COMENTARIO
En el debate con el profeta algunos aducen el caso de Miqueas (con unas palabras suyas recogidas en Mi 3,12) para salvarle la vida. Sin embargo, el hagiógrafo recuerda por contraste el incidente del profeta Urías (vv. 17-24). Estos dos profetas predicaron cosas semejantes a las que predicaba Jeremías. Como Ezequías era un rey preocupado de llevar a cabo la reforma religiosa, escuchó al profeta Miqueas. Yoyaquim, en cambio, no era igual. Lo mismo que mató a Urías, también podría matar a Jeremías. Se muestra así la situación tan delicada en la que se encuentra. El profeta de Anatot es defendido por un alto dignatario del tiempo del piadoso rey Josías, Ajicam, padre de Godolías, futuro gobernador de Judá después de la última deportación (cfr 39,14; 2 R 25,22-26).