicios:
¿por qué los impíos tienen éxito en sus asuntos,
y viven tranquilos cuantos comenten traición?
2Tú los plantas y ellos echan raíces,
van adelante y obtienen fruto.
Tú estás presto en sus bocas,
pero ausente de sus entrañas.
3Tú, Señor, me conoces, me ves,
has probado mi corazón respecto a Ti.
Apártalos como ovejas para el degüello,
destínalos para el día de la matanza.
4¿Hasta cuándo estará de luto la tierra,
y reseca la hierba de todos los campos?
Por culpa de la maldad de sus habitantes,
perecen bestias y aves.
Porque aquéllos dicen:
«Él no ve nuestro porvenir».
5«Si te agotaron al correr con los de a pie,
¿cómo competirás con los de a caballo?
En tierra de paz te sientes seguro,
pero ¿qué harías en los ribazos del Jordán?
6Porque hasta tus hermanos y la casa de tu padre,
ellos mismos te traicionan,
ellos también gritan a plena voz a tus espaldas.
No te fíes, pues, de ellos, aunque te dirijan buenas palabras».

La heredad del Señor desolada

7«Abandoné mi casa,
desamparé mi heredad,
entregué el amor de mi alma
en manos de sus enemigos.
8Mi heredad fue para Mí
como león en la selva,
alzó la voz contra Mí,
por eso la he aborrecido.
9¿Es para Mí mi heredad un pájaro pinto,
sobre el que revolotean los buitres?
Anden, júntense, fieras todas del campo,
vengan al banquete.
10Muchos pastores entraron a saco en mi viña,
hollaron mi heredad,
hicieron de mi posesión predilecta
un desierto desolado.
11Está hecha una ruina,
gime ante Mí desolada.
Todo el país está devastado,
porque nadie se ocupa de él.
12A todas las colinas del desierto
llegaron los saqueadores,
porque el Señor tiene una espada que devora
de un extremo al otro del país,
no hay paz para ninguna carne.
13Habían sembrado trigo,
pero segaron espinos,
se fatigaron sin provecho.
Quedaron avergonzados de sus cosechas,
porque se había encendido la ira del Señor».

14Esto dice el Señor a todos los vecinos malvados que hurgaron en la heredad que di en suerte a mi pueblo Israel: «Yo los arrancaré de su solar, y arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. 15Pero después de haberlos arrancado, tendré de nuevo piedad de ellos, y los haré volver a cada uno a su heredad y a su tierra. 16Y si de veras aprenden los caminos de mi pueblo, jurando por mi Nombre: “Vive el Señor”, lo mismo que enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, entonces podrán establecerse en medio de mi pueblo. 17Pero si no escuchan, Yo arrancaré a tal nación, permanecerá arrancada, y la destruiré» —oráculo del Señor—.

El ceñidor de lino que se pudre

13Jr1Esto me dijo el Señor:

—Vete a comprarte un ceñidor de lino y póntelo a la cintura, pero no lo metas en agua.

2Compré el ceñidor de acuerdo con la palabra del Señor y me lo puse a la cintura.

3La palabra del Señor se dirigió a mí de nuevo diciendo:

4—Toma el ceñidor que compraste y que llevas a la cintura, levántate y vete al Éufrates y escóndelo allí, en la hendidura de una roca.

5Fui y lo escondí junto al Éufrates, de acuerdo con lo que me había ordenado el Señor.
6Al cabo de muchos días me dijo el Señor:
—Levántate, vete al Éufrates y toma el ceñidor que te ordené esconder allí.

7Fui al Éufrates, escarbé y tomé el ceñidor del sitio donde lo había escondido, pero el ceñidor estaba podrido, no servía para nada.

8La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:

9—Esto dijo el Señor: «Así haré Yo que se pudra la soberbia de Judá y la enorme soberbia de Jerusalén. 10Ese pueblo malvado, que rehúsa escuchar mis palabras, que se conduce siguiendo a su corazón obstinado y anda en pos de otros dioses para rendirles culto y postrarse ante ellos, será como este ceñidor que no vale para nada. 11Porque como se agarra el ceñidor a la cintura del hombre, así quise que se agarrase a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá —oráculo del Señor—, para que fuesen mi pueblo, mi renombre, mi alabanza y mi gloria, pero no me escucharon».

El cántaro de la ira de Dios

12»También les dirás esta palabra: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Cualquier cántaro se puede llenar de vino”». Y te responderán: «¡Como si no supiéramos nosotros que cualquier cántaro se puede llenar de vino!». 13Entonces tú les contestarás: «Esto dice el Señor: “Miren que voy a emborrachar por completo a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes de la estirpe de David que se sientan en su trono, a los sacerdotes y a los profetas, y a cuantos habitan en Jerusalén. 14Y los haré estrellarse, el uno contra su hermano, padres contra hijos —oráculo del Señor—. Y no tendré compasión, ni lástima, ni misericordia para destruirlos”».

Dios llama a la conversión, pero el pueblo no cambia

15Escuchen y presten oídos; no se enorgullezcan,
que el Señor ha hablado.
16Den gloria al Señor, su Dios,
antes de que anochezca,
y antes de que tropiecen sus pies
en los montes oscuros;
porque esperarán la luz,
pero Él la convertirá en negrura,
la cambiará en tiniebla.
17Si no escuchan,
a escondidas llorará mi alma
ante esa soberbia; se inundará de llanto,
y mis ojos verterán lágrimas
porque va prisionera la grey del Señor.
18«Di al rey y a la reina madre:
“Siéntense bien abajo,
que ha caído de sus cabezas
su augusta corona.
19Las ciudades del Négueb están sitiadas,
y no hay quien rompa el cerco,
Judá entera ha sido deportada,
deportada del todo.
20Alza tus ojos y mira
a los que vienen por el norte.
¿Dónde está la grey que te fue dada,
el rebaño de tu majestad?
21¿Qué dirás cuando dispongan de ti,
como jefes,
los mismos que tú acostumbraste
a tener como amigos?
¿No te sobrecogerán dolores
como de mujer en parto?
22Tal vez digas en tu corazón:
‘¿Por qué me ocurren estas cosas?’
Pues por la multitud de tus maldades
han sido levantadas tus faldas
y violados tus tobillos.
23¿Puede cambiar de tez un etíope,
o un leopardo las manchas de su piel?
Pues tampoco ustedes pueden obrar el bien,
habituados a obrar el mal.
24Yo los dispersaré como brizna llevada
por el viento del desierto.
25Ésta es tu suerte, tu paga medida
por Mí —oráculo del Señor—,
porque te olvidaste de Mí
y te confiaste en la mentira.
26Yo también levantaré tus faldas hasta la cara,
y se verán tus vergüenzas,
27tus adulterios, tus relinchos,
la vileza de tu prostitución:
sobre las colinas, en el campo,
he visto tus ídolos abominables.
¡Ay de ti, Jerusalén! ¡No quieres purificarte!
¿Para cuándo lo dejas?”».

Oráculos con ocasión de la sequía

14Jr1Palabra del Señor dirigida a Jeremías con ocasión de la sequía:

2«Judá está de duelo,
sus puertas, abatidas,
rajadas por tierra,
sube a lo alto el gemido de Jerusalén.
3Los nobles mandan a sus criados por agua;
éstos van a los aljibes,
pero no encuentran agua,
y vuelven con sus cántaros vacíos.
Llenos de vergüenza y de bochorno,
se cubren la cabeza.
4Como el suelo está agrietado
porque no llovió en el país,
los labradores están decepcionados,
se cubren la cabeza.
5Hasta la cierva pare en el campo
y abandona la cría,
porque no hay pasto.
6Los onagros se quedan en las colinas peladas,
aspiran el aire como los chacales,
sus ojos languidecen,
porque no hay hierba».
7Si nuestras culpas testifican en contra nuestra,
¡Señor!, actúa en gracia a tu Nombre:
es cierto que se multiplicaron nuestras infidelidades,
que hemos pecado contra Ti.
8¡Esperanza de Israel,
su salvador en tiempo de la angustia!
¿Por qué eres como forastero en el país,
como caminante que se tumba para pasar la noche?
9¿Por qué eres como un hombre aturdido,
como un valiente incapaz de salvar?
Con todo, Tú estás en medio de nosotros, Señor,
y nosotros somos llamados con tu Nombre.
¡No nos dejes!

10Esto dice el Señor acerca de este pueblo:

«Sí, gustan de hacer el vagabundo: sus pies no se detienen, pero el Señor no se complace en ellos». Ahora recuerda sus culpas y castiga sus pecados.

11Y me dijo el Señor:

—No intercedas en favor de este pueblo. 12Aunque ayunen, no escucharé su clamor. Aunque ofrezcan holocaustos y oblaciones, no los aceptaré, pues voy a acabar con ellos con espada, hambre y peste.

13Yo respondí:

—¡Ah, Dios, mi Señor! Mira que los profetas les dicen: «No verán espada, ni pasarán hambre, sino que les daré una paz estable en este lugar».

14Pero me dijo el Señor:

—Los profetas profetizan mentira en mi Nombre. Ni los envié, ni les di órdenes, ni les hablé. Falsas visiones, sortilegios, fantasías y engaños de su propia cosecha es lo que les profetizan. 15Por tanto, esto dice el Señor a los profetas que profetizan en mi Nombre sin que Yo los envíe, y van diciendo que no habrá espada ni hambre en este país: «A espada y de hambre acabarán tales profetas. 16Y el pueblo a quien ellos profetizan será tirado a las calles de Jerusalén, a causa del hambre y la espada, y no habrá quien les dé sepultura, ni a ellos, ni a sus mujeres, ni a sus hijos, sino que le echaré encima sus iniquidades».

17»Les dirás esto:

«Derramen lágrimas mis ojos
noche y día sin cesar,
que está rota en gran ruina
la doncella, hija de mi pueblo,
¡un golpe dolorosísimo!
18Si salgo al campo:
muertos a espada;
si entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
hasta el profeta y el sacerdote
vagan por el país sin entender nada».
19¿Has repudiado del todo a Judá?
¿Siente tu alma asco de Sión?
¿Por qué nos hieres sin remedio?
Esperábamos paz, y no hay bien,
tiempo de salud, y cunde el pánico.
20Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque hemos pecado contra Ti.
21En atención a tu Nombre, no nos desprecies,
no deshonres tu trono de gloria.
Acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros.
22¿Es que hay entre los ídolos de las naciones
quienes hagan llover,
o podrán los cielos dar lluvias?
¿Es que no eres Tú, Señor,
nuestro Dios? En Ti esperamos,
pues Tú hiciste todo esto.

15Jr1Sin embargo, me dijo el Señor: —Aunque se presentaran ante Mí Moisés y Samuel, no se inclinaría mi alma hacia este pueblo. Despídelos de mi presencia. Que se vayan. 2Si te dicen: «¿Adónde iremos?», les responderás: «Esto dice el Señor:

“Quien a la muerte, a la muerte,
quien a la espada, a la espada,
quien al hambre, al hambre,
quien a la cautividad, a la cautividad.

3Los castigaré de cuatro maneras —oráculo del Señor—: la espada, para matar; los perros, para desgarrar; las aves del cielo y las fieras de la tierra, para devorar y corromper. 4Haré de ellos un espanto para todos los reinos de la tierra por culpa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por cuanto hizo en Jerusalén”.

5¿Quién se apiadará de ti, Jerusalén?
¿Quién te compadecerá?
¿Quién se volverá a preguntar por ti
y desearte la paz?
6Tú me abandonaste
—oráculo del Señor—,
me diste la espalda,
y Yo extendí mi mano contra ti
para perderte:
estoy cansado de ser compasivo.
7Los aventé con el bieldo
a las puertas del país;
los dejé sin hijos, dispersé a mi pueblo,
pero no se han convertido de sus caminos.
8Sus viudas se han hecho más numerosas
que la arena de los mares.
Hice venir contra las madres y los jóvenes
uno que devasta a pleno día,
precipité sobre ellos de repente
turbación y espanto.
9Desgraciada la que dio a luz siete hijos, exhaló su alma:
su sol se puso
cuando aún era de día,
avergonzada y abochornada;
a los que queden de ellos los entregaré a la espada
ante sus enemigos»
—oráculo del Señor—.

Segunda «confesión» de Jeremías

10¡Ay de mí, madre mía que me diste a luz,
que soy hombre de discordia,
hombre de querella con todo el mundo!
Ni he prestado, ni me han prestado,
pero todos me maldicen.
11En verdad, Señor, ¿no te he servido con fidelidad?
¿No he intercedido ante Ti por mis enemigos
en tiempo de desgracia y en tiempo de angustia?
12¿Se rompe el hierro,
el hierro del norte y el bronce?
13Tus bienes y tus tesoros
los entregaré al pillaje
gratuitamente, por todos tus pecados
en todas tus comarcas.
14Te haré esclavo de tus enemigos
en tierra que desconoces,
pues se ha encendido un fuego en mi cólera,
que arderá contra ustedes.
15Tú lo sabes, Señor:
acuérdate de mí, mira por mí.
Véngame de quienes me persiguen.
Ten clemencia y no me arrebates.
Reconoce que he soportado humillaciones por Ti.
16Cuando me encontraba tus palabras,
las devoraba.
Tus palabras eran un gozo para mí,
las delicias de mi corazón,
porque yo llevo tu Nombre,
Señor, Dios de los ejércitos.
17No me senté en el corro de los que se divierten
para estar alegre;
por Ti me senté solitario,
porque me habías colmado de enojo.
18¿Por qué mi pena ha de ser perpetua,
y mi llaga, incurable, no se deja curar?
¿Vas a ser para mí como espejismo
de aguas, que no son de verdad?
19Entonces, esto dijo el Señor:
«Si te vuelves a Mí, Yo me volveré a ti,
y permanecerás en mi presencia.
Y si separas lo precioso de lo vil,
serás como mi boca.
Ellos se volverán a ti,
pero tú no te volverás a ellos.
20Y te constituiré para este pueblo
en muralla de bronce inexpugnable.
Pelearán contra ti,
pero no te podrán,
porque Yo estaré contigo
para salvarte y librarte
—oráculo del Señor—.
21Yo te libraré de la mano de los malvados,
y te redimiré de la garra de los violentos».

Acciones simbólicas sobre la inminencia del castigo

16Jr1La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo: 2—No tomes mujer, ni tengas hijos ni hijas en este lugar, 3porque esto dice el Señor acerca de los hijos e hijas que nazcan en este lugar, y acerca de las madres que les den a luz, y acerca de los padres que los engendren en esta tierra: 4«Morirán irremisiblemente de muerte dolorosa. No se les hará duelo, ni serán enterrados, servirán de estiércol en la superficie del campo; perecerán a espada o de hambre; sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra».

5»Además, esto dice el Señor: «No entres en casa de banquete fúnebre, ni vayas a hacer duelo, ni a condolerte, porque le he retirado mi paz a este pueblo —oráculo del Señor—, y también mi piedad y misericordia. 6Grandes y pequeños morirán en esta tierra, y no serán sepultados, ni se les hará duelo. Nadie se hará incisiones ni se rapará por ellos. 7No partirán el pan con el que está de luto para consolarle por el muerto, ni se le escanciará la copa de la condolencia por su padre o por su madre. 8Tampoco entrarás en casa de festín, para sentarte con ellos a comer y beber, 9porque esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Miren que voy a hacer que cese en este lugar, a sus ojos y en sus días, la voz de alegría y la voz de gozo, la voz del novio y la voz de la novia”».

10»Cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, te preguntarán: «¿Por qué ha decretado el Señor toda esta desgracia tan grande contra nosotros? ¿Cuál es la culpa y cuál el pecado con que hemos ofendido al Señor, nuestro Dios?». 11Entonces les responderás: «Porque sus padres me abandonaron —oráculo del Señor—, y se fueron tras otros dioses para darles culto y postrarse ante ellos, mientras me abandonaban y no guardaban mi Ley. 12Pero ustedes han obrado peor que sus padres: cada uno sigue a su corazón obstinado, sin escucharme a Mí. 13Los lanzaré de esta tierra a una tierra que ni ustedes ni sus padres han conocido, y servirán allí a otros dioses, día y noche, pues no gozarán de mi favor.

14»Por eso, miren que vienen días —oráculo del Señor—, en que no se dirá más: “¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!”, 15sino: “¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras donde los había dispersado!”. Y los haré volver a su tierra, a la que di a sus padres.

16»Mira: voy a enviar muchos pescadores —oráculo del Señor— a pescarlos, y después enviaré muchos cazadores a cazarlos, por todo monte y por cualquier colina, y en las cuevas de las rocas. 17Porque mis ojos vigilan todos sus caminos: éstos no se me ocultan, ni se esconde su culpa ante mis ojos. 18Ante todo, les pagaré el doble por su culpa y su pecado, porque han profanado mi tierra con la carroña de sus ídolos, y han colmado mi heredad con sus ídolos abominables».

19¡Oh, Señor, mi fuerza y fortaleza,
mi refugio el día de la angustia!
A Ti vendrán las naciones
desde los extremos de la tierra a decir:
«Sólo mentira fue la herencia de nuestros padres,
vanidad sin nada provechoso».
20«¿Es que puede el hombre fabricarse dioses?
¡Esos no son dioses!
21Por tanto, miren que les voy a mostrar,
les voy a enseñar esta vez,
mi poder y mi fuerza,
y sabrán que mi Nombre es el Señor».

Dios retribuye según las obras

17Jr1El pecado de Judá está escrito con estilete de hierro,
con punzón de diamante está grabado
en la tabla de su corazón,
en los ángulos de sus altares,
2para recordar a sus hijos
sus altares y sus cipos sagrados
junto a cualquier árbol frondoso,
sobre las altas colinas,
3en los montes de la campiña.
«Tus bienes, todos tus tesoros,
los entregaré al pillaje,
tus lugares altos de pecado
en todas tus comarcas.
4Retirarás tu mano
de la heredad que Yo te otorgué,
y te haré esclavo de tus enemigos
en tierra que desconoces,
pues encendieron fuego en mi cara,
que arderá para siempre».
5Esto dice el Señor:
«Maldito el varón que confía en el hombre
y pone en la carne su apoyo,
mientras su corazón se aparta del Señor.
6Será como matojo de la estepa,
que no verá venir la dicha,
pues habita en terrenos resecos del desierto,
en tierra salobre e inhóspita.
7Bendito el varón que confía en el Señor,
y el Señor es su confianza.
8Será como árbol plantado junto al agua,
que extiende sus raíces a la corriente,
no teme que llegue el calor,
y sus hojas permanecerán lozanas,
no se inquietará en año de sequía,
ni dejará de dar frutos.
9Lo más falaz de todo es el corazón,
y lo más insanable. ¿Quién lo entiende?
10Yo, el Señor, escudriño el corazón,
examino las entrañas,
para retribuir a cada uno según su conducta,
según el fruto de sus obras.
11Perdiz que incuba huevos que no puso
es el que hace fortuna injustamente:
a mitad de sus días tendrá que dejarla,
y al final será un necio».
12Trono excelso de gloria,
desde el principio, es nuestro santuario.
13La esperanza de Israel, el Señor:
cuantos te abandonen serán avergonzados.
Los que de Ti se alejan
serán escritos en tierra,
porque abandonaron la fuente de aguas vivas,
el Señor.

Tercera «confesión» de Jeremías

14Sáname, Señor, y quedaré sano.
Sálvame, y seré salvo,
porque Tú eres mi gloria.
15Ellos me están diciendo:
«¿Dónde está la palabra del Señor? ¡Que se cumpla!».
16Pero yo no he porfiado ante Ti para el mal,
ni he deseado día funesto,
Tú lo sabes: lo que sale de mis labios
está presente ante tu faz.
17No me atemorices,
Tú eres mi refugio el día aciago.
18Queden avergonzados mis perseguidores
y no sea yo el avergonzado.
Queden ellos espantados, y no lo sea yo.
Trae a ellos el día aciago,
quebrántalos con doble quebranto.

Observancia del sábado

19Esto me dijo el Señor:

—Vete y ponte en la Puerta de los Hijos del Pueblo, por donde entran y salen los reyes de Judá, y en todas las puertas de Jerusalén, 20y diles: «Escuchen la palabra del Señor, reyes de Judá, toda Judá y todos los habitantes de Jerusalén que entran por estas puertas. 21Esto dice el Señor: “Guárdense, por sus vidas, de portar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén. 22Tampoco saquen bultos de sus casas en día de sábado, ni hagan ningún trabajo, sino santifiquen el día de sábado, como ordené a sus padres. 23Pero ni me escucharon ni prestaron oído, sino que endurecieron su cerviz para no oír ni aceptar la lección. 24Sin embargo, si ustedes me escuchan ahora en serio —oráculo del Señor—, y no introducen cargas en día de sábado por las puertas de esta ciudad, y santifican el día de sábado, sin hacer en él ningún trabajo, 25entonces, entrarán por las puertas de esta ciudad reyes y príncipes que se sentarán en el trono de David, montados en carrozas y caballos, ellos y sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, y esta ciudad será habitada por siempre. 26Y llegarán de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, de la Sefelá, de las montañas y del Négueb, trayendo holocaustos, sacrificios, oblaciones e incienso, portando ofrendas de acción de gracias al Templo del Señor. 27Pero si no me escuchan, dejando de santificar el día de sábado, llevando cargas e introduciéndolas por las puertas de Jerusalén en día de sábado, entonces prenderé fuego a sus puertas, que devorará los palacios de Jerusalén y no se apagará”».

Jeremías en casa del alfarero

18Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte del Señor:

2—Levántate y baja a casa del alfarero. Allí te comunicaré mis palabras.

3Bajé a casa del alfarero y lo encontré haciendo un trabajo en el torno. 4Cuando se estropeaba en manos del alfarero la vasija de barro que estaba haciendo, volvía a hacer otra vasija, según le parecía bien hacer al alfarero.

5La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:

6—¿Es que no puedo hacer Yo con ustedes, casa de Israel, como este alfarero? —oráculo del Señor—. Como el barro en manos del alfarero, así son ustedes en mi mano, casa de Israel. 7Unas veces, hablo de arrancar, destruir o aniquilar a propósito de una nación o un reino. 8Pero si esa nación, contra la que Yo había hablado, se convierte de su iniquidad, Yo también me arrepiento del mal que había pensado hacerle. 9Otras veces, hablo de edificar o plantar a propósito de una nación o un reino. 10Pero si comete iniquidad a mis ojos, sin escuchar mi voz, Yo también me arrepiento del bien del que había hablado hacerle.

11»Ahora, pues, habla a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciéndoles: «Esto dice el Señor: “Yo plasmo una desgracia contra ustedes, medito un designio contra ustedes: que cada uno se convierta de su mal camino, enmienden sus caminos y sus obras”. 12Pero ellos dirán: “Es inútil. Caminaremos según nuestros planes, obraremos cada uno siguiendo a nuestro perverso y obstinado corazón”».

Israel se olvidó del Señor y quedó desolado

13Por ello, esto dice el Señor:
«Pregunten a las naciones:
“¿Quién oyó cosas como éstas?”.
Una monstruosidad enorme ha cometido
la virgen de Israel.
14¿Es que desaparece de las altas rocas
la nieve del Líbano?
¿Se agotan las aguas lejanas
frescas y saltarinas?
15Pues mi pueblo se ha olvidado de Mí,
queman incienso a la vanidad.
Flaquearon en su andar
por las sendas antiguas,
y caminaron por senderos,
por caminos no allanados,
16convirtiendo su tierra en desolación,
en escarnio perpetuo:
cualquiera que pase por ella se quedará atónito,
y moverá la cabeza.
17Como viento solano, los dispersaré
frente al enemigo.
La espalda, en vez de la cara, les daré
el día de su desgracia».

Cuarta «confesión» de Jeremías

18Sin embargo, dijeron: «Anden a tramar asechanzas contra Jeremías, que no nos faltará el dictamen del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra del profeta. Anden, hirámosle con la lengua y no atendamos a ninguna de sus palabras».

19¡Atiéndeme, Señor!
Oye la voz de mis adversarios.
20¿Hay que devolver mal por bien?
Pues ellos me han cavado una fosa.
Acuérdate de cuando me presentaba ante Ti
para hablar bien de ellos,
para apartar de ellos tu ira.
21Pero ahora, entrega sus hijos al hambre,
arrójalos al poder de la espada;
que sus mujeres se queden
sin hijos y viudas,
que sus hombres sean asesinados,
y sus jóvenes, muertos a espada.
22Que se oigan los gritos en sus casas
cuando envíes de repente una horda contra ellos,
porque cavaron una fosa para atraparme
y colocaron trampas para mis pies.
23Tú, Señor, conoces
todos sus planes de muerte contra mí.
No les perdones sus culpas,
ni quites de tu vista sus pecados.
Que sean derribados en tu presencia.
Al tiempo de tu cólera
actúa contra ellos.

La rotura del cántaro y castigo a Jeremías

19Jr1Esto dice el Señor: —Anda a comprar un cántaro de barro cocido. Toma algunos ancianos del pueblo y algunos sacerdotes, 2y sal hacia el valle de Ben–Hinom, frente a la Puerta de los Cascotes, y pregona allí las palabras que Yo te diga. 3Habrás de decir: «Escuchen la palabra del Señor, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Miren que voy a traer tal desgracia sobre este lugar, que a cualquiera que la oiga le zumbarán los oídos. 4La causa es que me abandonaron a Mí, y enajenaron este lugar, quemando incienso en él a otros dioses, que ni ellos ni sus padres ni los reyes de Judá conocían, y llenaron de sangre inocente este lugar. 5Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar a sus hijos en el fuego, como holocausto a Baal, cosas que Yo no había ordenado, ni dicho, ni se me habían pasado jamás por la cabeza. 6Por eso, miren que vienen días —oráculo del Señor—, en que ya no se llamará a este lugar Tófet ni valle de Ben–Hinom, sino valle de la Matanza. 7Yo vaciaré en este lugar los designios de Judá y de Jerusalén, y los haré caer a espada ante sus enemigos, a manos de los que atentan contra su vida, y daré sus cadáveres en pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. 8Convertiré esta ciudad en desolación y escarnio; cualquiera que pase junto a ella se pasmará y silbará a la vista de tantas plagas. 9Les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, se comerán unos a otros durante el asedio y la angustia con que los oprimirán sus enemigos que atentarán contra sus vidas”».

10»Entonces romperás el cántaro a la vista de los hombres que vayan contigo. 11Y les dirás: «Esto dice el Señor de los ejércitos: “Así romperé Yo a este pueblo y esta ciudad, como se rompe una vasija de alfarero, que no se puede recomponer. Y los sepultarán en el Tófet, porque no habrá sitio para enterrar. 12Así haré Yo con este lugar —oráculo del Señor—, y con sus habitantes, convirtiendo esta ciudad en un Tófet. 13Las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá serán impuras como el recinto del Tófet, todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a cualquier ejército del cielo e hicieron libaciones a otros dioses”».

14Jeremías volvió del Tófet, adonde lo había enviado el Señor a profetizar, y se detuvo en el atrio del Templo del Señor, y dijo a todo el pueblo:

15—Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «He aquí que Yo voy a traer sobre esta ciudad y todos sus aledaños todos los males que le he anunciado, por haber endurecido su cerviz, y no haber escuchado mis palabras».

20Jr1Pasjur, hijo de Imer, sacerdote y, a la sazón, inspector jefe del Templo del Señor, oyó a Jeremías profetizar estas cosas. 2Pasjur mandó flagelar al profeta Jeremías y ponerle en el cepo que estaba en la Puerta Alta de Benjamín, en el Templo del Señor.

3Cuando al día siguiente ordenó Pasjur sacar a Jeremías del cepo, Jeremías le dijo:

—No es Pasjur el nombre que te ha puesto el Señor, sino Magor–Misabib. 4Porque esto dice el Señor: «Mira que Yo hago de ti un motivo de terror para ti y todos tus amigos. Ellos caerán bajo la espada de sus enemigos, y lo verán tus ojos. Entregaré Judá entera en manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia, y los herirá a espada. 5Entregaré todas las riquezas de esta ciudad; todos sus productos, todos sus objetos preciosos y todos los tesoros de los reyes de Judá los entregaré en manos de sus enemigos. Éstos los saquearán, los arrebatarán y se los llevarán a Babilonia. 6Y tú, Pasjur, con todos los que habitan en tu casa, irán al cautiverio. Tú llegarás a Babilonia y morirás allí, y allí serás enterrado, tú y todos tus amigos, a quienes vaticinaste con falsedad».

Quinta «confesión» de Jeremías

7Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir.
Fuiste más fuerte que yo, y me venciste.
He llegado a ser un hazmerreír todo el día,
todo el mundo se burla de mí.
8Cada vez que hablo tengo que gritar,
he de pregonar: «¡Violencia, destrucción!».
La palabra del Señor es para mí
oprobio y escarnio cada día.
9Yo me dije: «No me acordaré de Él,
ni hablaré más en su Nombre».
Pero es dentro de mí como fuego abrasador,
encerrado en mis huesos;
me esfuerzo por soportarlo,
pero no puedo.
10Oigo las calumnias de la gente:
«¡Terror alrededor!
¡Delátenle! ¡Delatémosle!».
Todos mis conocidos aguardan mi tropiezo:
«¡Ojalá se deje seducir, entonces podremos con él,
y nos tomaremos venganza!».
11Pero el Señor está conmigo como bravo guerrero,
por eso, los que me persiguen caerán impotentes,
sentirán gran vergüenza de no haber triunfado,
oprobio perenne, inolvidable.
12¡Señor de los ejércitos, que escrutas al justo,
que ves entrañas y corazón,
que vea yo cómo te vengas de ellos,
pues a ti presento mi causa!
13Canten al Señor, alaben al Señor,
que libró la vida de un pobre
de mano de los malvados.
14¡Maldito el día que nací!
¡El día que mi madre me parió,
que no sea bendito!
15¡Maldito el hombre que anunció
a mi padre:
«Te ha nacido un hijo varón»,
haciéndole feliz!
16Sea aquel hombre como las ciudades
que el Señor destruyó sin compasión;
oiga gritos de mañana,
y alaridos a mediodía,
17por no haberme matado en el seno materno,
de modo que mi madre fuese mi sepulcro
y su seno, grávido por siempre.
18¿Por qué salí del seno materno
para ver penas y aflicciones,
y que mis días se consuman en vergüenza?

IV. JUICIOS SOBRE REYES Y PROFETAS

Respuesta a Sedecías

21Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte del Señor, cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malaquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, para decirle:

2—Por favor, consulta por nosotros al Señor, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizás el Señor intervenga a nuestro favor utilizando todos sus prodigios, y le haga alejarse de nosotros.

3Jeremías les respondió:

Así dirán a Sedecías: 4«Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Miren, haré que se vuelvan atrás las armas que empuñan, con las que combaten al rey de Babilonia y a los caldeos que los asedian desde fuera de la muralla, y los conduciré en medio de esta ciudad. 5Yo mismo combatiré contra ustedes con mano extendida y brazo fuerte, con ira, furor y cólera. 6Golpearé a los habitantes de esta ciudad, hombres y bestias, que morirán de grave peste. 7Seguidamente —oráculo del Señor—, a Sedecías, rey de Judá, a sus servidores, al pueblo y a los que, en esta ciudad, hayan sobrevivido a la peste, a la espada y al hambre, los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y en manos de los que atentan contra su vida. Él los pasará a filo de espada, sin que se apiade de ellos, ni se compadezca, ni tenga misericordia”».

8»En cuanto a ese pueblo, le dirás: «Así habla el Señor: “Yo pongo ante ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte. 9Quien se quede en esta ciudad morirá a espada, o de hambre o de peste. Pero el que salga y se rinda a los caldeos que los asedian vivirá, y su propia vida le servirá de botín. 10Porque voy a encararme con esta ciudad para mal y no para bien —oráculo del Señor—: será entregada en manos del rey de Babilonia, que le prenderá fuego”».

Oráculos sobre la realeza

11»Y en cuanto a la casa del rey de Judá,
escuchen la palabra del Señor.
12Casa de David, esto dice el Señor:
«Administren justicia cada mañana,
libren al despojado de la mano del explotador,
no sea que mi cólera se encienda como fuego,
se inflame, y no haya quien la apague,
ante la maldad de sus acciones.

13Aquí estoy contra ti, moradora del valle,

roca de la plana —oráculo del Señor—.

A los que ustedes dicen: “¿Quién caerá sobre nosotros?,
¿quién entrará en nuestras moradas?”,
14Yo los castigaré según el fruto de sus obras
—oráculo del Señor—,
prenderé fuego a su bosque,
y devorará todos sus alrededores».

22Jr1Esto dice el Señor: «Baja a la casa del rey de Judá y proclama allí este mensaje. 2Has de decir: “Escucha la palabra del Señor, rey de Judá, que te sientas en el trono de David, tú, tus servidores y tu pueblo, que entran por estas puertas”».

3Esto dice el Señor: “Ejerzan el derecho y la justicia. Libren al despojado de la mano del explotador. No opriman ni hagan violencia al extranjero, al huérfano ni a la viuda. No derramén sangre inocente en este lugar. 4Si de verdad ponen en práctica este mensaje, entrarán por las puertas de esta casa los reyes que se sienten en el trono de David, montados en carrozas y caballos, ellos, sus servidores y su pueblo. 5Pero si no escuchan estas palabras, juro por mí mismo —oráculo del Señor— que esta casa llegará a ser una ruina”».

6Porque esto dice el Señor acerca de la casa del rey de Judá:

«Tú eras para Mí, Galaad,
cabeza del Líbano,
pero en verdad haré de ti un desierto,
unas ciudades despobladas.
7Te tengo reservados unos devastadores,
hombres y armas,
para que talen tus cedros más selectos
y los echen al fuego.

8Muchas naciones pasarán por esta ciudad y comentarán entre ellos: “¿Por qué el Señor trató así a esta gran ciudad?”. 9Y responderán: “Porque abandonaron la alianza del Señor, su Dios, y se postraron ante dioses extranjeros y les rindieron culto”».

Oráculos contra Joacaz

10No lloren al muerto,
ni le hagan duelo.
Lloren a lágrima viva por el que se va,
porque ya no volverá a ver
la tierra en que nació.

11Pues esto dice el Señor acerca de Salum, hijo de Josías, rey de Judá, que reina en lugar de su padre, que partió de este lugar: «No volverá más aquí, 12sino que morirá en el lugar adonde lo deportaron, y no verá más este país».

Oráculos contra Yoyaquim

13¡Ay del que edifica su casa sin justicia
y sus altas salas sin derecho,
del que hace trabajar de balde a su prójimo
y no le da su paga,
14del que dice: «Me construiré una gran casa
con amplios salones»,
y le abre ventanas,
le pone artesonado de cedro
y la pinta de rojo.
15¿Es que te crees rey
porque compites en cedros?
Si tu padre comía y bebía
era porque ejercía el derecho y la justicia,
por eso le iba bien.
16Hacía justicia al pobre y al mísero,
por eso le iba bien:
«¿No es eso reconocerme?»
—oráculo del Señor—.
17Pero tú no tienes ojos ni corazón
sino para tu lucro,
para derramar sangre inocente,
para oprimir y atropellar.
18Por eso, así dice el Señor acerca de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá:
«No le harán duelo:
“¡Ay, hermano mío, ay hermana!”.
No le harán duelo:
“¡Ay, Señor, ay Majestad!”.
19Se le dará la sepultura de un asno:
será arrastrado y tirado
fuera de las puertas de Jerusalén».

Oráculos contra Yoyaquín

20Sube al Líbano y grita,
da voces en el Basán,
grita desde los Abarim,
que todos tus amantes están rotos.
21Te hablé cuando gozabas de prosperidad.
Respondiste: «No quiero escuchar».
Ésa ha sido tu conducta desde tu adolescencia:
nunca escuchaste mi voz.
22A todos tus pastores los apacentará el viento,
y tus amantes marcharán a la cautividad.
Entonces sentirás vergüenza y sonrojo
de toda tu malicia.
23Tú, que habitas en el Líbano,
que anidas en los cedros,
cómo gemirás cuando te lleguen los dolores,
los espasmos como de parturienta.

24«Por mi vida —oráculo del Señor—, aunque sea Conías, hijo de Yoyaquim, rey de Judá, anillo de sello en mi diestra, te arrancaré de allí. 25Te entregaré en manos de quienes atentan contra tu vida, en manos de quienes temes encontrarte, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de los caldeos. 26Te arrojaré, a ti y a la madre que te dio a luz, a una tierra extraña, donde no nacieron, y allí morirán. 27Pero a la tierra adonde ellos ansían volver, ahí no volverán».

28¿Acaso es una vasija despreciada, rota,
este hombre, Conías?
¿Acaso un trasto que nadie quiere?
¿Por qué son desechados, él con su linaje,
y arrojados a una tierra que desconocían?
29¡Tierra, tierra, tierra!
Escucha la palabra del Señor.
30Esto dice el Señor:
«Inscriban a este hombre: “Sin hijos”,
“varón fracasado en su vida”.
Pues no logrará que de su descendencia
se siente hombre alguno en el trono de David
para dominar más sobre Judá».

El rey que vendrá

23Jr1«¡Ay de los pastores que pierden y dispersan las ovejas de mi majada!» —oráculo del Señor—. 2Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: «Ustedes han dispersado mis ovejas, las han ahuyentado, no han cuidado de ellas. Miren que Yo mismo me ocuparé de castigar la maldad de sus obras —oráculo del Señor—. 3Congregaré los restos de mis ovejas de todas las tierras adonde las expulsé, y las haré volver a sus pastos para que crezcan y se multipliquen. 4Pondré sobre ellas pastores que las apacienten, para que no teman más, ni se espanten, ni falte ninguna —oráculo del Señor—.

5Miren que vienen días
—oráculo del Señor—,
en que suscitaré a David un brote justo,
que rija como rey y sea prudente,
y ejerza el derecho y la justicia en la tierra.
6En sus días Judá será salvada,
e Israel habitará en seguridad,
y éste será el nombre con que le llamen:
“El Señor, nuestra Justicia”.

7Por eso, miren que vienen días —oráculo del Señor—, en que no se dirá más: “¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!”, 8sino: “¡Vive el Señor, que hizo subir y que trajo a la descendencia de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras donde los había dispersado, para que habitaran en su tierra!”».