TERCERA PARTE:
ORÁCULOS SOBRE LAS NACIONES

46Jr1La palabra del Señor se dirigió al profeta Jeremías acerca de las naciones.

Egipto

2Acerca de Egipto.

Contra el ejército del faraón Necó, rey de Egipto, que llegó hasta Carquemís, junto al río Éufrates, y que fue derrotado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá:

3«Preparen escudo y adarga,
apréstense para el combate.
4Unzan los caballos,
monten, caballeros.
Pónganse los cascos,
bruñan las lanzas,
vístanse las corazas,
5¿Pero qué es lo que veo?
Están espantados,
¡retroceden!
Sus guerreros son batidos,
se dan a la fuga, sin volver la mirada:
¡terror por todas partes!
—oráculo del Señor—.
6Ni el veloz consigue escapar,
ni el fuerte se libra.
Hacia el norte, a la orilla del río Éufrates,
tropiezan y caen.
7¿Quién es ese, que crece como el Nilo,
cuyas aguas producen el estruendo de los ríos?
8Egipto. Crece como el Nilo,
y sus aguas producen el estruendo de los ríos.
Él se decía: «Creceré, inundaré la tierra,
haré perecer la ciudad y a quienes la habitan».
9¡Avancen, caballos,
láncense a la carrera, carros!
¡Salgan los guerreros,
los de Etiopía y Somalia, escudo al brazo,
y los de Lud, tensando el arco!
10Este día es para el Señor, Dios de los ejércitos,
día de venganza, de desquite de sus enemigos:
la espada devora, se sacia,
se embriaga de su sangre.
Es un sacrificio para el Señor, Dios de los ejércitos,
en la tierra del norte, junto al río Éufrates.
11¡Sube a Galaad en busca de bálsamo,
doncella, hija de Egipto!
En vano repites las medicinas:
no tienes curación.
12Las naciones se enteran de tu humillación,
tus gritos llenan la tierra:
guerrero con guerrero tropezaron,
ambos caen juntos.

13Palabra que dirigió el Señor al profeta Jeremías cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue a herir la tierra de Egipto:

14«¡Anúncienlo en Egipto, proclámenlo en Migdol,
publíquenlo en Menfis y en Tafnes!
Digan: “¡Ponte en pie, prepárate,
que la espada devora a tu alrededor!”.
15¿Cómo es que está derribado tu toro?
No se sostiene porque el Señor lo derribó.
16Él ha hecho que tropiecen muchos,
y también que caigan
el uno sobre el otro, diciéndose:
“¡Arriba! Volvámonos a nuestro pueblo,
a nuestra tierra natal,
lejos de la espada mortífera”.
17Pongan por nombre al faraón, rey de Egipto:
“Estruendo a destiempo”.
18¡Por mi vida —oráculo del Rey,
cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos—,
lo mismo que el Tabor entre los montes
y que el Carmelo junto al Mar,
así ha de venir.
19Hazte el hato de destierro,
hija que mora en Egipto,
pues Menfis va a ser un desierto,
será incendiada, quedará despoblada.
20Muy hermosa novilla es Egipto,
pero un tábano le llega desde el norte.
21Lo mismo sus mercenarios en medio de ella
son como terneros cebados de establo,
ellos también vuelven la espalda,
huyen a una, sin pararse,
pues les ha llegado el día funesto,
la hora de su castigo.
22Su voz es como de serpiente sibilante,
pues, como un ejército, avanzan,
con hachas llegan hasta ella
como los leñadores.
23Talan sus bosques —oráculo del Señor—,
aunque sean impenetrables,
aunque sean más numerosos que la langosta
e incontables.
24Avergonzada está la hija de Egipto,
entregada en manos de un pueblo del norte».

25Dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:

«Voy a castigar a Amón de No, al faraón, a Egipto, a sus dioses y a sus reyes, al faraón y a los que confían en él. 26Voy a entregarlos en manos de los que atentan contra sus vidas, en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos. Después será habitada como en los días antiguos —oráculo del Señor—.

27Pero tú, no temas,
siervo mío, Jacob,
no te asustes, Israel,
porque Yo te salvaré de la tierra lejana,
y a tu descendencia del país de su destierro.
Jacob volverá y descansará,
estará tranquilo,
y nadie lo hará temblar.
28Tú, Jacob, siervo mío, no temas
—oráculo del Señor—,
porque Yo estoy contigo.
Pues acabaré con todas las naciones
donde te dispersé.
Pero contigo no acabaré,
sino que te castigaré con clemencia,
aunque no te dejaré impune».

Filistea

47Jr1Palabra del Señor contra los filisteos, dirigida al profeta Jeremías, antes de que el faraón batiera a Gaza. 2Esto dice el Señor:

«Desde el norte crecen aguas,
son un torrente que se desborda,
inunda el país y cuanto hay en él,
la ciudad y sus habitantes.
Gritan los hombres,
gimen todos los moradores del país.
3Al estrépito del pisar de los cascos de sus corceles,
al retumbar de sus carros,
al fragor de sus ruedas,
los padres no se cuidan de sus hijos,
pues sus manos no tienen fuerza.
4Ha llegado el día de la ruina
de todos los filisteos,
de cortar a Tiro y a Sidón
todo auxiliar que les quedaba.
Pues el Señor arruina a los filisteos,
los restos de la isla de Creta.
5Gaza se queda calva,
Ascalón, muda.
Resto de los anaquitas,
¿hasta cuándo se harán incisiones?
6¡Ay, espada del Señor!
¿Hasta cuándo no descansarás?
Retírate a tu vaina,
cálmate y guarda silencio.
7¿Cómo va a descansar
si el Señor le ha dado órdenes?
En Ascalón y en la costa del Mar,
allí le ha dado cita».

Moab

48Jr1Acerca de Moab. Esto dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel:
«¡Ay de Nebo, que ha sido devastado!
¡Ay de Quiriataim, avergonzada, tomada!
¡Ay de Misgab, avergonzada, abatida!
2No existe ya la gloria de Moab.
En Jesbón se trama desgracia contra él:
“Vayamos y borrémoslo entre las naciones”.
También tú, Madmén, serás reducida al silencio,
te perseguirá la espada.
3Ruido de gritos desde Joronaim,
devastación, enorme quebranto.
4Moab está destrozado,
sus gritos se hacen oír hasta Seír.
5Por la cuesta de Lujit
suben llorando,
por la bajada de Joronaim
se oyen gritos de quebranto:
6“Huyan, salven sus vidas,
como el tamarisco en el desierto”.
7Por haber puesto tu confianza
en tus obras y en tus tesoros,
tú también serás tomada;
Camós partirá al destierro,
junto con sus sacerdotes y sus príncipes.
8A toda ciudad llegará el devastador,
ninguna ciudad se librará.
Será desolado el valle
y destruidas las planicies,
según ha dicho el Señor.
9Den alas a Moab
para que pueda volar:
sus ciudades serán una desolación,
sin que nadie las habite.
10Maldito el que hace la obra del Señor con negligencia.
Maldito quien retrae su espada de la sangre.
11Tranquilo está Moab desde su juventud,
reposando con sus posos,
sin ser vertido de una tinaja a otra,
sin marchar al destierro.
Por eso conserva su sabor
y no ha cambiado su aroma.

12»Pero vienen días —oráculo del Señor—, en que le enviaré tinajeros que lo trasvasen: vaciarán sus tinajas y romperán sus odres. 13Y Moab se avergonzará de Camós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, donde había puesto su confianza.

14¿Cómo presumían de valientes,
de hombres fuertes para la guerra?
15Sube el devastador de Moab y sus ciudades,
baja al matadero la flor de su juventud
—oráculo del Rey cuyo Nombre es
el Señor de los ejércitos—.
16Se acerca la ruina de Moab,
se precipita su desgracia.
17Compadézcanle todos sus vecinos,
todos los que conocen su nombre.
Digan: “¿Cómo se quebró un cayado tan poderoso,
un cetro tan magnífico?”.
18Baja de la gloria, siéntate en el polvo,
habitante de Dibón,
porque el devastador de Moab sube contra ti,
destruye tus fortalezas.
19Detente en el camino y otea,
habitante de Aroer.
Pregunta al fugitivo y a la que se libró,
dile: “¿Qué ha ocurrido?”.
20Gime, clama:
“Avergonzado está Moab, por derrotado”.
Anuncien en el Arnón:
“Moab está devastado”.

21»Llegó el juicio contra la tierra de la meseta, contra Jolón, Yahsa y Mefáat, 22contra Dibón, Nebo y Bet–Diblataim, 23contra Quiriataim, Bet–Gamul y Bet-Meón, 24contra Queriot y Bosrá y contra todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las cercanas.

25Se partió el cuerno de Moab,
se rompió su brazo
—oráculo del Señor—.

26»Emborráchenle, porque se engrió ante el Señor, y que se revuelque Moab en su vómito, y sea también objeto de burla. 27¿No fue Israel para ti objeto de burla? ¿Es que fue sorprendido entre ladrones, para que hagas muecas con la cara cada vez que hablas de él?

28Abandonen las ciudades y moren entre peñas,
habitantes de Moab,
y sean como paloma que anida
en los huecos de los flancos de los taludes.
29Llegó a nuestros oídos la altivez de Moab,
¡es tan arrogante!,
su orgullo, su soberbia, su altanería,
su corazón engreído.

30»Yo conozco su insolencia —oráculo del Señor—, que no son reales sus imaginaciones, no es verdad lo que hacen. 31Por eso gimo por Moab, grito por todo Moab, sollozo por los hombres de Quir–Jeres.

32Más que por Yazer lloraré por ti,
viña de Sibmá.
Tus cepas pasaban el Mar,
llegaban hasta el mar de Yazer.
Sobre tu cosecha y tu vendimia
se lanzó el devastador.
33Se acabaron la alegría y el gozo
en el vergel y en el país de Moab.
Hice agotar el vino en los lagares,
ya no pisará el pisador:
su canto ya no se cantará.

34»Los gritos de Jesbón llegan hasta Elalé y Yahás, hacen oír su clamor desde Soar hasta Joronaim y Eglat–Selisías, porque hasta las aguas de Nimrim se han vuelto un desierto. 35Yo acabaré —oráculo del Señor— con los que suben a los altos en Moab y queman incienso a sus dioses. 36Por eso, mi corazón gime por Moab como las flautas, mi corazón gime por los hombres de Quir–Jeres como las flautas, porque todos los ahorros que hicieron los han perdido. 37Pues toda cabeza ha sido rapada y toda barba rasurada, en todos los brazos hay incisiones, y sobre las espaldas, sacos. 38Por todos los terrados de Moab y por sus calles todo son llantos, porque he roto a Moab como cántaro de desecho —oráculo del Señor—. 39¡Qué arruinado está! Giman. ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab lleno de vergüenza! Moab será la burla y el horror de todos sus vecinos».

40Porque esto dice el Señor:

«Véanlo. Como un águila, vuela
y extiende sus alas sobre Moab.
41Las ciudades serán conquistadas,
tomadas las plazas fuertes,
y aquel día el corazón de los guerreros de Moab
será como corazón de mujer en parto.
42Aniquilado como pueblo está Moab,
porque se engrió contra el Señor.
43Pánico, fosa y trampa
contra ti, habitante de Moab
—oráculo del Señor—.
44Quien huya de pánico
caerá en la fosa,
y quien consiga salir de la fosa
será atrapado en la trampa.
Que Yo traeré sobre él, sobre Moab,
el año de su castigo
—oráculo del Señor—.
45A la sombra de Jesbón se detienen,
sin fuerzas, los fugitivos.
Pero de Jesbón sale fuego,
y de la casa de Sijón, llamas,
que devoran las sienes de Moab
y el cráneo de los hijos del estruendo.
46¡Ay de ti, Moab!
¡Estás perdido, pueblo de Camós!
pues tus hijos han sido llevados en cautiverio
y tus hijas en cautividad.
47Pero Yo haré volver a los desterrados de Moab
en los últimos días»
—oráculo del Señor—.
Hasta aquí el juicio sobre Moab.

Amón

49Jr1A los hijos de Amón.
Esto dice el Señor: «¿Es que no tiene hijos Israel?,
¿es que no tiene heredero?
¿Por qué Milcom tomó la heredad de Gad,
y su pueblo habita en sus ciudades?
2Por eso, vienen días
—oráculo del Señor—
en que haré oír contra Rabá de los amonitas
el toque de combate:
se convertirá en colina de ruinas,
sus hijas serán abrasadas por el fuego,
e Israel heredará a quienes lo heredaron
—dice el Señor—.
3Gime, Jesbón, porque Ay está devastada.
Clamen, hijas de Rabá,
vístanse de saco, hagan duelo,
vagabundeen por los cercados,
porque Milcom marcha al cautiverio,
junto con sus sacerdotes y sus príncipes.
4¿Por qué te jactas de tus valles?, de tu valle fértil,
hija rebelde,
que confía en sus tesoros:
“¿Quién vendrá contra mí?”.
5Pues Yo traeré contra ti el pánico
—oráculo del Señor, Dios de los ejércitos—
desde todos tus alrededores:
serán dispersados cada cual por su lado,
y no habrá quien reúna a los fugitivos.
6Pero después de esto
Yo haré volver a los desterrados de los hijos de Amón»
—oráculo del Señor—.

Edom

7A Edom.
Esto dice el Señor de los ejércitos:
«¿Es que no queda ya sabiduría en Temán?
¿Ha desaparecido de los prudentes el consejo?
¿Se ha corrompido su sabiduría?
8Huyan, diríjanse a morar en quebradas profundas,
habitantes de Dedán,
porque traigo contra él la desgracia de Esaú,
el tiempo de su castigo.
9Cuando vengan a ti los vendimiadores
no dejarán rebusco,
cuando vengan los ladrones, de noche,
saquearán cuanto quieran.
10Porque Yo expolio a Esaú,
descubro sus escondrijos
y no podrá ocultarse.
Su estirpe está destruida,
y sus hermanos, y sus vecinos.
No existe ya.
11Abandona a tus huérfanos,
Yo haré que vivan;
y tus viudas en mí confiarán».

12Porque esto dice el Señor: «Quienes no estaban condenados a beber la copa, sin embargo la beberán. Pero tú, ¿vas a quedar impune? ¡De ninguna manera quedarás impune, sino que la beberás sin remedio! 13Porque he jurado por Mí —oráculo del Señor— que Bosrá será objeto de horror y oprobio, de desolación y maldición, y que todas sus ciudades serán ruinas para siempre.

14Un aviso he recibido de parte del Señor,
un heraldo ha sido enviado a las naciones:
“¡Reúnanse y marchen contra él,
álcense para la guerra!”.
15Te convierto en la nación más pequeña,
despreciada de los hombres.
16Te han engañado tu aberración
y el orgullo de tu corazón.
Tú, que moras en las cuevas de las rocas
y ocupas las alturas de los montes,
aunque eleves tu nido como las águilas,
Yo te haré bajar
—oráculo del Señor—.

17»Edom será objeto de horror. Cualquiera que pase por él quedará estupefacto y dará silbidos ante todas tus llagas. 18Como en la destrucción de Sodoma y Gomorra y sus vecinas —dice el Señor—, no habitará allí nadie, ni residirá en ella ningún hijo de hombre. 19Como un león que sube de la espesura del Jordán a las praderas siempre verdes, así, al instante, lo ahuyentaré de allí y estableceré en ellas a quien Yo elija. Porque ¿quién hay como Yo? ¿Quién me pedirá cuentas? Y ¿quien es el pastor que me plante cara? 20Por tanto, escuchen la decisión que ha tomado el Señor sobre Edom y los designios que tiene sobre los habitantes de Temán:

Cierto que serán arrastradas
hasta las ovejas pequeñas del rebaño,
cierto que sus praderas quedarán asoladas.
21Al estruendo de su caída la tierra se estremece,
el clamor de sus gritos se oye en el Mar Rojo.
22Miren, sube y vuela como un águila,
extiende sus alas sobre Bosrá.
Aquel día, el corazón de los guerreros de Edom
será como el corazón de una mujer en parto».

Damasco

23A Damasco.
«Avergonzadas están Jamat y Arpad,
pues mala nueva han escuchado;
se agitan como el mar, se inquietan,
no pueden calmarse.
24Damasco desfallece, se dispone a la fuga,
le agarra un temblor,
le apresan angustia y dolores como de parturienta.
25¡Cómo está abandonada la ciudad famosa,
la ciudad alegre!
26Caen sus jóvenes en sus calles,
y enmudecen sus guerreros aquel día
—oráculo del Señor de los ejércitos—.
27Yo prenderé fuego a los muros de Damasco,
que devorará los palacios de Ben–Hadad».

Quedar y los reinos de Jasor

28A Quedar y a los reinos de Jasor, que hirió Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Esto dice el Señor:
29«¡Álcense, suban a Quedar,
devasten a los hijos del oriente!
Que les arrebaten sus tiendas y sus rebaños,
sus toldos y todo su ajuar,
que se lleven sus camellos,
y les griten: “Terror por todos lados”.
30¡Huyan, escapen a prisa,
busquen morada en quebradas profundas,
habitantes de Jasor!
—oráculo del Señor—,
porque Nabucodonosor, rey de Babilonia,
ha tomado una decisión en contra suya
y ha concebido un plan contra ustedes.
31¡Álcense, marchen contra una gente tranquila,
que vive confiada!
—oráculo del Señor—:
no tiene puertas ni cerrojos,
habita en solitario.
32Sus camellos servirán de botín,
y sus rebaños inmensos, de presa.
Dispersaré a todos los vientos
a los de sienes rapadas,
y les traeré la desgracia por todos lados.
33Jasor será guarida de chacales,
desierto perpetuo.
Nadie habitará allí,
ni morará en ella hijo de hombre».

Elam

34Palabra del Señor que vino al profeta Jeremías sobre Elam, al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá.

35Esto dice el Señor de los ejércitos:

«Yo quebraré el arco de Elam,
fundamento de su fuerza.
36Traeré sobre Elam los cuatro vientos,
desde los cuatro extremos de los cielos,
Yo los dispersaré a todos esos vientos,
y no habrá nación adonde no lleguen
los fugitivos de Elam.
37Haré que Elam se espante ante sus enemigos
y ante los que buscan su muerte.
Traeré sobre ellos la desgracia,
el furor de mi cólera
—oráculo del Señor—.
Tras ellos enviaré la espada
hasta que acabe con ellos.
38Pondré mi trono en Elam
y haré que perezcan su rey y sus príncipes
—oráculo del Señor—.
39Pero en los últimos días
haré volver a los cautivos de Elam»
—oráculo del Señor—.

Babilonia

50Jr1Palabra que habló el Señor sobre Babilonia y sobre el país de los caldeos, por medio del profeta Jeremías:

2«Anúncienlo a las naciones, hagan que lo oigan;
icen la bandera, pregónenlo,
no lo oculten, digan:
“Babilonia ha sido tomada, avergonzado Bel,
abatido Merodac,
sus estatuas, sumidas en la vergüenza,
derrocados sus ídolos”.

3»Porque del norte sube contra ella una nación que convertirá su tierra en desolación, y no habrá quien la habite: hombres y animales huyen, se van. 4En aquellos días, en aquel tiempo —oráculo del Señor—, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntos. Harán el camino llorando y buscarán al Señor, su Dios. 5Preguntarán por Sión, encaminando sus pasos acá: “Vengan, unámonos con el Señor con alianza eterna, inolvidable”. 6Rebaño de ovejas perdidas era mi pueblo, sus pastores las descarriaron, les hicieron vagar por los montes, iban de montaña a collado, habían olvidado su aprisco. 7Cualquiera que se las encontraba, las devoraba; sus enemigos decían: “No somos culpables, ya que han pecado contra el Señor, asiento de la justicia y esperanza de sus padres, el Señor”.

8¡Huyan de Babilonia
y de la tierra de los caldeos! ¡Salgan!
Sean como los machos cabríos al frente del rebaño.
9Porque Yo voy a suscitar y hacer ir contra Babilonia
una alianza de grandes naciones,
desde la tierra del norte,
que se aprestarán contra ella
y luego será conquistada.
Sus saetas, como guerrero adiestrado,
no vuelven de vacío.
10Caldea será dada al pillaje,
todos sus saqueadores se saciarán
—oráculo del Señor—.
11Sí, ustedes, regocíjense y disfruten,
saqueadores de mi heredad;
sí, brinquen como ternera en la hierba,
relinchen como sementales:
12que su madre está llena de vergüenza,
la que los dio a luz, abochornada por completo.
Será la última de las naciones;
mírenla: desierto, sequedal y estepa.
13Por la ira del Señor no será habitada,
toda ella será una desolación.
Cualquiera que pase por Babilonia quedará asombrado,
silbará al ver tantas llagas.
14Despliéguense en círculo contra Babel
todos los que tensan el arco,
disparen contra ella, no ahorren flechas,
que pecó contra el Señor.
15Alcen el grito de guerra alrededor.
Ya se rinde. Se caen sus pilares,
se derrumban sus murallas.
Ésta es la venganza del Señor.
Ustedes, vénguense de ella:
lo que ella hizo, háganselo ustedes.
16Eliminen de Babilonia al sembrador,
al que empuña la hoz al tiempo de la siega.
Ante la espada mortífera,
que cada cual se dirija a su pueblo,
que cada cual escape a su tierra.
17Israel era una oveja descarriada,
los leones lo dispersaron.
Primero lo devoró el rey de Asiria.
Después, Nabucodonosor, rey de Babilonia, le quebró los huesos».

18Por eso, así habla el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Castigaré al rey de Babilonia y a su tierra como castigué al rey de Asiria. 19Restituiré a Israel a sus pastizales, para que paste en el Carmelo y en Basán, y se sacie en los montes de Efraím y Galaad. 20En aquellos días y en aquel tiempo —oráculo del Señor—, se buscará la culpa de Israel, pero no aparecerá, y el pecado de Judá, pero no se encontrará, porque perdonaré al resto que Yo haya dejado».

21A la tierra de Merataim
sube en contra suya,
y contra los que habitan en Pecod:
mata a espada y extermina persiguiéndolos
—oráculo del Señor—,
hazles como te he ordenado.
22Grito de guerra suena en el país,
quebranto enorme.
23¡Cómo se ha quebrado y roto
el martillo de toda la tierra!
¡Cómo ha llegado a ser Babilonia
motivo de horror entre las naciones!
24Te tendí una trampa y quedaste atrapada,
Babilonia, sin darte cuenta.
Fuiste encontrada y atrapada
porque desafiaste al Señor.
25Pero el Señor abrió su arsenal
y sacó las armas de su furor,
porque el Señor, Dios de los ejércitos,
tiene tarea que hacer en tierra de los caldeos.
26Entren en ella por todas partes:
abran sus graneros,
apílenla en montones como gavillas y extermínenla,
que no quede resto de ella.
27Degollen todos sus novillos,
que bajen al matadero.
¡Ay de ellos, que ha llegado su día,
el tiempo de su castigo!
28Voz de los fugitivos y escapados
de la tierra de Babilonia,
para anunciar en Sión
la venganza del Señor, nuestro Dios,
la venganza de su Templo.
29Convoquen contra Babilonia a los arqueros,
a todos los que tensan el arco,
apuéstense en torno a ella,
que no tenga escapatoria.
Páguenle según sus obras,
hagan con ella lo que ella hizo.
Pues se puso insolente con el Señor,
contra el Santo de Israel.
30Por eso, sus jóvenes caerán en sus calles,
todos sus guerreros sucumbirán aquel día
—oráculo del Señor—.
31Aquí estoy contra ti, la insolencia misma
—oráculo del Señor, Dios de los ejércitos—,
que te ha llegado el día,
el tiempo en que te castigue.
32Se tambaleará la insolencia y caerá,
y no habrá quien la levante.
Prenderé fuego a sus ciudades,
y devorará todos sus alrededores».

33Esto dice el Señor de los ejércitos: «Los hijos de Israel están oprimidos junto con los hijos de Judá, cuantos los cautivaron los retienen y se niegan a soltarlos. 34Pero poderoso es su Redentor, cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos. Él defenderá bien su causa para apaciguar el país y hacer temblar a los habitantes de Babilonia.

35¡Espada a los caldeos
—oráculo del Señor—,
a los habitantes de Babilonia,
a sus príncipes y sabios!
36¡Espada a sus adivinos, y se volverán necios!
¡Espada a sus valientes, y se volverán cobardes!
37¡Espada a sus caballos y a sus carros,
y a toda la turba que hay en ella,
y serán como mujeres!
¡Espada a sus tesoros, y serán saqueados!
38¡Sequía a sus aguas, y se secarán!
Porque es una tierra de estatuas
y están locos por sus ídolos.

39»Por eso se asentarán las bestias del desierto con los chacales, se alojarán en ella los avestruces, pero jamás será habitada ni se morará en ella de generación en generación. 40Como en la destrucción de Dios a Sodoma, Gomorra y sus vecinas —oráculo del Señor—, no habitará allí nadie ni residirá en ella ningún hijo de hombre.

41»Miren que del norte viene un pueblo, una gran nación; numerosos reyes surgen de los confines de la tierra. 42Empuñan arcos y lanzas, son crueles e implacables, su fragor resuena como el mar. Montan sobre caballos formados en orden de combate contra ti, hija de Babilonia. 43Al oír el rey de Babilonia la noticia sus manos desfallecen, lo atenaza la angustia, el dolor de parto. 44Miren, como un león que sube de la espesura del Jordán a las praderas siempre verdes, así, al instante, lo ahuyentaré de allí y estableceré en ellas a quien Yo elija. Porque ¿quién hay como Yo? ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Y quién es el pastor que me plante cara? 45Por eso, escuchen la decisión que el Señor ha tomado sobre Babilonia y los designios que tiene sobre la tierra de los caldeos. En verdad serán arrastradas hasta las ovejas pequeñas del rebaño, en verdad sus praderas quedarán asombradas. 46Al grito: “¡Babilonia ha sido tomada!”, la tierra se estremece, y el clamor se oye en las naciones».

51Jr1Esto dice el Señor: «Miren que voy a levantar contra Babilonia
y contra los habitantes de Leb–Camay
un viento devastador.
2Enviaré a Babilonia aventadores que la aventen
y saqueen su tierra,
pues caerán sobre ella por todas partes
el día de la desgracia.
3Que el arquero no llegue a tensar su arco,
ni el que lleva coraza a ponérsela.
No se apiaden de sus jóvenes,
exterminen todo su ejército,
4que caigan muertos en tierra de los caldeos
y acuchillados en sus calles.
5Pues Israel y Judá no están viudas
de su Dios, el Señor de los ejércitos,
aunque su tierra esté llena de delitos
contra el Santo de Israel.
6Huyan fuera de Babilonia,
que cada cual salve su vida,
no perezcan por su culpa,
pues para el Señor es un tiempo de venganza,
en que les va a dar su merecido.
7En mano del Señor, Babilonia era copa de oro
que emborrachaba toda la tierra,
de su vino bebían las naciones,
por eso enloquecían.
8De pronto, cayó Babilonia y se rompió:
giman por ella.
Apliquen bálsamo a su herida,
tal vez se sane.
9Le hemos hecho curas a Babilonia,
pero no sana.
Déjenla. Vayamos cada uno a su país,
porque su juicio llegó al cielo,
se elevó por las nubes.
10El Señor hizo público nuestro derecho:
vengan, contemos en Sión
la obra del Señor, nuestro Dios.
11Agucen las flechas, llenen las aljabas.
El Señor ha suscitado el espíritu de los reyes de Media,
pues su designio sobre Babilonia es destruirla:
es la venganza del Señor, la venganza de su Templo.
12Alcen la bandera contra los muros de Babilonia,
refuercen la guardia,
pongan centinelas,
preparen las emboscadas,
que el Señor ha realizado cuanto proyectó
y predijo acerca de los habitantes de Babilonia.
13Tú que descansas junto a aguas caudalosas,
que abundas en tesoros,
ha llegado tu fin, el término de tus rapiñas.
14El Señor de los ejércitos ha jurado por Sí mismo:
“Te cubriré de hombres, como langostas,
que lanzarán contra ti el grito de victoria”.
15Él hizo la tierra con su poder,
cimentó el orbe con su sabiduría,
y extendió los cielos con su inteligencia.
16Cuando Él truena, hay fragor de aguas en los cielos,
Él levanta nubarrones desde el horizonte,
y produce relámpagos para que llueva,
saca el viento de sus almacenes.
17Todo hombre es ignorante, sin ciencia,
todo orfebre se avergüenza de sus ídolos,
pues mentira es su fundición:
en ellos no hay espíritu;
18son vanidad, obra ilusoria,
al tiempo de su castigo perecerán.
19No es como ellos la heredad de Jacob,
porque el que modeló todo es Él,
e Israel es la tribu de su propiedad,
cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos.
20Tú eres mi martillo,
mi arma de guerra:
contigo hago pedazos las naciones,
contigo destruyo reinos,
21contigo hago pedazos caballo y caballero,
contigo hago pedazos carros y aurigas,
22contigo hago pedazos hombres y mujeres,
contigo hago pedazos ancianos y niños,
contigo hago pedazos jóvenes y doncellas,
23contigo hago pedazos pastores y rebaños,
contigo hago pedazos labrador y su yunta,
contigo hago pedazos gobernadores y magistrados.

24»Yo retribuiré a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea todo el mal que han hecho en Sión ante los ojos de ustedes —oráculo del Señor—.

25Aquí estoy contra ti,
montaña destructora
—oráculo del Señor—,
que destruyes toda la tierra.
Voy a extender mi mano contra ti,
te voy a hacer rodar desde las peñas,
y te convertiré en monte quemado.
26No sacarán de ti piedra angular
ni piedra de cimiento,
porque serás desolación perpetua
—oráculo del Señor—.
27Alcen la bandera en la tierra,
toquen la trompeta por las naciones,
dispongan las naciones contra ella,
convoquen en su contra los reinos:
Ararat, Miní y Ascanaz,
nombren un general contra ella,
lancen los caballos como langostas con aguijones.

28Dispongan las naciones contra ella, a los reyes de Media, a sus gobernadores, a todos sus sátrapas y a toda la tierra de su imperio.

29La tierra tiembla y se estremece,
pues sobre Babilonia se va a cumplir
el designio del Señor
de convertir la tierra de Babilonia
en desolación, sin nadie que la habite.
30Los guerreros de Babilonia cesan en la lucha,
se quedan en los fortines,
falla su valentía, son como mujeres;
sus moradas son incendiadas,
rotos sus cerrojos.
31Un correo releva a otro correo,
un mensajero releva a otro
para anunciar al rey de Babilonia
que su ciudad está tomada por completo.
32Los vados están ocupados,
han prendido fuego a sus cañaverales,
y los guerreros están despavoridos.
33Porque esto dice el Señor, rey de Israel:
“La hija de Babilonia es como una era cuando la apisonan:
muy pronto le llegará el tiempo de la siega”.
34Me devoró, me exprimió
Nabucodonosor, rey de Babilonia,
me dejó como plato vacío,
como un dragón me tragó,
llenó su vientre de mis manjares exquisitos,
y me vomitó.
35¡Mi ultraje y mi carne caigan sobre Babilonia!
—dice la que habita en Sión—.
¡Mi sangre, sobre los habitantes de Caldea!
—dice Jerusalén—.
36Por eso, así responde el Señor:
«Aquí estoy para defender tu causa
y encargarme de vengarte.
Desecaré su mar,
agotaré sus manantiales.
37Babilonia será un montón de piedras,
guarida de chacales,
motivo de horror y escarnio,
sin nadie que la habite.
38Rugen a una como leones,
gruñen como cachorros de leona.
39Cuando estén con fiebre les daré una bebida,
los embriagaré para que se aturdan,
y duerman un sueño eterno
y no despierten
—oráculo del Señor—.
40Los haré bajar como corderos al matadero
como carneros y machos cabríos.
41¡Cómo fue tomada Sesac,
conquistada la gloria de la tierra entera!
¡Cómo ha llegado a ser Babilonia
motivo de horror entre las naciones!
42Subió el mar sobre Babilonia,
fue cubierta del estrépito de sus olas.
43Sus ciudades se convirtieron en desolación,
tierra reseca y yerma,
tierra en la que nadie habita,
por la que no pasa hijo de hombre.
44Castigaré a Bel en Babilonia,
sacaré de su boca lo que engulló,
no afluirán más a ella las naciones,
hasta las murallas de Babilonia se derrumbarán.
45Salgan de ella, pueblo mío,
cada cual salve su vida
del ardor de la ira del Señor.

46»Que no se ablande su corazón, ni tengán miedo por los rumores que se oigan en el país. Pues un año llegará una noticia y, al año siguiente, otra: que si hay violencia en el país, que si un tirano se alza contra otro… 47Por eso, miren que vienen días en que castigaré a los ídolos de Babilonia, y el país entero se avergonzará, y todas sus víctimas yacerán en medio de él. 48Gritarán de alegría contra Babilonia los cielos y la tierra y cuanto hay en ellos, porque los devastadores vendrán contra ella del norte —oráculo del Señor—. 49También Babilonia ha de caer por las víctimas de Israel, como por Babilonia cayeron las víctimas de la tierra entera. 50Los escapados de la espada, ¡caminen, no se detengan! Recuerden al Señor desde tierras lejanas, y que Jerusalén esté en su corazón.

51“Estamos avergonzados, pues hemos oído los insultos, los ultrajes cubrieron nuestros rostros, pues entraron extranjeros en los lugares santos del Templo del Señor”.

52»Por eso vienen días —oráculo del Señor—, en que castigaré a sus ídolos, y en toda su tierra los heridos se lamentarán. 53Aunque Babilonia escalara los cielos, aunque hiciera inaccesible la cima de su poder, los devastadores la alcanzarían de mi parte —oráculo del Señor—.

54»Se oyen los gritos de Babilonia, y el enorme quebranto de la tierra de los caldeos, 55porque el Señor devasta Babilonia, y pone fin a su enorme clamor, aunque se agiten sus olas como aguas impetuosas y se produzca el estrépito de su sonido. 56Porque le llegó, llegó a Babilonia el devastador: sus valientes son apresados, sus arcos, rotos, porque el Señor es un Dios remunerador, que paga indefectiblemente. 57Embriagaré a sus príncipes, a sus sabios, a sus gobernantes, a sus sátrapas y a sus valientes, para que duerman un sueño eterno y no despierten» —oráculo del Rey, cuyo Nombre es el Señor de los ejércitos—. 58Esto dice el Señor de los ejércitos:

«La gruesa muralla de Babilonia
será arrasada por completo,
sus altas puertas, consumidas por el fuego.
Para nada trabajaron los pueblos,
para el fuego se fatigaron las naciones».

Proclamación del oráculo en Babilonia

59Palabra que ordenó el profeta Jeremías a Seraías, hijo de Nerías, hijo de Majseías, cuando marchó con Sedecías, rey de Judá, a Babilonia, el año cuarto de su reinado. Y Seraías era jefe de la intendencia. 60Jeremías había escrito en un libro todas las desgracias que iban a suceder a Babilonia. Todas estas palabras están escritas contra Babilonia.

61Jeremías dijo, pues, a Seraías:

—Cuando llegues a Babilonia, estate atento de leer en voz alta todas estas palabras. 62Dirás así: «Señor, Tú has predicho destruir este lugar hasta que no haya en él quien lo habite, ni hombres ni animales, sino que será una desolación perpetua». 63Y cuando hayas acabado de leer este libro, atarás a él una piedra y lo arrojarás al fondo del Éufrates, 64y añadirás: «Así se hundirá Babilonia y no se levantará de la desgracia que yo traeré sobre ella».

Hasta aquí las palabras de Jeremías.

EPÍLOGO: LA CAÍDA DE JERUSALÉN

52Jr1Sedecías tenía treinta y un años cuando empezó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías, y era de Libná. 2Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo había hecho Yoyaquín. 3Esto les sucedió a Jerusalén y a Judá por la ira del Señor, hasta el punto que llegó a arrojarlos de su presencia. Más tarde Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

4El año noveno de su reinado, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, la sitiaron y construyeron fortificaciones alrededor de ella. 5La ciudad cercada resistió hasta el año undécimo del rey Sedecías. 6Pero el día nueve del cuarto mes el hambre arreciaba en la ciudad y no había alimento para el pueblo llano. 7Entonces fue abierta una brecha en la muralla de la ciudad y todos los soldados salieron huyendo de allí durante la noche por el camino abierto entre los dos muros que hay junto al jardín real, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Aquéllos marcharon por el camino de la Arabá, 8pero el ejército de los caldeos emprendió la persecución tras el rey, y alcanzaron a Sedecías en las llanuras de Jericó. Entonces todo su ejército huyó de su lado. 9Capturaron al rey y lo condujeron al rey de Babilonia, a Riblá, en el país de Jamat, donde pronunciaron sentencia contra él. 10El rey de Babilonia mandó degollar a los hijos de Sedecías ante sus propios ojos. También mandó matar a todos los nobles de Judá en Riblá. 11Luego el rey de Babilonia hizo sacarle los ojos a Sedecías, lo mandó atar con cadenas de bronce y lo hizo conducir a Babilonia y ponerlo en la cárcel hasta el día de su muerte.

12El día diez del mes quinto del año diecinueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la escolta y miembro del consejo del rey de Babilonia, entró en Jerusalén. 13Incendió el Templo del Señor y el palacio real, y prendió fuego a todas las casas de Jerusalén y a todos los edificios importantes. 14Toda la tropa de los caldeos, al mando del jefe de la escolta, demolió las murallas alrededor de Jerusalén.

15A una parte del pueblo pobre y al resto del pueblo que había permanecido en la ciudad, a los prófugos que se habían pasado al rey de Babilonia y a la demás gente, Nebuzaradán, jefe de la escolta, los llevó cautivos. 16Pero del pueblo llano pobre, Nebuzaradán, el jefe de la escolta, dejó a algunos como viñadores y labradores.

17Los caldeos demolieron las columnas de bronce, las basas y el mar de bronce que estaban en el Templo del Señor, y se llevaron el bronce a Babilonia. 18Se llevaron también las ollas, las paletas, los cuchillos, los aspersorios, las cucharas y todos los utensilios de bronce que se empleaban. 19El jefe de la escolta se llevó los barreños, los braseros y los aspersorios, las ollas, los candelabros, las cucharas y los tazones, lo que era de oro puro y plata pura. 20Las dos columnas, el mar, los doce toros de bronce que lo sostenían, y las basas que había hecho el rey Salomón para el Templo del Señor, así como todos aquellos utensilios, tenían un peso en bronce incalculable. 21En cuanto a las columnas, una tenía dieciocho codos de altura y la rodeaba un cordón de doce codos, tenía un grosor de cuatro dedos, pues era hueca, 22y había sobre ella un capitel de bronce cuya altura era de cinco codos, con una red de granadas en torno al capitel, todo de bronce. E igual que ésta era la segunda columna, también con granadas. 23Las granadas eran noventa y seis al aire, y el total de las granadas era cien en el trenzado que rodeaba.

24El jefe de la escolta apresó a Seraías, sacerdote principal, a Sofonías, segundo sacerdote, y a tres guardianes de las puertas. 25De entre los de la ciudad apresó también a un eunuco supervisor de los soldados, a siete de los hombres influyentes ante el rey que se encontraban en la ciudad, al escriba del jefe que alistaba para la guerra, al pueblo llano y a sesenta hombres de entre el pueblo llano que se encontraban en medio de la ciudad. 26Nebuzaradán, jefe de la escolta, los apresó y los llevó ante el rey de Babilonia a Riblá. 27El rey de Babilonia los hirió y mató en Riblá, en el país de Jamat. Así llevó a Judá al destierro, lejos de su tierra.

28Ésta es la población que deportó Nabucodonosor: en el año séptimo, tres mil veintitrés judíos; 29en el año decimoctavo de Nabucodonosor, ochocientas treinta y dos almas de Jerusalén. 30El año veintitrés de Nabucodonosor, Nebuzaradán, jefe de la guardia real, deportó setecientas cuarenta y cinco almas de judíos. El total de almas fue de cuatro mil seiscientas.

31El año treinta y siete del cautiverio de Yoyaquín, rey de Judá, el día veinticinco del mes duodécimo, Evil–Merodac, rey de Babilonia, el año en que comenzó su reinado, indultó a Yoyaquín, rey de Judá, sacándole de la cárcel. 32Le habló con benevolencia, y puso su trono por encima del de los reyes que estaban con él en Babilonia. 33Le cambió los vestidos que había llevado en la cárcel, y Yoyaquín comió siempre en su compañía todos los días de su vida. 34Su ración permanente le fue asignada por el rey de Babilonia día a día hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.