1Ez1El año treinta, el día quinto del cuarto mes, hallándome entre los deportados junto al río Quebar, se abrieron los cielos y contemplé una aparición divina. 2El día quinto del mes, el quinto año de la deportación del rey Yoyaquín, 3en el país de los caldeos, junto al río Quebar, le fue dirigida la palabra de Dios a Ezequiel, el hijo del sacerdote Buzí. Allí la mano del Señor vino sobre él.
4Miré y vi que un viento huracanado se acercaba desde el norte, una densa nube y un fuego sobrecogedor rodeado de fulgor. Una especie de ámbar salía de su interior, de en medio del fuego. 5Y, en medio de él, se veía la figura de cuatro seres animados que tenían apariencia humana, 6pero cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas. 7Sus piernas eran rectas, con pezuñas como de novillo, y brillaban como el bronce bruñido. 8Bajo las alas tenían manos de hombre, a los cuatro lados, y tenían también cuatro rostros y cuatro alas. 9Las alas estaban unidas la una a la otra. Estos seres no se volvían al andar, pues cada uno avanzaba de frente.
10Los cuatro rostros tenían esta forma: a la derecha, rostro de hombre y de león; a la izquierda, los cuatro tenían rostro de toro y los cuatro tenían también rostro de águila.
11Las alas estaban desplegadas hacia arriba; dos de ellas se tocaban, las otras dos cubrían sus cuerpos. 12Cada uno avanzaba de frente. Iban donde el espíritu los dirigía y no se volvían al andar.
13En medio de esos seres animados había como brasas ardientes de fuego, como antorchas que se movían entre ellos; el fuego resplandecía y del fuego brotaban rayos. 14Los seres animados iban y volvían como el fulgor de un relámpago.
15Estaba mirando los seres animados y vi una rueda en la tierra junto a los seres animados, junto a cada uno de los cuatro. 16El aspecto y la estructura de las ruedas eran como de crisólito y las cuatro tenían la misma forma. Su aspecto y estructura era como si cada rueda estuviera dentro de otra rueda. 17Podían ir en las cuatro direcciones, sin volverse al andar. 18Sus aros eran altos y temibles, y los aros de las cuatro ruedas estaban llenos de ojos alrededor. 19Cuando los seres animados andaban, las ruedas se movían junto a ellos. Y cuando los seres animados se levantaban de la tierra, se levantaban las ruedas. 20Los seres animados iban donde el espíritu los dirigía y las ruedas se levantaban con ellos, pues las animaba el mismo espíritu de vida. 21Cuando los seres animados andaban, se movían las ruedas; cuando ellos se detenían, se detenían las ruedas; cuando los seres animados se levantaban de la tierra, se levantaban las ruedas, pues las animaba el mismo espíritu de vida.
22Por encima de las cabezas de los seres animados había una especie de firmamento semejante a un cristal resplandeciente extendido sobre sus cabezas, 23y, bajo ese firmamento, sus alas estaban desplegadas, la una junto a la otra. Cada uno cubría su cuerpo con dos de sus alas.
24Oía el ruido de las alas, como el ruido de aguas caudalosas, como la voz del Omnipotente. Cuando andaban, había un ruido como el de un ejército. Cuando se paraban, replegaban sus alas. 25Sonó una voz por encima del firmamento que había sobre sus cabezas.
26Sobre el firmamento que había sobre sus cabezas apareció algo como piedra de zafiro en forma de trono; sobre esa especie de trono, en lo alto, una figura con apariencia humana. 27Vi que era semejante al ámbar: por dentro era como fuego rodeado de fulgor. Vi que, desde lo que parecía su cintura hacia arriba, tenía aspecto de fuego rodeado de fulgor. Y desde lo que parecía su cintura hacia abajo tenía aspecto de fuego rodeado de fulgor. 28El aspecto del fulgor que lo rodeaba era como el del arco que hiende las nubes un día de lluvia. Era la imagen de la gloria del Señor. Cuando lo vi, caí sobre mi rostro y escuché una voz que me hablaba.
2Mientras hablaba, entró en mí un espíritu que me puso en pie. Y oí al que me hablaba. 3Me dijo:
—Hijo de hombre, te envío a los hijos de Israel, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra Mí. Ellos y sus padres han estado ofendiéndome hasta hoy. 4Te envío a hijos de semblante impenetrable y de corazón duro. Les dirás: «Esto dice el Señor Dios». 5Ellos, te escuchen o no te escuchen, porque son una casa rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos. 6Por eso, no les temas, hijo de hombre. No te intimiden sus palabras, aunque estés entre zarzas y espinos y habites entre escorpiones. No te intimiden sus palabras ni su ceño te espante, porque son una casa rebelde. 7Les dirás mis palabras, te escuchen o no te escuchen, porque son una casa rebelde.
8»Tú, en cambio, hijo de hombre, escucha lo que te digo. No seas rebelde como esta casa rebelde. Abre la boca y come lo que te doy.
9Miré y había una mano extendida hacia mí, y vi en ella un libro en forma de rollo. 10Él lo desenrolló delante de mí: estaban escritos el haz y el envés y eran lamentaciones, elegías y gemidos.
3Ez1Y me dijo:
—Hijo de hombre, come lo que tienes delante, come ese rollo. Luego vete y habla a la casa de Israel.
2Abrí la boca y me dio a comer aquel rollo. 3Me dijo entonces:
—Hijo de hombre, alimenta tu vientre con el rollo que te doy y llena con él tus entrañas.
Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel.
4Y prosiguió:
—Hijo de hombre, vete a la casa de Israel y diles mis palabras. 5No te envío a un pueblo de lengua incomprensible o de idioma desconocido, sino a la casa de Israel. 6No a una muchedumbre de pueblos de lengua incomprensible y de idioma desconocido cuyas palabras no puedas entender. Si te enviara a gente así, te escucharían. 7Pero la casa de Israel no querrá escucharte porque no quiere escucharme a Mí. Toda la casa de Israel es de dura cerviz y corazón obstinado. 8Mira, Yo te otorgo un rostro más duro que su rostro, una frente más inflexible que su frente. 9Como un diamante, más duro que el pedernal, te otorgo tu frente. No les temas, ni su ceño te espante, porque son una casa rebelde.
—Hijo de hombre, acoge en tu corazón y presta oído a todas las palabras que te digo 11y dirígete a los deportados, a los hijos de tu pueblo. Háblales y diles: «Esto dice el Señor Dios», te escuchen o no te escuchen.
12Entonces, el espíritu me elevó y escuché tras de mí un enorme fragor, al alzarse la gloria del Señor desde su lugar. 13Era el sonido de las alas de los animales al rozar una contra otra y el sonido de las ruedas. Era un enorme fragor. 14El espíritu me levantó y se apoderó de mí. Iba yo con amargura y con ánimo indignado, pero me sostenía la mano firme del Señor. 15Llegué hasta los deportados de Tel–Abib, hasta los que habitan junto al río Quebar. Me dirigí a los que habitaban allí y con ellos permanecí siete días, desolado como ellos.
16Al cabo de los siete días, me fue dirigida esta palabra del Señor, diciendo:
17—Hijo de hombre, te he puesto como centinela de la casa de Israel. Cuando recibas una palabra de mi boca, se la anunciarás de mi parte. 18Si digo a un malvado: «Vas a morir», y tú no le adviertes ni le insistes para que se convierta de su mal camino y viva, el impío morirá por su culpa, pero demandaré su sangre de tu mano. 19Si, por el contrario, adviertes al malvado y no se convierte de su iniquidad y de su mal camino, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu alma. 20Y si el justo se aparta de su justicia y comete una iniquidad, pondré ante él un obstáculo y morirá. Como no le advertiste, morirá por su pecado y no se tendrán en cuenta las obras justas que había hecho. Pero demandaré su sangre de tu mano. 21Sin embargo, si adviertes al justo para que no peque y no peca, ciertamente vivirá porque atendió la advertencia y tú habrás salvado tu alma.
23Me levanté, salí a la vega y estaba allí la gloria del Señor, como la gloria que había visto junto al río Quebar; caí sobre mi rostro. 24Vino sobre mí el espíritu, y me hizo ponerme en pie. Me habló entonces y me dijo:
—Entra y enciérrate en tu casa. 25Hijo de hombre: te pondrán grilletes y te encadenarán con ellos para que no salgas en medio de ellos. 26Haré que se te pegue la lengua al paladar para que permanezcas mudo. Así no serás para ellos el que advierte, pues son una casa rebelde. 27Cuando Yo te hable, te abriré la boca para que les digas: «Esto dice el Señor Dios». El que quiera escuchar, que escuche; y el que no quiera, que no escuche, porque son una casa rebelde.
4Ez1»Tú, hijo de hombre: toma un adobe y ponlo delante de ti. Graba en él una ciudad: Jerusalén. 2Pon en torno a ella como un asedio, edifica una torre de asalto, eleva un terraplén, pon campamentos contra ella y sitúa arietes a su alrededor. 3Toma una placa de hierro y ponla como muro de defensa entre ti y la ciudad. Dirige entonces tu rostro hacia ella y la verás cercada; tú la habrás cercado. Es una señal para la casa de Israel.
4»A continuación, tiéndete sobre tu costado izquierdo y pon encima las iniquidades de la casa de Israel. Los días que permanezcas tendido sobre tu costado, cargarás con su iniquidad. 5Te he fijado los años de su iniquidad en un número igual de días: durante trescientos noventa días cargarás con la iniquidad de la casa de Israel. 6Cuando los hayas cumplido, te tenderás por segunda vez, ahora sobre tu costado derecho. Cargarás con la iniquidad de la casa de Judá durante cuarenta días; te he fijado un día por año. 7Vuelve luego tu rostro hacia el asedio de Jerusalén, desnuda tu brazo y profetiza contra ella. 8Te he atado con cuerdas, no podrás dar vueltas sobre uno y otro costado hasta que se completen los días de tu asedio.
9»Tú toma también trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y centeno; mézclalo todo en un solo recipiente y hazte pan con ellos para los días que permanezcas tendido sobre tu costado: durante trescientos noventa días lo comerás. 10La ración que comas será de veinte siclos de peso por día; lo comerás de vez en cuando. 11También el agua la tomarás medida: beberás la sexta parte de un hin; la beberás de vez en cuando. 12Lo comerás en forma de torta de cebada cocida ante sus ojos sobre estiércol humano.
13Y añadió el Señor:
—También los hijos de Israel comerán pan impuro en medio de las naciones adonde les dispersaré.
14Yo exclamé:
—¡Ay, Señor Dios! Mi alma nunca se ha contaminado y, desde mi juventud hasta ahora, jamás he comido animal muerto o despedazado y nunca ha entrado en mi boca carne impura.
15Me replicó entonces:
—Te permito usar estiércol de bueyes en lugar de estiércol humano; sobre él cocerás el pan.
16Y añadió:
—Hijo de hombre, recortaré el sustento de pan en Jerusalén: comerán el pan tasado y con angustia, y beberán el agua con medida y con miedo, 17a fin de que, faltando el pan y el agua, desfallezcan unos y otros, se consuman por su iniquidad.
5Ez1»Tú, hijo de hombre, toma una espada afilada, úsala como navaja de barbero y rasura con ella tu cabeza y tu barba. Toma luego una balanza de pesas y distribuye el cabello rasurado. 2La tercera parte la harás arder en el fuego, en medio de la ciudad, cuando se cumplan los días del asedio. Toma luego otra tercera parte y córtalos con la espada en torno a la ciudad. Y, por último, la otra tercera parte arrójala al viento y Yo desenvainaré la espada en pos de ellos. 3Toma una pequeña cantidad de cabellos y cóselos en la orla de tu manto. 4Y todavía tomarás unos pocos, los arrojarás al fuego y los quemarás. Saldrá de allí fuego contra toda la casa de Israel.
5»Esto dice el Señor Dios: «Ésta es Jerusalén. La he puesto en el centro de las naciones, y la he rodeado de países. 6Pero se ha rebelado contra mis normas, haciéndose más perversa que las naciones, y contra mis preceptos más que los países que están a su alrededor. Han rechazado mis normas y no han caminado según mis preceptos».
7»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Han sido más rebeldes que las naciones de su alrededor por no caminar según mis preceptos ni cumplir mis normas. Ni siquiera han obrado según las normas de las naciones de su alrededor». 8Por eso, esto dice el Señor Dios: «Yo mismo estoy contra ti: ahora seré Yo quien dicte sentencia en medio de ti, ante los ojos de las naciones. 9Por causa de tus abominaciones, haré contigo lo que nunca hice ni volveré a hacer: 10en medio de ti, los padres devorarán a los hijos y los hijos a los padres. Dictaré sentencia en medio de ti y dispersaré a todos los vientos lo que quede de ti». 11Por eso, por mi vida, oráculo del Señor Dios: «Porque has profanado mi santuario con todos tus ídolos impuros y todas tus abominaciones, también Yo te rasuraré. No se apiadarán mis ojos ni tendré compasión. 12Un tercio de ti morirá de peste y en medio de ti los exterminará el hambre. Otro tercio caerá a espada en torno a ti, y al -último tercio lo dispersaré a todos los vientos y desenvainaré la espada tras ellos. 13Así se colmará mi ira, saciaré mi furor contra ellos y me habré vengado. Una vez colmado mi furor contra ellos, sabrán que Yo, el Señor, he hablado con celo. 14A los ojos de todo el que pase, te reduciré a ruinas e infamia entre las naciones de tu alrededor. 15Cuando dicte sentencia contra ti con ira y furor y con castigos furibundos, serás oprobio y afrenta, castigo y destrucción para las naciones que están a tu alrededor. Yo, el Señor, he hablado. 16Cuando envíe sobre ustedes las saetas perniciosas del hambre, que serán funestas, pues las enviaré para arruinarlos, agravaré el hambre entre ustedes y recortaré la ración de pan. 17Enviaré también contra ustedes hambre y fieras que te dejarán sin hijos. Pasarán en medio de ti la peste y el crimen, y descargaré la espada sobre ti. Yo, el Señor, he hablado».
6Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
2—Hijo de hombre, vuélvete hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3Dirás: «¡Montes de Israel, escuchen la palabra del Señor Dios! Esto dice el Señor Dios a los montes y a las colinas, a las cañadas y a los valles: “Yo mismo traeré sobre ustedes la espada y arrasaré sus lugares altos. 4Quedarán destruidos sus altares, destrozadas sus aras de incienso y abatiré sus víctimas ante sus ídolos. 5Pondré los cadáveres de los hijos de Israel delante de sus ídolos y esparciré sus huesos alrededor de sus altares. 6En cualquier parte que habiten, las ciudades serán arruinadas y los lugares altos asolados; serán arruinados y asolados sus altares, destrozados sus ídolos, extirpadas sus aras de incienso y borradas sus acciones. 7Caerán las víctimas en medio de ustedes y sabrán que Yo soy el Señor.
8»Sin embargo, cuando sean esparcidos entre los pueblos, dejaré un resto entre ustedes, los supervivientes a la espada entre las gentes. 9Los que sobrevivan me recordarán entre las naciones donde hayan sido llevados cautivos, porque habré quebrantado sus corazones adúlteros, que se apartaron de Mí, y sus ojos prostituidos tras sus ídolos. Se sentirán confusos de sí mismos por los males que hicieron y por sus abominaciones. 10Sabrán entonces que Yo soy el Señor, que no predije en vano que habría de causarles ese quebranto”».
11»Esto dice el Señor Dios: «Bate palmas, patalea y di: “¡Ay! Por todas las abominaciones horribles de la casa de Israel, serán abatidos con espada, con hambre y con peste. 12El que esté lejos morirá de peste, el cercano caerá a espada, y morirá de hambre el que quede y esté sitiado, hasta que se colme mi furor contra ellos. 13Sabrán que Yo soy el Señor cuando sus víctimas estén en medio de sus ídolos, en torno a sus altares, en todas las alturas elevadas, en todas las cimas de los montes y bajo todo árbol verde, bajo las encinas frondosas, lugares donde ofrecían aromas agradables a sus ídolos. 14Extenderé mi mano sobre ellos y, desde el desierto hasta Riblá, dondequiera que habiten entregaré su país a la desolación y a la destrucción, y sabrán que Yo soy el Señor”».
7Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo: 2—Hijo de hombre, esto dice el Señor Dios a la tierra de Israel: «Fin, llega el fin a los cuatro extremos de la tierra. 3Ahora, el fin viene sobre ti: enviaré mi ira contra ti para juzgarte según tus caminos y pagarte según tus abominaciones. 4Ni se apiadarán de ti mis ojos, ni tendré compasión, sino que te pagaré según tus caminos, y tus abominaciones seguirán en medio de ti, y sabrán que Yo soy el Señor».
5»Esto dice el Señor Dios: «Un gran mal, llega un gran mal. Mira cómo se acerca. 6El fin llega, llega el fin; se ha despertado contra ti; ya llega. 7Mira cómo llega el ocaso contra ti, habitante de la tierra. Llega el momento, está cercano el día de la confusión, que extinguirá de los montes el júbilo. 8Ahora, enseguida, derramaré mi furor sobre ti: voy a colmar mi ira contigo; te juzgaré según tus caminos, te pagaré según tus abominaciones. 9No se apiadarán mis ojos, ni tendré compasión. Te pagaré según tus caminos, tus abominaciones seguirán en medio de ti, y sabrán que soy Yo, el Señor, quien golpea.
10»Mira el día, mira cómo llega, se acerca tu ocaso; ha echado brotes la vara, la insolencia ha florecido; 11la violencia ha surgido para ser vara implacable, que extinguirá de entre ellos su multitud, su bullicio. Nada va a quedarles. 12Llega el momento, está tocando el día. Que no se alegre el que compra, ni haga duelo el que vende: a todos amenaza la ira. 13No recobrará lo vendido el vendedor, aunque se mantenga vivo entre los vivos, porque la visión sobre su opulencia no será revocada; cada uno vive en su culpa, pero no resistirá. 14Toquen la trompeta y dispónganlo todo, que no habrá quien vaya a la guerra, porque a toda la multitud amenaza mi ira.
15»La espada está fuera, la peste y el hambre en casa. Quien esté en el campo morirá a espada, quien en la ciudad, será devorado por la peste y el hambre. 16Los que puedan huir y se salven, estarán por los montes como palomas del valle, gimiendo cada cual por su delito.
17»Todas las manos se debilitarán, todas las rodillas se ablandarán como el agua. 18Se ceñirán de saco y los cubrirá el horror; en sus rostros, la vergüenza, en sus cabezas, calvicie. 19Arrojarán su plata a las calles, su oro se hará despreciable. Ni su oro ni su plata podrán salvarlos el día de la cólera del Señor. No podrán saciarse, no llenarán su vientre, porque ha sido para ellos la ocasión de su culpa. 20Pusieron su orgullo en la hermosura de sus joyas, e hicieron con ellas imágenes abominables de sus ídolos. Por eso las trataré como cosa despreciable: 21las entregaré en manos de extranjeros como botín, de los malvados de la tierra como despojo; y las profanarán. 22Cuando aparte mi rostro de ellos, profanarán mi tesoro. Se acercarán los ladrones a él y lo profanarán. 23Hazte una cadena, porque el país está lleno de asesinatos, la ciudad repleta de violencia. 24Haré venir lo peor de las naciones, y se apoderarán de sus casas; pondré fin al orgullo de los fuertes y profanarán sus santuarios. 25Llegará el horror, buscarán paz y no la habrá. 26Sobrevendrá ruina tras ruina, rumor tras rumor. Reclamarán del profeta una visión, pero habrá desaparecido la instrucción del sacerdote y el consejo de los ancianos. 27El rey hará duelo, el príncipe vestirá desolación y las manos del pueblo llano temblarán. Los trataré según sus caminos, los juzgaré según sus juicios. Y sabrán que Yo soy el Señor».
8Ez1El año sexto, el quinto día del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí. Y se posó allí sobre mí la mano del Señor Dios. 2Vi entonces una figura con apariencia de fuego. De su cintura hacia abajo era fuego y de la cintura hacia arriba tenía un aspecto brillante, como una especie de ámbar. 3Alargó una especie de mano y me agarró por el cabello de mi cabeza. El espíritu me elevó entre la tierra y el cielo y, en una visión divina, me trasladó hasta Jerusalén, hasta la entrada de la puerta interior que mira al norte, donde está situado el ídolo de los celos para provocar celos.
4Estaba allí la gloria del Dios de Israel, como yo la había visto antes en la vega. 5Y me dijo:
Levanté mis ojos hacia el norte; y al norte, a la puerta del altar, a la entrada, estaba aquel ídolo de los celos. 6Y añadió:
—Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen?, ¿las grandes abominaciones que comete aquí la casa de Israel, para alejarme de mi Templo? Pues aún verás abominaciones mayores.
7Me llevó a continuación a la entrada del atrio y vi que había un agujero en la pared. 8Me dijo entonces:
—Hijo de hombre, horada el muro.
Lo horadé y apareció una puerta. 9Y me dijo:
—Entra y contempla las abominaciones horribles que cometen aquí.
10Entré y vi toda especie de reptiles y de animales inmundos. Todos los ídolos de la casa de Israel estaban pintados en la pared, todo alrededor. 11Había allí, frente a las pinturas, setenta ancianos de la casa de Israel. Y Yaazanías, hijo de Safán, estaba en medio de ellos. Cada uno portaba un incensario en su mano, de suerte que subía una nube de incienso.
12Me dijo entonces:
—Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en el interior de su morada con su ídolo? Dicen: «El Señor no nos mira, ha abandonado a su tierra».
13Y me dijo:
14Me llevó a la entrada de la puerta del Templo del Señor, la que da al norte. Había allí mujeres sentadas que lloraban por Tamuz.
15Me dijo entonces:
16Me llevó al atrio interior del Templo del Señor y allí, a la puerta del Santuario, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco hombres de espaldas al Santuario del Señor y con el rostro hacia oriente; postrados, adoraban la salida del sol.
—¿Has visto, hijo de hombre? La casa de Judá, no contenta con las abominaciones que aquí comete, ha llenado la tierra de violencia para irritarme más, y aplican el ramo a su nariz. 18Por tanto, también Yo obraré con furor. No se apiadarán mis ojos, ni tendré compasión y cuando clamen a mis oídos con grandes voces, no los escucharé.
9Ez1Entonces clamó en mis oídos con una gran voz, diciendo:
—¡Ya llegan los castigos de la ciudad! Cada uno trae en la mano un instrumento de exterminio.
2Vi a seis hombres que venían por el camino de la puerta superior que mira al norte. Cada uno de ellos llevaba en la mano un instrumento de exterminio. Había, además, otro hombre, vestido de lino, que caminaba en medio de ellos y traía a la cintura los utensilios de escriba. Entraron y se colocaron ante el altar de bronce. 3Mientras tanto, la gloria del Señor de Israel había ascendido desde el querubín, sobre el que se posaba, hacia el umbral del Templo. Llamó al varón vestido de lino que traía a la cintura los utensilios de escriba 4y le dijo el -Señor:
—Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalén, y marca una señal sobre la frente de los hombres que se lamentan y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella.
5A los demás les dijo esto que yo oí:
—Pasen por la ciudad detrás de él y hieran de muerte. No se apiaden sus ojos ni tengan compasión. 6Maten hasta aniquilar a ancianos y jóvenes, a doncellas, niños y mujeres. Pero no maten a ninguno sobre el que vean la señal. Empezarán por mi santuario.
Comenzaron por los ancianos que estaban delante del Templo. 7Y les dijo:
—Profanen el Templo, llenen de víctimas sus atrios. ¡Salgan!
Salieron e hirieron a quienes estaban en la ciudad.
8Mientras ellos herían de muerte, quedé yo solo, me postré sobre mi rostro y clamé con gran voz:
—¡Ay, Señor Dios! ¿vas a aniquilar hasta el último resto de Israel derramando tu furor contra Jerusalén?
9El me contestó:
—Es enorme la iniquidad de la casa de Israel y de Judá. El país está lleno de sangre y la ciudad repleta de violencia. Decían: «El Señor ha abandonado a su tierra, el Señor no ve nada». 10Por eso, tampoco yo cambiaré. No se apiadarán mis ojos, ni tendré compasión. Haré recaer sus obras sobre sus cabezas.
11Entonces, regresó el hombre vestido de lino que traía a la cintura los utensilios de escriba y dijo:
10Ez1Miré y vi que en el firmamento que estaba sobre la cabeza de los querubines aparecía por encima de ellos como un zafiro con el aspecto de un trono. 2Se dirigió al hombre vestido de lino y le dijo:
—Introdúcete entre las ruedas que están bajo los querubines, llena tu mano de las brasas de fuego que hay entre los querubines y espárcelas sobre la ciudad.
Y se introdujo ante mi vista.
3Cuando el hombre se introdujo, los querubines estaban a la derecha del Templo y la nube llenaba el atrio interior. 4Entonces, la gloria del Señor ascendió de los querubines hacia el umbral del Templo. El Templo quedó lleno de la nube y el atrio lleno del fulgor de la gloria del Señor. 5El estruendo de las alas de los querubines llegaba hasta el atrio exterior, como la voz del Omnipotente cuando habla.
6Cuando ordenó al varón vestido de lino que tomara fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él se introdujo y permaneció junto a las ruedas. 7Entonces, uno de los querubines extendió su mano entre los demás querubines, hacia el fuego que había en medio de ellos. Lo tomó y lo puso en las manos del hombre vestido de lino. Éste lo tomó y salió.
8Apareció bajo las alas de los querubines una especie de mano humana. 9Estaba mirando y vi cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda junto a cada querubín. El aspecto de las ruedas era como el brillo del crisólito. 10Las cuatro parecían tener la misma forma, como si cada rueda estuviera dentro de otra. 11Al andar, podían ir en las cuatro direcciones. No se volvían al andar porque avanzaban en la dirección en la que ponían el rostro, sin volverse al andar. 12Todo su cuerpo y su espalda, sus manos, sus alas y sus ruedas, estaban llenas de ojos alrededor. Así en las cuatro ruedas. 13Con mis propios oídos pude escuchar que las ruedas eran llamadas «círculos». 14Cada querubín tenía cuatro rostros: el primero, de querubín; el segundo, de hombre; el tercero, de león; y el cuarto, de águila. 15Se levantaron los querubines y eran los mismos seres animados que yo había visto junto al río Quebar. 16Cuando los querubines andaban, las ruedas andaban junto a ellos. Cuando los querubines desplegaban sus alas para levantarse de la tierra, las ruedas no se apartaban de su lado. 17Cuando se detenían los querubines, se detenían las ruedas y cuando los querubines se levantaban de la tierra, a su par se levantaban las ruedas, pues las animaba el mismo espíritu de vida.
18La gloria del Señor salió desde el umbral del Templo y se detuvo sobre los querubines. 19Los querubines desplegaron sus alas y se levantaron de la tierra, en mi presencia. También las ruedas se levantaron con ellos y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental del Templo del Señor. La gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos en lo más alto. 20Eran los mismos seres animados que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Quebar y comprendí que eran querubines. 21Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas y una especie de mano humana bajo las alas. 22La figura de sus rostros era la misma que yo había visto junto al río Quebar. Cada uno avanzaba de frente.
11Ez1El espíritu me elevó y me trasladó hasta la puerta oriental del Templo del Señor, la que da a levante. A la entrada de la puerta había veinticinco hombres. En medio de ellos vi a Yaazanías, hijo de Azur, y a Pelatías, hijo de Benaías, príncipes del pueblo. 2Y me dijo el Señor:
—Hijo de hombre, éstos son los hombres que traman el mal y dan malos consejos en esta ciudad; 3los que dicen: «¿No ha llegado el momento de edificar casas? Esta ciudad es la olla y nosotros la carne». 4Por eso, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre.
5Entonces el espíritu del Señor vino sobre mí y me ordenó:
—Habla: «Esto dice el Señor: “¡Eso han dicho, casa de Israel! ¡Bien conozco los pensamientos de su corazón! 6Han multiplicado las víctimas en esta ciudad, han llenado sus calles de cadáveres”. 7Por eso, esto dice el Señor Dios: “Las víctimas que han abandonado en medio de la ciudad son la carne y la ciudad es la olla; pero los sacaré de ella. 8Sienten terror por la espada, Yo voy a traerla contra ustedes, dice el Señor. 9Los sacaré de la ciudad, los entregaré en manos de extranjeros y dictaré sentencia contra ustedes. 10Caerán a espada. Dentro de los confines de Israel los juzgaré, y sabrán que Yo soy el Señor. 11La ciudad no será para ustedes la olla, ni ustedes serán la carne en su interior. Dentro de los confines de Israel los juzgaré. 12Y sabrán que Yo soy el Señor, porque no han seguido mis preceptos ni cumplido mis normas, sino que han actuado según las normas de las naciones que los rodean”».
13Y ocurrió que, mientras yo profetizaba, murió Pelatías, hijo de Benaías. Me postré entonces y clamé con una gran voz, diciendo:
14Me fue dirigida entonces la palabra del Señor, diciendo:
15—Hijo de hombre, a tus hermanos, a los deportados contigo y a toda la casa de Israel se dirigen los habitantes de Jerusalén cuando dicen: «¡Se han alejado del Señor! Somos nosotros quienes hemos recibido el país como heredad». 16Por eso, esto dice el Señor Dios: «Aunque los he alejado entre las naciones, aunque los he dispersado por los países, seré para ellos su santuario por poco tiempo en las naciones a las que han ido». 17Por eso, di: «Esto dice el Señor Dios: “Los congregaré de entre las naciones, los reuniré de los países en que están dispersos y les entregaré la tierra de Israel. 18Entrarán en ella y retirarán todos sus ídolos, todas las abominaciones. 19Les daré un solo corazón, derramaré en su interior un espíritu nuevo. Arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, 20para que sigan mis preceptos, guarden mis leyes y las cumplan; serán mi pueblo y Yo seré su Dios. 21Aquellos cuyo corazón siga a los ídolos y a todas sus abominaciones, sobre ellos haré recaer su conducta, oráculo del Señor Dios”».
22Entonces, los querubines alzaron sus alas y con ellos las ruedas, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba, encima de ellos. 23Se elevó la gloria del Señor de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el monte que está al oriente de la ciudad.
24A continuación, el espíritu me arrebató y me trasladó en una visión, en el espíritu de Dios, hasta Caldea, hasta los desterrados. Y se retiró de mí la visión que había visto. 25Yo comuniqué a los deportados todas las palabras que el Señor me había mostrado.
12Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
2—Hijo de hombre, habitas en medio de una casa rebelde. Tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa rebelde. 3Por eso, hijo de hombre, prepárate un equipaje de desterrado y de día, ante sus ojos, parte al destierro. Ante sus ojos partirás al destierro, desde tu lugar a otro lugar. Quizás comprendan, aunque son una casa rebelde. 4Has de sacar tu equipaje, equipaje de desterrado, durante el día, a la vista de todos. Por el contrario, tú saldrás ante ellos por la tarde, como los que salen al destierro. 5A la vista de todos, horada el muro y sal a través de él. 6Cargarás sobre tu espalda el equipaje a la vista de todos y saldrás cuando oscurezca; llevarás velado el rostro y no te volverás para mirar el país. Te he puesto como señal ante la casa de Israel.
7Hice lo que me había ordenado el Señor: saqué de día mi equipaje, equipaje de desterrado. Al atardecer, horadé el muro con la mano y salí cuando oscurecía, cargando mi equipaje a la espalda, a la vista de todos.
8A la mañana siguiente, me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
9—Hijo de hombre: ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esa casa rebelde, qué hacías? 10Contéstales: «Esto dice el Señor Dios: “Este oráculo es por el príncipe de Jerusalén y por toda la casa de Israel que habita en ella”». 11Di: «Yo soy señal para ustedes. Como he hecho, se les hará: irán al destierro y a la cautividad. 12Y el príncipe que está en medio de ellos cargará su equipaje a la espalda, saldrá en la oscuridad y horadarán el muro para sacarlo. Se cubrirá el rostro para no ver el país con sus ojos. 13Extenderé mi red sobre él y quedará preso en ella. Lo llevaré cautivo a Babilonia, al país de los caldeos, pero no la verá y morirá allí. 14Dispersaré a los vientos a cuantos lo rodean, su corte y sus tropas, y desenvainaré la espada tras ellos. 15Y sabrán que Yo soy el Señor cuando estén dispersos entre las naciones y esparcidos entre los pueblos. 16Sin embargo, haré que unos pocos hombres sobrevivan a la espada, al hambre y a la peste para que cuenten todas sus abominaciones a las naciones donde vayan. Y sabrán que Yo soy el Señor».