COMENTARIO

 Jr 17,1-13 

Se incluyen en este pasaje varios oráculos breves de tipo sapiencial, que expresan de modo gráfico las enseñanzas que Jeremías pregonó repetidas veces en su ministerio profético. El pecado de idolatría de Judá es patente y cualquier viajero lo puede observar, reparando en los lugares de culto a los dioses cananeos que hay por doquier en todo el territorio (vv. 1-3a). Por eso, el Señor abandonará a los israelitas, que serán expulsados de su tierra y quedarán sometidos a esclavitud (vv. 3b-4).

Con palabras muy parecidas a las del Salmo 1, el profeta ilustra la perdición a la que se ve arrastrado el hombre que confía en sí mismo, frente a la prosperidad del que se fía de Dios (vv. 5-8). Bien se pueden aplicar a la imagen del árbol plantado junto al agua (v. 8) las palabras del comentario de Santo Tomás de Aquino al primer salmo: «Así pues, toma la comparación del árbol, del que se consideran tres cosas, a saber, el ser plantado, el dar fruto, y el conservarse. Para ser plantado, es necesaria una tierra humedecida por las aguas, pues de otro modo se secaría; y por eso dice: que está plantado a las corrientes de las aguas, es decir, junto a las corrientes de las gracias: “El que cree en mí… de su seno correrán ríos de agua viva” (Jn 7). Y quien tenga sus raíces junto a esta agua fructificará haciendo buenas obras; y esto es lo que sigue: el cual dará su fruto. “Pero el fruto del espíritu es caridad, alegría, paz, y paciencia, generosidad, bondad, fidelidad”, etc., (Ga 5). (…) Y no se seca. Por el contrario, se conserva. Ciertos árboles se conservan en su substancia, pero no en sus hojas, pero otros se conservan también en sus hojas: así también los justos, (…) no serán abandonados por Dios ni siquiera en las obras más pequeñas y exteriores. “Pero los justos germinarán como una hoja verde” (Pr 11)» (Postilla super Psalmos 1,3).

A Dios no se le puede engañar, puesto que ve el fondo del corazón, y retribuirá a cada uno según sus obras (vv. 9-11). La esperanza de Israel es el Señor (vv. 12-13), la fuente de agua (cfr 2,13; Sal 42,3; Jn 4,10) sin la que no se puede vivir (cfr v. 8). Para indicar que los que se apartan de Él serán juzgados y sentenciados, se emplea una imagen —«serán escritos en tierra» (v. 13)— que recuerda el gesto de Jesús en el «juicio» de los acusadores de la mujer adúltera (Jn 8,6). Sus nombres se los llevará el viento; no habrá lugar para ellos en el libro de la vida.

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