COMENTARIO
Jeremías se siente acorralado por los enemigos al proclamar la palabra del Señor y expone sus sentimientos en esta cuarta «confesión». Sufre por la situación en que se encuentra. Ha sido llamado a interceder por el pueblo y así lo ha hecho; pero aquellos por cuyo bien ha rogado al Señor traman asechanzas contra él (v. 18). En este sentido estas palabras se han entendido como un anuncio de las maquinaciones que tramaron las autoridades de los judíos para apresar a Jesús (cfr Mt 22,15; Mc 12,13; Lc 20,20). Por otra parte, la resistencia que encontró Jeremías a su predicación la interpreta San Jerónimo, a la luz del Nuevo Testamento, como figura de las dificultades que habría de encontrar la predicación acerca de Jesús entre las gentes «que levantan calumnias y con acusaciones siembran prevención contra los hombres santos. Para que no se piense que esos discípulos dicen cosas verdaderas sino que propalan mentiras, atribuyen a sus sacerdotes, sabios y pseudoprofetas la ley y los designios de Dios (cfr 18,18)» (Commentarii in Ieremiam 4,18).
Las fuertes expresiones que Jeremías profiere ante Dios son un desahogo de su alma (vv. 21-23), y no responden tanto a un deseo personal de venganza cuanto a una reivindicación del respeto que se debe al Señor y a su palabra, de la que nadie debe burlarse (cfr Sal 6; 79; 109).