COMENTARIO
Este oráculo pone de manifiesto la actitud negativa de los oyentes, el talante que debe adoptar el profeta y las características del mensaje. Los oyentes son obstinados en su rechazo de Dios y del profeta (v. 7). Éste ha de ser tenaz y perseverante y ha de mostrar mayor fortaleza que ellos (vv. 8-9). No se trata de vencer su contumacia con mayor contumacia, sino de sacarlos de su rebeldía a fuerza de insistir. El mensaje es vigoroso y apremiante porque viene de Dios mismo. Si el profeta hablara por cuenta propia tendría que apoyar sus afirmaciones en argumentos sólidos, pero como habla en nombre de Dios le basta repetir una y otra vez el mismo estribillo: «Esto dice el Señor» (v. 11): «Estas palabras —dice Orígenes— se me dirigen a mí, se dirigen a cualquiera que quiere ser maestro, para que el temor de Dios sea mayor en nosotros: temblamos, por así decirlo, ante una palabra escrita no por los hombres sino por los ángeles de Dios» (Homiliae in Ezechielem 2,3).