COMENTARIO

 Jr 42,1-43,7 

De nuevo reaparece Jeremías, cuyos sufrimientos no parecen tener fin. Después de que Godolías, con una política análoga a lo que el propio Jeremías había defendido en los años anteriores a la caída de Jerusalén, es asesinado (cfr 41,1-18), el profeta vuelve a sufrir la incomprensión de los suyos. De nuevo buscan su guía y su palabra (42,1-6), pero, cuando ésta no les convence, la rechazan (43,1-4). Piden que Jeremías interceda por ellos ante Dios y, después de diez días, cuando quizá la espera les había hecho inclinarse por la huida, reciben una respuesta contundente, que es análoga a la que había ido dando en los años anteriores: no tienen nada que temer si permanecen en la tierra, pero si se marchan a Egipto les sobrevendrá toda clase de calamidades (42,7-22). La búsqueda de lo fácil les acarreará sufrimientos, mientras que las aparentes dificultades y peligros, que implica la confianza en Dios, les salvarán. Si van a Egipto, en vez de la vida que buscan, encontrarán muerte (42,22). Sin embargo, los que estaban con Jeremías rechazan una vez más al profeta y le acusan de no transmitir la palabra de Dios sino una palabra de hombre, de Baruc (43,1-4), y desobedeciendo la voz del Señor, se marchan al país del Nilo llevándose consigo al profeta (43,5-7). Se dirigen a Tafnes, una ciudad situada al este del Delta, probablemente porque había en ella una colonia judía.

La escena refleja, de una parte, el prestigio de Jeremías y el respeto hacia su ministerio profético que había adquirido con su fidelidad en los momentos más difíciles. Pero, por otra, muestra la persistente infidelidad de sus conciudadanos. Ante lo que Dios les comunica, de nuevo se resisten, prefiriendo atender a sus propios criterios. Pero la palabra del Señor era clara: ir a Egipto no constituía sólo un descenso geográfico; significaba volver al estado —en este caso de esclavitud moral— del que Dios había sacado a sus padres.

El pasaje alecciona a no querer acomodar la palabra de Dios a la propia voluntad humana. Lo que el Señor dice puede resultar costoso, pero el bien resultará de su acatamiento. Análogamente, la escena enseña que, si acudimos a buscar consejo de quienes merecen confianza por su fe y rectitud, hemos de estar sinceramente dispuestos a seguirlo, aunque nos resulte difícil o no sea de nuestro agrado: «Te mandan una cosa que crees estéril y difícil. —Hazla. —Y verás que es fácil y fecunda» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 623).

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