COMENTARIO

 Jr 21,11-22,9 

Estos oráculos responsabilizan a los reyes de la lamentable situación del país. Se alternan acusaciones contra el rey de Judá y contra Jerusalén para finalizar con una referencia a la idolatría —con la ruptura de la Alianza que ésta lleva consigo— como la causa de los males que padece la ciudad. Las palabras del profeta se dirigen en primer lugar contra el rey, condenando su falta de justicia (21,11-12), y luego contra Jerusalén, condenando su arrogancia (21,13-14), simbolizada en la referencia a la «roca», por erguirse la ciudad en un alto sobre los valles del Tiropeón y el Cedrón (21,13). A continuación (22,1-5) el oráculo vuelve a dirigirse contra el rey, explicando las consecuencias que traerán las injusticias cometidas por él en contra de lo establecido por la Ley de Moisés (22,3; cfr Ex 22,21; 23,29; Lv 19,33; Dt 10,18), y otra vez contra Jerusalén, a la que se le anuncia un terrible castigo (22,6-7): la grandeza de la ciudad simbolizada por el Líbano y Galaad, lugares célebres por su belleza y por sus recursos naturales, quedará reducida a la nada. Al final, a modo de resumen, se da la razón de la destrucción que se anuncia: los habitantes de Jerusalén no fueron fieles a la Alianza (22,8-9).

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