COMENTARIO
Después de vaticinar desgracias contra los pueblos que se encuentran en la Transjordania, Jeremías mira al confín norte. Damasco era la capital de Siria y cabeza de uno de los grandes imperios de la antigüedad, que contaba entre sus ciudades importantes con Jamat, situada a unos 200 km al norte de Damasco, y Arpad, más al norte, no lejos de la actual Alepo. Era célebre por su esplendor. Pero aquí se anuncia que de nada le valdrá, pues también a ella le llegará el dolor y la aniquilación. Varios de sus reyes llevaron el nombre de Ben-Hadad (v. 27), por lo que aquí es sinónimo de «real». Amós (Am 1,3-5) e Isaías (Is 17,1-3) también habían pronunciado oráculos contra ella.