COMENTARIO

 Jr 46,2-28 

Durante los últimos años de Judá muchos eran partidarios de una alianza con Egipto para, con su ayuda, poder hacer frente al poder babilónico. Sin embargo, Jeremías siempre fue contrario a una alianza de este tipo, ya que era un modo de eludir la solución verdadera que consistía en convertirse al Señor y ser fieles a la Alianza. Además existía el peligro de idolatría en la que se podía caer como consecuencia de relaciones amistosas con otros pueblos vecinos. También Isaías (Is 19,1-15) y Ezequiel (Ez 29,1-32,32) tienen oráculos dirigidos a Egipto, aunque en el caso de Isaías se concluyen con una esperanza de conversión.

Contra Egipto se recogen aquí dos oráculos. El primero (vv. 3-12) se centra en la expedición del faraón Necó contra Babilonia el año 605 a.C. Su ejército dio muerte al rey Josías de Judá cuando salió a su encuentro para detener su campaña (2 R 23,29-30; 2 Cro 35,20-24). Sin embargo, ese mismo año fue derrotado en Carquemís por los babilonios. Presenta por duplicado la exhortación de los jefes al combate (vv. 3-4; 9) y la derrota humillante de los egipcios a orillas del Éufrates (vv. 5-6; 10-12). El poder de Egipto (vv. 7-8) es vencido por no contar con el Señor, y su derrota se contempla como un sacrificio de alabanza al Señor (v. 10).

El segundo (vv. 13-24) gira en torno a la campaña de Nabucodonosor contra Egipto. De ella no se tienen otras referencias históricas. En el oráculo se narra la invasión del rey babilonio, como instrumento en las manos de Dios (vv. 15-16), avanzando con majestuosidad (v. 18) contra un faraón que ha sido un falso apoyo (v. 17), refiriéndose quizá a Jofrá, que no fue de ayuda real para los judíos durante el asedio babilonio. El poderío del ejército invasor humillará a Egipto (vv. 20-24).

En los dos oráculos se presenta a Egipto derrotado y retrocediendo ante el furor de sus adversarios. No es, pues, un aliado adecuado en el que buscar ayuda. La sección termina con esperanza: después de una promesa de restauración a Egipto (vv. 25-26), se añade una llamada a la casa de Israel para que confíe en el Señor (vv. 27-28; cfr 30,10-11), a pesar de los castigos que de Él recibe. Con ello el profeta vuelve a proclamar que el Dios de Israel es justo y Señor de todos los pueblos. Corrige por los pecados, para llamar a la conversión. «La pena tiene sentido no sólo porque sirve para pagar el mismo mal objetivo de la transgresión con otro mal, sino ante todo porque crea la posibilidad de reconstruir el bien en el mismo sujeto que sufre. Éste es un aspecto importantísimo del sufrimiento. Está arraigado profundamente en toda la Revelación de la Antigua y, sobre todo, de la Nueva Alianza. El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. La penitencia tiene como finalidad superar el mal, que bajo diversas formas está latente en el hombre, y consolidar el bien tanto en uno mismo como en su relación con los demás y, sobre todo, con Dios» (S. Juan Pablo II, Salvifici doloris, n. 12).

«Tu toro» (v. 15). Parece que tiene dos sentidos: puede referirse tanto al toro Apis, representación del dios Ptah, protector de Menfis, como al bien armado ejército egipcio. La palabra hebrea que designa a «toro», significa también «fuerte». El empleo aquí de este vocablo querría indicar el contraste entre «el fuerte de Egipto», el dios Apis, y «el fuerte de Jacob», el Señor, Dios de Israel (cfr Is 1,24; 49,26; 60,16; Sal 132,2.5; Gn 49,24).

«Amón de No» (v. 25). Amón es la principal divinidad egipcia, que se veneraba especialmente en Tebas, capital del Alto Egipto, que en hebreo se llama No.

Volver a Jr 46,2-28