COMENTARIO

 Ez 2,1 

«Hijo de hombre». El apelativo se repite continuamente en estos primeros capítulos. En el resto del libro es también recurrente, con más de noventa frecuencias; pero aquí, la primera vez que aparece, tiene un especial significado: Ezequiel, desterrado en tierra extranjera, y por tanto impura, no puede presentarse con títulos prestigiosos. Es un simple mortal, una criatura más, infinitamente inferior al Señor, uno más entre los hombres de su pueblo, desterrado como ellos, humillado, pero también esperanzado. Así lo explica San Gregorio Magno: «A menudo es elevado al mundo celeste donde su alma se goza en bellezas secretas que son invisibles para nosotros. Por eso es necesario que al penetrar en las maravillas escondidas se oiga llamar hijo de hombre para que no deje de reconocerse como lo que es y no se gloríe de los esplendores a los que es conducido» (Homiliae in Ezechielem prophetam 1,12,22).

Volver a Ez 2,1