COMENTARIO
El momento en el que ocurre este anuncio podría situarse cuando el ambicioso faraón Jofrá envió auxilios a Judá, sitiada probablemente desde comienzos del 588 a.C. (cfr Ez 17,15-18; Lm 4,17). Laquís, a unos 38 km al sudoeste de Jerusalén, y Azecá, a unos 30 km al oeste de la capital, todavía resistían. Como consecuencia, el ejército de Babilonia en algún momento debió de levantar el cerco para combatir a los egipcios (cfr 37,5-11). En esas circunstancias, Jeremías hace llegar a Sedecías el mismo mensaje que había escrito en la carta a los deportados (cfr 29,1-20), y que había originado la oposición de los falsos profetas. El camino a seguir ante el poder babilonio no era el del enfrentamiento sino el de la sumisión. Sólo por esa vía pacífica se podría salvar él (vv. 1-7). Sin embargo, el rey no escuchó las palabras del profeta.
A tenor de los términos de la promesa (vv. 4-5) se podría deducir que el rey moriría en paz, en contra de lo que otros textos informan que sucedió (cfr 39,7; 52,11; 2 R 25,7; Ez 12,13; 17,20). Por eso, estas palabras deben ser interpretadas como una promesa condicionada: «Si escuchas…».