COMENTARIO

 Jr 31,18-22 

Efraím ha escarmentado por el castigo recibido y, después de haberse extraviado, se ha convertido al Señor y ha decidido volver a Él (vv. 18-19). Dios se conmueve ante el pueblo arrepentido, se apiada de ellos, y les invita a regresar a la tierra que se vieron forzados a abandonar (vv. 20-22).

San Ambrosio ve en estos versículos una llamada a la penitencia: «Hagamos desaparecer nuestras caídas con ulteriores obras, purifiquémonos con llantos, de esta forma el Señor nuestro Dios oirá nuestros gemidos, del mismo modo que oyó las lágrimas de Efraím según está escrito: He escuchado a Efraím cuando lloraba. Y expresando las mismas palabras del lacrimoso Efraím dijo: Me castigaste, y fui castigado realmente; como el novillo no he sido enseñado. Efectivamente, el novillo juega y abandona el pesebre. Por eso, Efraím colocado lejos del pesebre, igual que el novillo, no aprendió, porque se alejó del pesebre del Señor, e imitando a Jeroboam, adoró a los becerros, lo cual fue profetizado por Aarón acerca del pueblo de los judíos infieles. Por eso, haciendo penitencia, dijo: Conviértete y yo me convertiré (…) Estoy confuso y avergonzado, llevo sobre mí el oprobio de mi mocedad. Conocemos por esto cómo se ha de hacer la penitencia: a veces con oraciones, a veces con lágrimas; de modo que el día del pecado es llamado día de confusión, y ésta se debe al hecho de negar a Cristo» (De poenitentia 2,36-37).

La ternura divina expresada en los vv. 20-21 recuerda a Os 11,1-9. El final del v. 22 ha dado pie a numerosas interpretaciones. San Jerónimo llegó a entenderlo en sentido mesiánico como alusión a la Virgen, que «sin concurso de varón rodeó al Varón [Jesucristo] en el calor de su seno» (Commentarii in Ieremiam 4,31). Sin embargo, la mayoría de los comentaristas lo entiende o bien como una referencia a Israel, representada por la mujer, que vuelve al varón, es decir, al Señor; o bien como una referencia al Génesis: en el nuevo orden de cosas que habrá a la vuelta del destierro, todo será tan inaudito, que incluso serán las mujeres quienes tomen la iniciativa en tomar esposo, algo absolutamente inconcebible en aquella época. Otros añaden que la mujer, lejos de ser ocasión de pecado como en Gn 3,6, será fuente de protección y apoyo. Entre mujer y varón se establecerá el mutuo apoyo, la mutua ayuda, sin supremacía de uno sobre otro.

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