COMENTARIO

 Jr 30,1-33,26 

La segunda sección de esta segunda parte del libro forma una unidad conocida como «Libro de la Consolación», ya que tanto los oráculos en verso como los pasajes en prosa que se entremezclan en estos capítulos suponen un consuelo para el pueblo en los difíciles momentos del destierro.

Aunque pueda parecer que se rompe el hilo de la narración, en realidad no es así. Después de narrar las dificultades que encontró Jeremías por enfrentarse a las vanas esperanzas de una temprana vuelta del destierro suscitadas por los falsos profetas, el libro incluye los oráculos que tratan precisamente del futuro regreso a la tierra de Judá. El tema central es la esperanza de la restauración de Israel y Judá en torno a una «nueva alianza». Esta sección quedaría terminada posiblemente al final del reinado de Sedecías (587 a.C.) o poco después.

El núcleo más antiguo está constituido por unos oráculos poéticos. Se alternan alusiones al inminente juicio y castigo del pueblo (30,5-7.12-15.23-24) con llamadas a la esperanza (30,10-11.16-17.18-21; 31,2-14); lamentos (31,15.18-19), con promesas de una situación mejor (31,16-17; 31,20-22). El panorama que dibujan es más bien sombrío. Sin embargo, en la redacción definitiva del libro esos oráculos han sido enmarcados por relatos en prosa que comienzan con las palabras «vienen días» (30,3; 31,27. 31.38), y que confieren al conjunto un tono esperanzador.

El texto más importante es el que anuncia la «nueva alianza», que sustituirá a la que ha quedado rota por las reiteradas infidelidades del pueblo a lo largo de la historia (cfr 31,31-37). Ya desde los primeros escritos cristianos se ha llamado la atención sobre este pasaje. «Dios anunció que había de establecer una alianza nueva —comenta San Justino— y ésta para luz de las naciones; como vemos y estamos convencidos de ello, por virtud del nombre del mismo Jesucristo crucificado, las gentes se apartan de la idolatría y de toda iniquidad para acercase a Dios, soportando incluso la muerte por confesarle y mantener su religión. Por los hechos mismos y por la virtud que los acompaña puede todo el mundo comprender que ésta es la Ley Nueva y la Nueva Alianza, y la expectación de los que de todas las naciones esperan los bienes de Dios. Porque nosotros somos el pueblo de Israel verdadero y espiritual, la raza de Judá y de Jacob, de Isaac y de Abrahán, el que fue por Dios atestiguado antes de la circuncisión, el que fue bendecido y llamado padre de muchas naciones. Nosotros, digo, los que por medio de este Cristo crucificado nos hemos llegado a Dios» (Dialogus cum Tryphone 11,4-5).

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