36Jr1El año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida a Jeremías, de parte del Señor, esta palabra:
2—Toma un rollo de escribir y escribe en él todas las palabras que te he dicho contra Israel, contra Judá y contra todas las naciones, desde el día que empecé a hablarte en tiempos de Josías hasta el día de hoy. 3A ver si escucha la casa de Judá todos los males que pienso hacerles con el fin de que cada uno se convierta de su mal camino y pueda Yo perdonar sus culpas y sus pecados.
4Entonces Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías. Baruc escribió en un rollo, al dictado de Jeremías, todas las palabras que le había dicho el Señor. 5Jeremías dio a Baruc este mandato:
—Yo estoy preso, no puedo ir al Templo del Señor. 6Irás tú y, un día de ayuno, leerás, en el rollo que has escrito a mi dictado, las palabras del Señor para que lo oiga el pueblo en el Templo del Señor. Las leerás también a oídos de todos los judíos que lleguen de sus ciudades. 7Tal vez lleguen sus súplicas ante el Señor, y cada uno se convierta de su mal camino, pues la ira y el furor que ha anunciado el Señor contra este pueblo son grandes.
8Baruc, hijo de Nerías, hizo cuanto le había ordenado el profeta Jeremías, y leyó en el libro las palabras del Señor en el Templo del Señor.
9Sucedió que, el año quinto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, el noveno mes, convocaron a ayuno ante el Señor a todo el pueblo de Jerusalén y a toda la gente de las ciudades de Judá que llegaba a Jerusalén. 10Entonces Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías. Fue en el Templo del Señor, en la sala de Guemarías, hijo de Safán, el escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta Nueva del Templo del Señor, a oídos de todo el pueblo. 11Miqueas, hijo de Guemarías, hijo de Safán, escuchó todas las palabras del Señor que había en el libro, 12y bajó al palacio real, a la sala del escriba, donde en aquel momento todos los nobles celebraban una sesión: Elisamá, el escriba, y Delaías, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de Ananías, y todos los nobles. 13Miqueas les comunicó todo lo que había escuchado mientras Baruc leía en el libro a oídos de todo el pueblo.
14Entonces, todos los nobles enviaron a Yehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, adonde Baruc para decirle:
—Toma en la mano el volumen con el que leíste a oídos de todo el pueblo y ven.
Baruc, hijo de Nerías, tomó en la mano el volumen y fue donde ellos. 15Ellos le dijeron:
—Toma asiento y léelo ante nosotros.
Baruc lo leyó a oídos de ellos. 16Cuando terminaron de oír todas las palabras, se miraron unos a otros espantados y se dijeron:
18Baruc les respondió:
—Él me dictaba de viva voz todas estas palabras, y yo las iba escribiendo con tinta en el libro.
19Los nobles dijeron a Baruc:
20Luego fueron donde el rey, en el atrio, habiendo depositado el volumen en la sala de Elisama, el escriba, y comunicaron al rey todas estas cosas.
21El rey envió a Yehudí a recoger el rollo. Éste lo tomó de la sala de Elisama, el escriba. Yehudí lo leyó delante del rey y de todos los nobles que estaban presentes ante el rey. 22El rey estaba sentado en las habitaciones de invierno —era el mes de diciembre— y tenía delante un brasero encendido. 23Cada vez que Yehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, las rasgaba con el cortaplumas del escriba y las arrojaba al fuego del brasero, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego del brasero. 24Pero ni el rey ni ninguno de sus servidores que habían oído todas aquellas palabras se asustaron ni rasgaron sus vestiduras. 25Y aunque Elnatán, Delaías y Guemarías habían instado al rey para que no quemara el volumen, no les escuchó. 26Sino que el rey ordenó a Yerajmeel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran al escriba Baruc y al profeta Jeremías. Pero el Señor los escondió.
27La palabra del Señor se dirigió a Jeremías, después de que el rey hubiese quemado el volumen con las palabras que había escrito Baruc al dictado de Jeremías, diciendo:
28—Toma de nuevo otro volumen y escribe en él todas las palabras anteriores que había en el primer volumen, el que quemó Yoyaquim, rey de Judá. 29Y dirás acerca de Yoyaquim, rey de Judá: «Esto dice el Señor: “Tú quemaste aquel volumen diciendo: ‘¿Por qué has escrito en él que el rey de Babilonia va a venir, va a devastar este país y va a acabar con hombres y animales?’” 30Pues así dice el Señor acerca de Yoyaquim rey de Judá: “No tendrá sucesor que se siente en el trono de David, y su cadáver será tirado, expuesto al calor del día y al frío de la noche. 31Castigaré en él, en su linaje y en sus servidores, la culpa de todos ellos, y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá, todos los males que les anuncié y no quisieron oír”».
32Entonces, Jeremías tomó otro volumen y se lo entregó a Baruc, el escriba, hijo de Nerías, que escribió en él, al dictado de Jeremías, todas las palabras del libro que Yoyaquim, rey de Judá, había echado al fuego. Es más, fueron añadidas en él otras muchas palabras.
37Jr1En lugar de Conías, hijo de Yoyaquim, vino a reinar Sedecías, hijo de Josías. Nabucodonosor, rey de Babilonia, había establecido como rey a Sedecías en la tierra de Judá. 2Pero ni él, ni sus servidores, ni el pueblo llano, escucharon las palabras que el Señor había hablado por medio de Jeremías.
3El rey Sedecías envió a Yucal, hijo de Selemías, y a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías, adonde el profeta Jeremías, para decirle:
—Ruega, por favor, por nosotros ante el Señor, nuestro Dios.
4Por entonces Jeremías entraba y salía en medio del pueblo, pues no lo habían puesto en prisión. 5El ejército del faraón había salido de Egipto, y los caldeos que sitiaban Jerusalén, al oír la noticia, levantaron el cerco de la ciudad.
6La palabra del Señor se dirigió al profeta Jeremías diciendo:
7—Esto dice el Señor, Dios de Israel: «Así han de decir al rey de Judá que los envía a consultarme: “El ejército del faraón que ha salido en su socorro, regresará a su país de Egipto. 8Y los caldeos volverán, atacarán esta ciudad, la tomarán y le prenderán fuego”». 9Esto dice el Señor: «No se hagan ilusiones pensando: “Los caldeos se marchan definitivamente de nosotros”, porque no se marcharán. 10Aunque batieran a todo el ejército caldeo que los ataca, y no quedasen de ellos más que hombres heridos, cada uno de éstos se alzaría de su tienda y prenderían fuego a esta ciudad».
11Cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército del faraón, 12Jeremías intentó salir de Jerusalén para ir a la tierra de Benjamín a repartir una herencia en medio del pueblo. 13Cuando llegó a la Puerta de Benjamín, se encontraba allí el jefe de vigilancia, llamado Yiriías, hijo de Selemías, hijo de Ananías, el cual detuvo al profeta Jeremías diciendo:
Pero Yiriías no le hizo caso, sino que detuvo a Jeremías y lo condujo donde los nobles. 15Los nobles se irritaron con Jeremías, lo golpearon y lo pusieron en prisión en casa de Jonatán, el escriba, pues la habían convertido en cárcel. 16Así pues, Jeremías tuvo que entrar en un calabozo subterráneo, donde permaneció mucho tiempo.
17El rey Sedecías mandó sacarlo y le interrogó en su palacio, en secreto, preguntándole:
18Y dijo Jeremías al rey Sedecías:
—¿Qué pecado he cometido contra ti, contra tus servidores, o contra este pueblo, para que me hayan metido en la cárcel? 19¿Dónde están sus profetas, los que les vaticinaban diciendo: «No vendrá el rey de Babilonia contra ustedes ni contra esta tierra»? 20Ahora, escucha, por favor, mi señor el rey, y que mi súplica halle gracia en tu presencia. No me devuelvas a casa de Jonatán, el escriba, para que muera allí.
21Entonces, el rey Sedecías ordenó que custodiaran a Jeremías en el atrio de la guardia, y que se le diera cada día una torta de pan de la calle de los Panaderos, hasta que se consumiera todo el pan de la ciudad. Y Jeremías permaneció así en el atrio de la guardia.
38Jr1Sefatías, hijo de Matán, Godolías, hijo de Pasjur, Yucal, hijo de Selemías, y Pasjur, hijo de Malquías, oyeron las palabras que Jeremías dirigía a todo el pueblo:
2—Esto dice el Señor: «Quien se quede en esta ciudad morirá a espada, o de hambre o de peste. Pero el que se pase a los caldeos vivirá, y su propia vida le servirá de botín, pues vivirá». 3Esto dice el Señor: «Esta ciudad será irremediablemente entregada en manos del ejército del rey de Babilonia, que la tomará».
4Y dijeron los nobles al rey:
—Este hombre tiene que morir, porque, al decirles estas cosas, está desmoralizando a los combatientes que quedan en la ciudad y a toda la gente. Este hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
5El rey Sedecías respondió:
6Agarraron entonces a Jeremías y lo echaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, que está en el atrio de la guardia. Bajaron a Jeremías con cuerdas, pues en el aljibe no había agua sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
7Sin embargo, Ébed–Mélec, el etíope, eunuco del palacio real, se enteró de que habían metido a Jeremías en el aljibe. Estando el rey junto a la Puerta de Benjamín, 8salió Ébed–Mélec del palacio real y habló así al rey:
9—Mi señor el rey, esos hombres han obrado mal en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías metiéndolo en el aljibe. Allá abajo morirá de hambre, pues ya no hay pan en la ciudad.
10El rey dio esta orden a Ébed–Mélec, el etíope:
—Toma contigo treinta hombres de aquí y saca al profeta Jeremías del aljibe antes de que muera.
11Ébed–Mélec tomó consigo a los hombres, entró en el palacio real, en el almacén de ropa, tomó andrajos de ropa vieja y trapos, y los descolgó con cuerdas en el aljibe hasta Jeremías. 12Ébed–Mélec, el etíope, dijo entonces a Jeremías:
—Ponte los andrajos de ropa vieja y los trapos entre las axilas y las cuerdas.
Y así lo hizo Jeremías. 13A continuación tiraron de Jeremías hacia arriba con las cuerdas y lo sacaron del aljibe. Y Jeremías permaneció en el atrio de la guardia.
14El rey Sedecías mandó que le trajeran al profeta Jeremías a la tercera entrada del Templo del Señor. El rey dijo a Jeremías:
15Le respondió Jeremías a Sedecías:
—Si te lo anuncio, ¿seguro que no me harás morir? Y si te doy un consejo, no me vas a escuchar.
16El rey Sedecías juró en secreto a Jeremías:
—¡Vive el Señor, que nos dio esta vida, que no te haré morir, ni te entregaré en manos de esos hombres que buscan tu muerte!
17Jeremías respondió a Sedecías:
—Esto dice el Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: «Si sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, vivirás tú mismo, y no prenderán fuego a esta ciudad. Vivirás tú y tu casa. 18Pero si no te entregas a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos, que le prenderán fuego, y tú no escaparás de sus manos».
19El rey Sedecías contestó a Jeremías:
—Yo recelo de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me ultrajen.
20Jeremías le respondió:
—No te entregarán. Escucha la voz del Señor en lo que yo te digo, y te irá bien y salvarás tu vida. 21Pero si te niegas a rendirte, esto es lo que me ha hecho ver el Señor. 22Mira: todas las mujeres que quedaron en el palacio del rey de Judá serán conducidas a los jefes del rey de Babilonia, y ellas irán diciendo:
23Todas tus mujeres y todos tus hijos serán conducidos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que serás apresado por el rey de Babilonia y esta ciudad será incendiada.
24Sedecías contestó a Jeremías:
—Que nadie sepa estas palabras, si no quieres morir. 25Y si los nobles se enteran de que he hablado contigo, y acuden a ti y te dicen: «Cuéntanos lo que hablaste al rey, no nos lo ocultes y no te mataremos: ¿qué te ha dicho el rey?», 26habrás de responderles: «He pedido clemencia al rey para que no me haga volver a la casa de Jonatán a morir allí».
27En efecto, todos los nobles fueron adonde Jeremías y lo interrogaron. Él les respondió de acuerdo con todo lo que el rey le había ordenado. Ellos le escucharon en silencio, pues, en efecto, no se había oído nada de la conversación.
39Jr1El año noveno de Sedecías, rey de Judá, el mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, y le pusieron sitio. 2El año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, el día noveno del mes, la ciudad fue conquistada. 3Entraron todos los jefes del rey de Babilonia y se asentaron ante la Puerta Central, a saber: Nergal–Sar-Éser, Samgar-Nebú, Sar-Sequim, jefe de los eunucos, Nergal-Sar-Éser, jefe de los magos, y todos los restantes nobles del rey de Babilonia.
4Cuando Sedecías, rey de Judá, y todos los soldados los vieron, salieron huyendo de allí durante la noche por el camino que hay junto al jardín real abierto entre los dos muros, y marcharon por el camino de la Arabá. 5Pero el ejército de los caldeos emprendió la persecución tras ellos, y alcanzaron a Sedecías en las llanuras de Jericó. Lo apresaron y lo condujeron a Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Riblá, en el país de Jamat, donde pronunciaron sentencia contra él.
6El rey de Babilonia mandó degollar a los hijos de Sedecías en Riblá ante sus propios ojos. También mandó matar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7Luego el rey de Babilonia hizo sacarle los ojos a Sedecías, lo mandó atar con cadenas de bronce para conducirlo a Babilonia.
8Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a las casas del pueblo, y demolieron las murallas de Jerusalén. 9Al resto del pueblo que había permanecido en la ciudad, a los prófugos que se habían pasado y al resto del pueblo que quedaba, Nebuzaradán, jefe de la escolta, los llevó cautivos a Babilonia. 10En cambio, a la gente más pobre, a los que no tenían nada, Nebuzaradán, jefe de la escolta, los dejó en la tierra de Judá, y les dio viñas y campos.
11Acerca de Jeremías, Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado esta orden a Nebuzaradán, jefe de la guardia real:
12—Llévatelo, vela por él, y no le hagas ningún daño. Haz con él lo que él mismo te diga.
13Nebuzaradán, jefe de la guardia real, Nebusaz–Ban, jefe de los eunucos, Nergal-Sar-Éser, jefe de los magos, y todos los jefes del rey de Babilonia 14dieron órdenes de sacar a Jeremías del atrio de la guardia, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, para que lo condujera a casa. Y permaneció así en medio del pueblo.
15Fue dirigida a Jeremías esta palabra del Señor, mientras estaba todavía detenido en el atrio de la guardia:
16—Vete y dile a Ébed–Mélec, el etíope: «Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Mira que voy a cumplir mis palabras acerca de esta ciudad para mal y no para bien. Se realizarán ante ti aquel día. 17Pero aquel día te libraré —oráculo del Señor—, y no serás entregado en manos de los hombres a quienes temes. 18Ten la seguridad de que te salvaré. No caerás a espada. Conservarás tu vida como botín por haber confiado en mí”» —oráculo del Señor—.
40Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte del Señor, después de que Nebuzaradán, jefe de la guardia real, lo dejara libre en Ramá.
Cuando le hizo venir, estaba sujeto con cadenas, en medio de todos los cautivos de Jerusalén y Judá que iban a ser deportados a Babilonia. 2El jefe de la guardia real tomó a Jeremías y le dijo:
—El Señor, tu Dios, había proclamado esta desgracia sobre ese lugar. 3El Señor la ha traído y ha cumplido lo que había predicho. Les ha sucedido esto porque pecaron contra el Señor y no escucharon su voz. 4Pero ahora, te suelto hoy las cadenas de tus brazos. Si te parece bien venirte conmigo a Babilonia, ven y velaré por ti. Pero si te parece mal venirte conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, tienes toda la tierra por delante. Vete adonde te parezca bueno y recto dirigirte.
5Y cuando aún no se había dado la vuelta, añadió:
—O vuélvete a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha constituido gobernador de las ciudades de Judá, y vive con él entre tu pueblo. O vete adonde mejor te parezca ir.
Y el jefe de la guardia real le dio víveres y regalos y se despidió de él.
6Jeremías se fue donde Godolías, hijo de Ajicam, en Mispá, entre el pueblo que había quedado en el país.
7Cuando todos los jefes del ejército que había por los campos se enteraron de que el rey de Babilonia había nombrado gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, como gobernador del país y le había confiado los hombres, las mujeres, los niños y los pobres del país que no habían sido deportados a Babilonia, 8ellos y sus hombres fueron adonde estaba Godolías en Mispá: Ismael, hijo de Netanías, Yojanán y Jonatán, hijos de Caréaj, Seraías, hijo de Tanjúmet, los hijos de Efay, el natufita, y Yezanías, hijo del maacatita. 9Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, prestó juramento ante ellos y sus hombres diciendo:
—No teman a los siervos de los caldeos. Permanezcan en la tierra y sirvan al rey de Babilonia; así les irá bien. 10Yo he de quedarme en Mispá a disposición de los caldeos que nos vengan. Pero, ustedes, cosechen el vino, las frutas y el aceite, pónganlos en sus almacenes, y habiten en las ciudades que han ocupado.
11También cuantos judíos había en Moab y entre los hijos de Amón, y en Edom y los que en cualquier parte oían que el rey de Babilonia había dejado un resto en Judá y que había constituido gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, 12todos esos judíos regresaron de todos los lugares donde andaban dispersos y vinieron a la tierra de Judá donde Godolías, en Mispá, y cosecharon vino y frutas en abundancia.
13Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de tropas que había por los campos se presentaron a Godolías en Mispá, 14y le dijeron:
—¿Sabes tú que Baalís, rey de los amonitas, ha mandado a Ismael, hijo de Netanías, para quitarte la vida?
Pero Godolías, hijo de Ajicam, no les dio crédito. 15Entonces Yojanán, hijo de Caréaj, habló así a Godolías en secreto en Mispá:
—Iré yo de buena gana, sin que nadie lo sepa, a matar a Ismael, hijo de Netanías. ¿Por qué ha de quitarte la vida? Todos los judíos que se han reunido junto a ti tendrían que dispersarse, y perecería el resto que queda de Judá.
16Pero Godolías, hijo de Ajicam, respondió a Yojanán, hijo de Caréaj:
41Jr1Pero el mes séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de estirpe real, acompañado de unos nobles del rey y diez hombres más, se presentó ante Godolías, hijo de Ajicam, en Mispá. Allí en Mispá comieron juntos. 2En un momento se levantaron Ismael, hijo de Netanías, y los diez hombres que estaban con él, e hirieron a espada a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán. Así asesinaron al que el rey de Babilonia había constituido gobernador del país. 3Ismael mató también a todos los judíos que estaban con Godolías en Mispá y a los militares caldeos que se encontraban allí.
4Al día siguiente de haber asesinado a Godolías, cuando aún no se sabía, 5llegaron unos hombres de Siquem, de Siló y de Samaría, unos ochenta en total. Llevaban la barba rasurada, la ropa rasgada y se habían hecho incisiones. Portaban ofrendas e incienso para presentarlos en el Templo del Señor. 6Ismael, hijo de Netanías, salió de Mispá a su encuentro, llorando mientras caminaba. Cuando se encontró con ellos les dijo:
—¡Vengan con Godolías, hijo de Ajicam!
7Pero cuando llegaron al centro de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, con sus hombres, los degolló y los arrojó a una alberca. 8Se encontraban entre ellos diez hombres que dijeron a Ismael:
—¡No nos mates!, pues tenemos escondidos en el campo trigo, cebada, aceite y miel.
Él se detuvo y no los hizo matar con sus hermanos. 9La alberca, donde Ismael arrojó todos los cadáveres de los hombres que había asesinado, es la alberca grande que había construido el rey Asá, por temor a Basá, rey de Israel. Ismael, hijo de Netanías, la llenó de víctimas.
10Ismael apresó a todos los del pueblo que quedaban en Mispá, a las princesas y a toda la gente que quedaba en Mispá, y que Nebuzaradán, jefe de la guardia real, había confiado a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Netanías, se los llevó cautivos y se fue para pasarse a los amonitas.
11Cuando Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas que estaban con él se enteraron de todo el mal que había cometido Ismael, hijo de Netanías, 12tomaron a todos los hombres y marcharon a combatir contra Ismael, hijo de Netanías. Lo encontraron junto al estanque grande de Gabaón. 13Cuando todas las gentes que estaban con Ismael vieron a Yojanán, hijo de Caréaj, y a los jefes de tropas que iban con él se regocijaron. 14Todo el pueblo que Ismael llevaba cautivo desde Mispá se dio la vuelta y se pasó a Yojanán, hijo de Caréaj. 15Pero Ismael, hijo de Netanías, con ocho hombres, se escapó de Yojanán y se fue a los amonitas.
16Entonces, Yojanán, hijo de Caréaj, y los jefes de las tropas que le seguían, tomaron al resto de la gente que Ismael, hijo de Netanías, había llevado cautiva desde Mispá, después de haber asesinado a Godolías, hijo de Ajicam. Eran varones, soldados, mujeres, niños y eunucos, a los que hizo regresar de Gabaón. 17Se pusieron en camino, e hicieron una parada en Guerut–Quimham, que está junto a Belén, para continuar la marcha y llegar a Egipto 18a causa de los caldeos, a quienes temían, porque Ismael, hijo de Netanías, había asesinado a Godolías, hijo de Ajicam, a quien el rey de Babilonia había establecido como gobernador del país.
42Jr1Todos los jefes de las tropas, con Yojanán, hijo de Caréaj, Yaazanías, hijo de Oseas, y todo el pueblo, desde el pequeño al mayor, acudieron 2y dijeron al profeta Jeremías:
—Acoge, por favor, nuestra súplica y ruega al Señor, tu Dios, por nosotros, por todo este resto, pues hemos quedado pocos de los muchos que éramos, como pueden vernos tus ojos. 3Que el Señor, tu Dios, nos señale el camino que hemos de recorrer y lo que debemos hacer.
4El profeta Jeremías les respondió:
—Los escucho. Rogaré al Señor, su Dios, según sus deseos. Todo lo que responda el Señor acerca de ustedes se los haré saber, sin ocultarles nada.
5Ellos contestaron a Jeremías:
—¡Sea el Señor testigo veraz y fiel contra nosotros si no cumplimos todo lo que el Señor, tu Dios, te mande acerca de nosotros! 6Sea grata o no grata, obedeceremos a la voz del Señor, nuestro Dios, a quien te enviamos, para que nos vaya bien por haber obedecido a la voz del Señor, nuestro Dios.
7Al cabo de diez días la palabra del Señor se dirigió a Jeremías. 8Éste llamó a Yojanán, hijo de Caréaj, y a todos los jefes de las tropas que le seguían, y a todo el pueblo, desde el pequeño al mayor. 9Y les dijo:
—Esto dice el Señor, Dios de Israel, a quien me han enviado para presentarle nuestra súplica: 10«Si se quedan a vivir en esta tierra, Yo los edificaré y no los destruiré, los plantaré y no los arrancaré, pues me pesa ya el mal que les he causado. 11No teman al rey de Babilonia, ante cuya presencia están atemorizados. No le tengan miedo —oráculo del Señor—, porque Yo estoy con ustedes para salvarlos y librarlos de sus manos. 12Yo les obtendré misericordia para que se apiade de ustedes y les deje habitar en su propia tierra. 13Pero si dicen: “No habitaremos en esta tierra”, desobedeciendo a la voz del Señor, su Dios, 14diciendo: “¡No, iremos al país de Egipto!, donde no veamos más la guerra, ni oigamos ya el sonido de la trompeta, ni pasemos hambre, y habitaremos allí”, 15entonces escuchen la palabra del Señor, resto de Judá. Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Si se empecinan en poner su esperanza en Egipto para ir allí y habitar en él, 16entonces, la espada que temen los alcanzará allí, en el país de Egipto; el hambre que les preocupa los perseguirá en Egipto, y allí morirán. 17Cualquiera que ponga su esperanza en ir a Egipto para habitar allí morirá a espada, por hambre y de peste, nadie escapará ni podrá evadirse de la desgracia que traeré sobre ellos”. 18Porque esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Así como se ha derramado mi ira y mi furor sobre los habitantes de Jerusalén, así se derramará mi furor sobre ustedes cuando entren en Egipto, y serán objeto de maldición y escarnio, de execración y oprobio, y no verán más este lugar”».
19»El Señor ha hablado acerca de ustedes, resto de Judá: «¡No vayan a Egipto! Sepan bien que se los lo advierto hoy». 20Ustedes mismos se engañan, pues me enviaron al Señor, su Dios, pidiendo: «Intercede por nosotros ante el Señor, nuestro Dios; todo lo que diga el Señor, nuestro Dios, indícanoslo y lo haremos». 21Se los he indicado hoy, pero no obedecen a la voz del Señor, su Dios, en todo lo que me ha mandado acerca de ustedes. 22Ahora, pues, sepan bien que a espada, por hambre y de peste van a morir en el lugar donde quieren vivir.
43Jr1Cuando Jeremías terminó de decir a todo el pueblo las palabras del Señor, su Dios, todas estas palabras que el Señor, su Dios, le había enviado a decirles, 2Azarías, hijo de Oseas, Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los hombres soberbios dijeron a Jeremías:
—Estás diciendo mentiras. El Señor, nuestro Dios, no te ha mandado decir: «No vayan a Egipto, a habitar allí», 3sino que es Baruc, hijo de Nerías, quien te instiga en contra nuestra para entregarnos en manos de los caldeos, para que nos maten o nos deporten a Babilonia.
4Y ni Yojanán, hijo de Caréaj, ni los jefes de las tropas, ni el pueblo entero obedecieron a la voz del Señor para que habitaran en la tierra de Judá.
5Así pues, Yojanán, hijo de Caréaj, y los jefes de las tropas tomaron a todos los restos de Judá, que habían vuelto de cuantas naciones habían sido dispersados para habitar en la tierra de Judá: 6los hombres y las mujeres y los niños, y las hijas del rey, todas las personas que Nebuzaradán, jefe de la guardia real, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías. 7Y se fueron a Egipto, sin obedecer a la voz del Señor, y llegaron hasta Tafnes.
8La palabra del Señor se dirigió a Jeremías en Tafnes, diciendo:
9—Toma con tus manos unas piedras grandes y entiérralas, a la vista de los hombres de Judá, en la argamasa del pavimento que hay ante la puerta del palacio del faraón en Tafnes. 10Y les dirás: «Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Voy a enviar en búsqueda de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, asentaré su trono sobre estas piedras que he enterrado para que extienda sobre ellas su pabellón. 11Él vendrá y herirá la tierra de Egipto: quien esté destinado a la muerte, a la muerte irá; quien a la cautividad, a la cautividad; quien a la espada, a la espada. 12Prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los abrasará, se los llevará cautivos y despiojará la tierra de Egipto como el pastor despioja su zamarra, y saldrá de allí tranquilamente. 13Destruirá los obeliscos del templo del Sol que hay en la tierra de Egipto y prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto”».
44Jr1Palabra que fue dirigida a Jeremías acerca de cuantos judíos habitaban en tierra de Egipto, residentes en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la región de Patrós:
2—Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Ustedes han visto cuántas desgracias he traído sobre Jerusalén y todas las ciudades de Judá: hoy día son ruinas y no hay quien habite en ellas, 3debido al mal que han hecho, provocando mi ira, al irse a quemar incienso y a rendir culto a dioses extranjeros, a los que no conocían ni ellos ni sus padres. 4Yo les envié repetidamente a mis siervos los profetas, con el encargo de decirles: «No hagan tal cosa abominable que detesto». 5Pero no escucharon ni prestaron oídos para convertirse de su perversidad dejando de quemar incienso a dioses extranjeros, 6y se derramó mi furor y mi cólera, y se inflamó en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que se convirtieron en ruina y desolación, tal como están hoy».
7»Ahora, esto dice el Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: «¿Por qué hacen en contra de ustedes mismos un mal tan grande hasta exterminar de entre ustedes hombres y mujeres, niños y lactantes de en medio de Judá, sin dejarles ni un resto, 8y me irritan con las obras de sus manos quemando incienso a dioses extranjeros en la tierra de Egipto, adonde han venido para habitar en ella, para que los extermine y lleguen a ser maldición y oprobio de todas las naciones de la tierra? 9¿Es que han olvidado las maldades de sus padres, las maldades de los reyes de Judá, las maldades de sus mujeres, sus maldades y las maldades de sus mujeres, que se cometieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10No se han arrepentido hasta el día de hoy. No han tenido temor, ni han caminado según la Ley y los mandamientos que entregué a ustedes y a sus padres».
11»Por eso, así dice el Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: «Pongo mi rostro en contra suya para mal y para lacerar a todo Judá. 12Agarraré al resto de Judá, los que se han obstinado en ir a la tierra de Egipto para habitar allí: todos serán acabados en la tierra de Egipto. Caerán a espada, morirán de hambre desde el pequeño al mayor; a espada y de hambre morirán, y serán objeto de maldición y escarnio, de execración y oprobio. 13Castigaré a los que habiten en la tierra de Egipto lo mismo que castigué a Jerusalén: a espada, hambre y peste. 14No habrá fugitivo ni superviviente del resto de Judá que haya ido a habitar en la tierra de Egipto para regresar a la tierra de Judá, en la que ellos ansían volver a vivir. Pero no regresarán sino los que se fuguen».
15Entonces, cuantos hombres sabían que sus mujeres quemaban incienso a dioses extranjeros, y todas las mujeres que se habían congregado en gran asamblea, y todo el pueblo que residía en Patrós, en tierra de Egipto, contestaron a Jeremías:
16—La palabra que nos has hablado en Nombre del Señor no te la vamos a escuchar, 17sino que vamos a hacer todo lo que hemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos y ofrecerle libaciones, como hicimos nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestras autoridades en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, cuando nos hartábamos de pan, éramos felices y no veíamos la desgracia. 18Pero desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de ofrecerle libaciones, nos falta de todo, y la espada y el hambre acaban con nosotros. 19Y cuando nosotras quemamos incienso a la Reina de los Cielos y le ofrecemos libaciones, ¿acaso le hacemos tortas con su imagen y le ofrecemos libaciones sin el consentimiento de nuestros maridos?
20A su vez respondió Jeremías a todo el pueblo, varones y mujeres, y a cuantos le habían contestado tales palabras:
21—¿Pero no es aquel incienso que ustedes y sus padres, sus reyes, sus autoridades y el pueblo llano quemaban en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, lo que el Señor recuerda y tiene en su memoria? 22El Señor no podía soportar más la maldad de sus acciones y las abominaciones que obraban. Por eso ha dejado su tierra en ruinas y como objeto de maldición y escarnio, deshabitada, hasta el día de hoy. 23Porque quemaron incienso y pecaron contra el Señor, y no obedecieron a la voz del Señor, ni caminaron según su Ley, sus mandamientos y preceptos, por eso es por lo que ha caído contra ustedes esta desgracia, tal como sucede hoy.
24Y dijo Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres:
—Todos los de Judá que están en la tierra de Egipto: ¡escuchen la palabra del Señor! 25Esto dice el Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: «Ustedes y sus mujeres lo dicen con sus bocas y lo cumplen con sus manos: “Haremos los votos que hemos prometido de quemar incienso a la Reina de los Cielos y derramarle libaciones”. ¡Cumplirán, sí, sus votos. Harán, sí, sus votos!» 26Pero escuchen la palabra del Señor todos los de Judá que habitan en la tierra de Egipto: «Yo juro por mi gran Nombre, dice el Señor: “No será más invocado mi Nombre por boca de ninguno de Judá, en toda la tierra de Egipto, diciendo: ‘¡Viva mi Señor Dios!’. 27Pues Yo estoy vigilando sobre ellos para mal, no para bien, y todos los hombres de Judá que están en la tierra de Egipto acabarán a espada y de hambre hasta su exterminio. 28Los que escapen de la espada, que serán hombres contados, podrán regresar de la tierra de Egipto a la de Judá. Todos los restantes de Judá, que entraron en la tierra de Egipto para residir allí, se enterarán cuál es la palabra que se cumple, si la mía o la de ellos. 29Ésta será para ustedes la señal —oráculo del Señor—: que los castigaré en este lugar, para que sepan que realmente se cumplen mis amenazas para su mal”». 30Esto dice el Señor: «Miren que Yo voy a entregar al faraón Jofrá, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, en manos de los que atentan contra su vida, lo mismo que entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo que atentaba contra su vida».
45Jr1Palabra que el profeta Jeremías dirigió a Baruc, hijo de Nerías, cuando escribió estas palabras en un volumen, al dictado de Jeremías, en el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá:
2—Esto dice el Señor, Dios de Israel, acerca de ti, Baruc: 3«Tú dices: “¡Ay de mí, que el Señor no hace más que añadir penas a mi dolor! Estoy agotado de gemir. No encuentro reposo”. 4Así le has de hablar: “Esto dice el Señor: lo que Yo había edificado, Yo lo destruyo; lo que Yo había plantado, Yo lo arranco, y esto en toda la tierra. 5Y tú ¿pretendes cosas grandes para ti? No las pretendas, que voy a traer desgracia sobre toda carne —oráculo del Señor—, pero a ti te concedo la vida como botín en cualquier lugar donde vayas”».