COMENTARIO

 Ez 3,12-15 

Al terminar la visión, la gloria de Dios se aleja con el mismo estruendo y la misma majestad que a su llegada (v. 13). El profeta se queda dolorido y triste, pero con la seguridad de que el Espíritu de Dios le impulsa y le asiste en su difícil misión.

Tel-Abib es una localidad próxima a Babilonia que significa en caldeo «monte de la inundación», en referencia probablemente al río del poema épico de Gilgamés. Allí estaban los deportados, los destinatarios del mensaje. La arqueología no ha encontrado restos de esa ciudad que, desde luego, nada tiene que ver con la Tel-Aviv moderna, que en hebreo significa «monte de la primavera», situada al sudoeste de Jerusalén.

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